Chūya Nakahara: el poeta que miraba a las estrellas y, sin abrazarlas, fruncía el ceño

por Alejandro Sánchez


«Si me preguntan ustedes por qué digo yo “Mil panderos de cristal herían la madrugada”, les diré que los he visto en manos de ángeles y árboles, pero no sabré decir nada más, ni mucho menos explicar su significado. Y está bien que sea así. El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio».

Con estas palabras, Federico García Lorca justificaba en una conferencia la falta de sentido objetivo tras varios de sus versos del Romancero Gitano, propiciados por un impulso más cercano al sentir que al pensar. Resulta refrescante y hasta familiar, por tanto, que en el prólogo de Abrazado a las estrellas, el nuevo poemario de Chūya Nakahara, se describa lo siguiente:

«Decía Chūya Nakahara […] que, para escribir poesía, había que buscar un estado inconsciente de dicha permanente, entendida esta como una suerte de exaltación del alma que libera al poeta de las experiencias y las corrupciones de este mundo y lo transporta a una etapa previa a la adquisición del significado de los significantes».

En 2019 se publicó en acchiKei un humilde artículo sobre la vida y la poesía de este autor, aunque por aquel entonces no había llegado aún a nuestro idioma de forma oficial (adaptado ya al inglés, francés e incluso euskera, pero no así al castellano). El pasado enero, sin embargo, la editorial Satori le puso remedio al fin y nos trajo una selección de sus poemas más importantes, de la misma manera que hiciera hace un par de años con la poeta Kaneko Misuzu y su obra El alma de las flores. El artículo, por lo que fuera, gustó, así que esta podría considerarse una segunda parte del arco en el que rogábamos al aire que nos trajeran a Chūya Nakahara. Ahora que ya está aquí, podemos irnos por otros derroteros de los que hablaremos en un futuro.

Vayan quienes nos lean bajo aviso, pues la copia que se comenta aquí ha sido cedida muy amablemente por la editorial. Esto significa que, aunque hagamos lo posible por realizar una reseña lo más objetiva posible, al final corresponde a nuestro público valorar por su cuenta si el poemario merece los dineros que buenamente se han invertido en su realización. Por ahorrar tiempo, diremos: , rotundamente. A quien le interese por qué, que siga leyendo.

Corre a menudo por las redes aquella frase de Yasunari Kawabata en la que, tras anunciarse que recibiría el Nobel de Literatura, este comenta: «la mitad de mi premio debería ir al traductor por su destreza». Esto es así, se conoce y así ha de ser, al menos en lo que respecta al panorama internacional (sin entrar en que lo internacional esté limitado de forma estricta a la esfera anglófona y demás diatribas derivadas de la globalización).

Por poner un ejemplo reciente,『JR上野駅公園口』de la autora Yū Miri salió allá por 2014 (éramos más felices, a pesar de los mayas), pero no alcanzó la reputación internacional de la que goza ahora hasta los dos últimos años. ¿La razón? En 2019, la editorial británica Tilted Axis Press apostó por esta fantástica novela y se la encomendó a la traductora Morgan Giles.

Quizás os suene el título en su versión inglesa: “Tokyo Ueno Station”. Pues bien, el pasado año 2020, la dupla Miri-Giles ganó el National Book Award de Estados Unidos en la rama de mejor obra de literatura traducida. Tan jubiloso éxito de ventas y galardones ya ha dado pie a que, para este año 2021, se espere la siguiente colaboración de autora y traductora con una obra aún más separada en el tiempo de su original:8月の果て, titulado en inglés “The End of August” y que Yū Miri escribió allá por… 2004.

Ojalá la Tierra se dividiera en dos partes:
una podría ser el mundo de fuera,
en la otra yo me quedaría sentado
bajo la inmensidad azul del cielo.

«Este niño», de Chūya Nakahara (trad. David Taranco)

En el caso que nos ocupa hoy, la traducción de «Abrazado a las estrellas» corre a cargo de David Taranco. Si lo limitáramos a su rol de traductor, sin embargo, le haríamos una enorme injusticia: Taranco no solo se ha encargado de lo que estrictamente corresponde a adaptar los textos, sino que ha hecho también una selección temática de la obra vital de Nakahara, la ha contextualizado en un magnífico prólogo de 20 páginas, se ha adentrado en la teoría tras sus adaptaciones (métricas, patrones, hemistiquios, sangrías y demás fanfarria) y de forma continua, en muchos de los poemas recogidos en el libro, añade notas al pie para recordar el contexto de según qué versos, simbologías o fechas.

Quizá con un ejemplo sea mucho más fácil entender esto.

Hablemos de «yuān yuyōn yuyayuyon». Es un verso estrictamente sonoro que pertenece a su poema サーカス (El circo). Su intención es evocar un vaivén, que bien puede ser de un trapecista, o simplemente de un columpio que se mece. Quien estudie japonés sabrá de la importancia de las onomatopeyas, pues ocupan una parte significativa del vocabulario y en muchas ocasiones no se pueden adaptar de forma equivalente al español (¿lo traducimos como fiiiauuumm? ¿No sería eso, más bien, un coche? O tal vez baaabuuum, aunque bien podría ser el latido de un corazón o una explosión).

He aquí cómo lo adaptó el traductor: «ba lan ce án do se va». Si se lee en alto, hay algo llamativo. Posiblemente, resulte en esto:

Y ya está. O, mejor dicho, Taranco resuelve así el problema sonoro y nos da a la vez lo que evoca, con un recurso propio del lenguaje que nos resulta familiar: la tilde marca de forma muy conveniente el punto de inflexión, y tal como ha venido, el verso cierra como mismo empieza (bava). Este cuidado a cada detalle se mantiene con otros tantos versos y no hay ninguna mentira oculta: este poemario incluye tres versiones de cada verso: en romaji, su original en japonés y la propuesta del traductor. Lo que se ve es lo que hay, a pesar de que se parte de muchas incógnitas: abundan los casos en los que los críticos no saben qué quiere referenciar Nakahara y, como hemos puesto al principio de este artículo, es bastante probable que ni él lo supiera realmente.

Así termino por no ofrecer resistencia y entro en sopor,
con querencia a lo real y sin temer lo mundano,
al no poder olvidar tu amor pensando en lo aciago,
pero morir también es grotesco y pienso: ay, qué dolor, ay, qué dolor.

«La vida», Chūya Nakahara (trad. David Taranco)

Nos gustaría ahondar un poco más, también, en dos tipos de adaptaciones seguidas por Taranco: en primer lugar, (aunque quizá sea más común y pueda resultar en redundante para quien haya disfrutado ya de otros poemarios publicados por Satori): la transliteración de los versos al alfabeto latino. Quien haya tratado con distintos métodos de conversión sabrá que cada casa lo adopta como buenamente quiere, y esto es un auténtico jaleo cambiante y continuo. No es poco común ver que, en la literatura bilingüe, algo tan simple como un そうして se adapte tal que soushite, sooshite o sôshite (con acento circunflejo), y esto es solo con la parte そう de la palabra y sin ahondar en し. Con apenas unas pautas, sin embargo, el traductor consigue que el original transliterado sea legible sin torcer la cara: añade macrones para todas las vocales alargadas, espacios consistentes para palabras, partículas y adjetivos, e incluso sangrías para ajustar las partes que no entran por formato en vez de formar una nueva línea con ellas.

Por otra parte, y esto es lo auténticamente interesante: Taranco se toma licencias y, en ocasiones, ignora las convenciones gramaticales para ello. Así, tenemos estrofas como:

 cuando entro en el hogar
	me sumerjo en su sosiego
ya sea una colina en un atardecer otoñal o el vapor del fuego
		hay algo que me infunde un mareo
		
			en una mansión de otra era
				zas zas bailan las faldas la cuadrilla
				zas zas bailan las faldas la cuadrilla
			algún día, como la cuadrilla, todo llega a su fin       

						«Recuerdo de primavera», página 49.

¡Esto no es así en japonés!

Desde luego que no. Es una traducción, al fin y al cabo. Pero aclaremos qué significa esto:

De entrada, no hay mayúsculas, pero esto no viene dado del original (donde la idea de mayúsculas y minúsculas como tal no existe), sino que es un añadido propio para adaptar otro aspecto del poema: la fluidez del ritmo. En los versos de este poema de Nakahara faltan la puntuación final en los versos y las comas, pero se añaden exclamaciones enfáticas y paréntesis al final de cada verso octavo.

Todo esto, no obstante, se pierde en la versión traducida, a cambio de jugar con el tiempo: esto es, que el único momento del poema en el que se añaden comas es en el último verso, para dar cierto «orden» al caos precedente y servir de nota final. Habrá, también, quien se haya fijado en que aquello que sí se puede adaptar (la estructura de los versos, onomatopeyas) sí se ha añadido como parte fundamental del poema. En resumidas cuentas: licencias, sí, pero con conocimiento de causa y no en un arrebato de superposición del traductor sobre el autor.

Subí a la montaña y sentí el viento
tenía el corazón frío y yerto
el pasado sonreía su tristeza
¿dormía la gente en la ciudad su pereza?

«Un poema en cuatro renglones», de Chūya Nakahara (trad. David Taranco).

Después de la parte más técnica, queremos acabar con algo sencillo. «Abrazado a las estrellas» es un libro más o menos breve en el que se nota mucho el cuidado puesto por Taranco, pero también por la editorial Satori como conjunto: tapa dura, papel de calidad, un diseño de portada precioso de Marco Recuero, un interior agradable a la vista y otras tantas fruslerías que tantos nos gustan a quienes compramos libros para no leerlos después.

Como parte de su Colección poética, Satori se responsabiliza de darnos el contexto necesario para saber quién es Chūya Nakahara, qué contribuyó a la literatura japonesa y por qué debería estar en nuestras estanterías. Con este lanzamiento piloto se responde a dichas cuestiones, aunque queda esperar que a la gente le interesen las respuestas para que podamos ver más textos suyos en nuestro mercado más adelante.

Tal vez lo más divertido de la literatura traducida sea que, incluso si consideramos una adaptación como idónea y que encaje a la perfección, siempre puede venir una nueva voz que consiga fascinarnos de una manera diferente.


Podéis conseguir Abrazado a las estrellas en la página web de Satori Ediciones o en vuestra librería más cercana.

Chūya Nakahara: el poeta japonés maldito que admiró a Rimbaud

“No hay ningún poeta japonés moderno que haya ahondado tanto en las posibilidades sonoras del lenguaje como Nakahara. Fue capaz de representar la genialidad perenne de la sensibilidad nacional, no aferrándose a la tradición literaria clásica ni a la corriente tan kitsch de geishas y árboles de cerezo, sino a través de la esencia misma de sus versos”.

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Un verso de Nakahara, a modo de mural, en el museo dedicado a su persona en Yamaguchi.

Actualización a 08/02/21: Gracias a @dirtysorrow por informarnos de una errata biográfica sobre Nakahara, que ya ha sido corregida.

Shūichi Katō, reputado crítico de literatura japonesa, define así a un poeta maldito que murió con apenas 30 años, que fue conocido por su tremenda irreverencia, su falso desdén a los cánones de la poesía japonesa y su estilo de vida disfuncional. El mundo de la lírica recuerda hoy en día a un hombre que fracasó en casi todos sus intentos de difundir su obra, que fue indolente y cariñoso a la vez con sus relaciones familiares y románticas y que murió entre delirios en la cama de un hospital.

De nuestro poeta se ha dicho mucho y escrito más. De su niñez (1907 en adelante), que el primogénito de los Nakahara estaba muy mimado (cuando hacía algo mal, su padre le llegaba a pegar con un pañuelo, aunque esto era más anecdótico que rutinario). Pero tampoco podía jugar con los demás niños de su edad, así que en su casa se daba una mezcla agotadora de rigor y manga ancha. Nakahara acabó marchándose de este nido excesivamente acogedor a los 17 años para vivir con la actriz Yasuko Hasegawa. Esta relación duró apenas un año, cuando Hasegawa le dejó y empezó a salir con Hideo Kobayashi, amigo de Nakahara y compañero poeta. Esta ruptura marcó un punto de inflexión para Nakahara y en sus memorias escribió: “Me sentí totalmente humillado. A raíz de este incidente, perdí la paz perpetua que conlleva la autocoherencia”.

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Fotografía de un pequeño Chūya y su padre en 1907.

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Nakahara se casaría con Ueno Takako en 1933.

Podríamos hablar largo y tendido sobre la vida de Nakahara: sus relaciones amorosas, sus hijos (legítimos o no), sus amistades y contactos, su actitud enajenante que le apartaría de todo esto… y daría para otro artículo, un prólogo o una tesis doctoral, según la dedicación que requiriera. Me gustaría centrarme, sin embargo, en un aspecto un tanto insólito para un poeta japonés del siglo XX. He aquí lo publicado por Nakahara en vida:

Antologías propias:

  • Yagi no Uta (山羊の歌), 1934
    La primera antología de poemas de Nakahara, que contó con veinte reservas en total y una edición pagada con donativos de su madre.
    44 poemas de entre 1924 y 1930.
  • Arishi Hi no Uta (在りし日の歌), 1938
    La última antología de poemas de Nakahara, con mil copias distribuidas en 1938 (año de su muerte) y veinte mil en 1947.
    58 poemas de entre 1925 y 1937.

Antologías traducidas:

  • Rimbaud jishū: gakkō jidai no toki (ランボオ詩集 学校時代の詩), 1933.
    “Antología de Rimbaud: poesías de su época escolar”.
  • Rimbaud jishō (ランボオ詩抄), 1937.
    “Obras seleccionadas de Rimbaud”.
  • Rimbaud jishū (ランボオ詩集), 1938
    “Antología de poesía de Rimbaud”.

De cinco obras, tres son ajenas y dedicadas a un mismo poeta: Arthur Rimbaud, el pintoresco poeta francés que revolucionó el mundo del verso y lo abandonó con apenas diecinueve años. Nakahara veía en él, junto a Verlaine, al tipo de poeta en el que quería convertirse: llegó a alabar más a Rimbaud sobre Verlaine por su faceta de “romántico”.

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Portada de la edición de New Star Press de Yagi no Uta (山羊の歌) publicada por primera vez en 1934

Arthur Rimbaud y Nakahara: dadaísmo internacional

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El poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891)

Esto de que Nakahara quisiera convertirse en Rimbaud, por cierto, no es una expresión ni una metáfora. Kawakami Tetsutarō decía que “Nakahara caminaba con las manos en los bolsillos de su chaqueta, con un conjunto similar al que llevaba Rimbaud en el retrato de Verlaine: ropa negra y bombín […] Su comportamiento era extraordinario. Yo le escuchaba con una mezcla entre curiosidad, fascinación y disgusto”.

Como hemos visto antes, Nakahara fue uno de los poetas que más se dejó embelesar por los versos de Rimbaud. Tanto es así que optó por traducir varias de sus obras (lo que a su vez es un tema de estudio por la adaptación al japonés de poesía francesa y patatín, patatán). Aquí un ejemplo, para quien tenga curiosidad, con uno de los fragmentos más famosos de Rimbaud:

Arthur Rimbaud Carlos Barbáchano Chuya Nakahara
Versión original en francés Traducción al castellano Traducción al japonés
Ô saisons, ô châteaux
Quelle âme est sans défauts?
Ô saisons, ô châteaux,
J’ai fait la magique étude
Du Bonheur, que nul n’élude.
¡Oh temporadas, oh castillos!
¿Qué alma existe sin defectos?
¡Oh temporadas, oh castillos!
He realizado el mágico estudio
de la dicha, que nadie elude.
季節が流れる、城寨が見える
無疵な魂なぞ 何処にあらう?
季節が流れる、城寨が見える
私の手がけた 幸福の
秘法を誰が脱れ得よう。

“La diferencia más importante entre “la poesía” [europea] y el waka o el haiku es que, aun considerando sus matices distintivos, la poesía da más margen a la repetición, así como a los acrósticos y estribillos”. Esto decía Nakahara tras estudiar la poesía europea (en particular, la francesa) y quedar fascinado por sus recursos polifacéticos. En 1933 publicó su primera antología de poesía traducida de Rimbaud, de la que Shōhei Ōka comentaba que “como traducción es un tanto carente lingüísticamente, pero sabe plasmar el conjunto de la obra mejor que nadie. Presta bastante atención a los vacíos que deja Rimbaud al saltarse palabras. Es una traducción muy dramática”.

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Nakahara Chūya Memorial Museum en Yamaguchi.

El caso es que la versión traducida de Nakahara es, además, un intento muy interesante de aunar lo europeo y lo japonés. Por ejemplo, cuando hace la adaptación de un poema de corte dadaísta, también añade los matices propios de la coda silábica y de ritmo de un poema en japonés. Si nosotros estudiamos un tema y queremos asimilarlo, lo hacemos (normalmente) estructurando la información en diferentes categorías (con esquemas, por ejemplo) y para ello evaluamos qué distingue un apartado de otro. Aunque parezca irrelevante, la interpretación que da Nakahara a estos poemas y cómo los adapta después es un tema necesario para estudiar tanto al propio poeta como a Rimbaud. Pensemos en que, a no ser que seamos políglotas, a menudo nos toparemos con literatura traducida de otros idiomas y, si son clásicos, entrarán en juego diferentes versiones con perspectivas propias. Estos clásicos, a su vez, influenciarán a una nueva generación de escritores que implementarán lo aprendido en sus obras y… bueno, ya me entendéis.

Vamos a hacer, pues, un breve repaso de las traducciones.

Nakahara fuera de Japón

Hace unos años, la Editorial Atalanta lanzó un tomo único de 1624 páginas con toda la obra traducida de Arthur Rimbaud, en edición bilingüe en francés y español, cuya publicación fue financiada por el Ministerio de Cultura, Educación y Deporte. Es una maravilla de libro y un privilegio asociado a pocos poetas: la publicación de absolutamente todo cuanto escriben (poesía o no), en una tarea de cuestión prácticamente arqueológica y que supone un deleite para el lector que admira al poeta recopilado: entiendes la obra en su conjunto y también al autor. ¿Quieres todo lo que ha escrito Rimbaud? Aquí tienes el tomo, que pesa como un recién nacido y dan las mismas ganas de besarle el lomo.

¿Quieres todo lo que ha publicado Nakahara? Porque en Japón también se ha llevado a cabo esta misma labor arqueológica; esta excavación de todo cuanto el autor publicó en vida, sea en revistas, en correspondencia o en borradores. De hecho, la obra total de Nakahara ocupó seis volúmenes cuando se hizo un intento de compilación de su obras completas allá por 1967.

Esto es lo que se ha publicado en España:

  • Yoshida, H. (2017) Chuya Nakahara Antologia (Editorial SUSA): 64 páginas en euskera.

Esto es lo que se ha publicado en inglés:

  • Beville, R. (2002) Poems of the Goat: Yagi no Uta (Amer Book Co.): 77 páginas, descatalogado.
  • Beville, R. (2005) Poems of Days Past: Arishi Hi no Uta (The American Book Company): 83 páginas, descatalogado.
  • Mackintosh, P; Sugiyama, M. (1995, re.2017) The Poems of Chūya Nakahara (Gracewing): 150 páginas.

Y… ya está. Aunque los trabajos de Beville son ediciones bilingües, también son parte de una serie planeada de tres libros cuya última entrega no se ha publicado aún a día de hoy. También está el detalle de que ambos libros están descatalogados en plataformas-imperio como Amazon o Bookdepository, aunque el traductor dijo en sus redes a principios de este año que lanzaría una versión reeditada y mejorada del volumen de 2002. La obra traducida más accesible de Nakahara, la antología de Mackintosh y Sugiyama, solo trae la versión en inglés y lo hace de una forma un tanto descuidada, sin cronologías o argumentos para explicar los poemas escogidos.

La gran disparidad de ambas versiones también se explica de la siguiente forma: Nakahara tiene dos vías poéticas, la sonora y la significativa. Conservar ambas es un trabajo que muy pocos traductores pueden hacer, y los trabajos de Beville y Mackintosh/Sugiyama son, al fin y al cabo, licencias fundamentadas en teorías. Pongamos otra muestra, esta vez de un poema extraído de Arishi Hi no Uta (Poems of Days Past):

六月の雨

またひとしきり 午前の雨が
菖蒲のいろの みどりいろ
眼うるめる 面長き女
たちあらはれて 消えてゆく

Y sus dos versiones traducidas:

Ry Beville  Paul Mackintosh / Maki Sugiyama

June Rain

June Rain

Again this morning spells of rain
A striking woman eyes awash
With iris hues of deep marine
Appears and then begins to vanish
Again for some time,  morning rain;
Iris-coloured,     green;
Eyes moist,     a long faced woman
Appears    and vanishes.

Está claro que Ry Beville elige mantener la idea narrativa a costa de la métrica, mientras que en la versión de Mackintosh/Sugiyama se mantiene el mismo patrón, pero queda una escena más difusa y críptica. En tan solo dos versiones vemos que existe una polarización notable, pero, ¿se ha tenido en cuenta el gusto por lo dadaísta de Nakahara? ¿Es más imperativo en el poeta lo que cuenta, o cómo lo cuenta? El debate de contenido y forma no es nuevo: sirva el ejemplo de Jun’ichiro Tanizaki y Ryūnosuke Akutagawa, escritores de renombre del Japón del siglo XX (mucho más que eso, pero por cuestiones de brevedad lo dejaremos así), que ya tenían debates acalorados sobre cuál de los dos elementos era más relevante en una historia.

Nakahara es un autor de relevancia notable en Japón (véase la cita del principio del artículo) y un componente necesario para entender la poesía del siglo XX. No tener la oportunidad de leer y estudiar su obra a través de medios más cercanos supone tener una parte de historia inaccesible para quien no disponga de los recursos necesarios para su disfrute (a saber: conocimiento del idioma, conocimiento literario, economía, etc). La literatura japonesa en español está dando pasos importantes gracias a editoriales como Satori, Quaterni, Impedimenta y demás, pero aún queda un trecho por recorrer y solo queda esperar que se haga con pasos tan cuidados como hasta ahora.

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Pequeño homenaje en el © BOOKCAFE&BAR Zikkai de Ginza en Tokio

Japón y los atletas hāfu: sobre la gloria y quién se apropia de ella

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Hace casi un año ya, en septiembre de 2018, Naomi Osaka participó en una rueda de prensa que tuvo lugar en Tokio. La tenista acababa de ganar ni más ni menos que el US Open en una final reñida pero polémica contra la legendaria Serena Williams. La nueva sensación en el mundo del tenis acaparaba todas las miradas del público y todo el mundo quería saber cómo se sentía: era la primera campeona japonesa de un Grand Slam. Ya entrada la rueda de prensa, un periodista japonés le pregunta:

—En un artículo se comenta que su actuación y sus éxitos evocan los atributos tradicionales de un japonés. ¿Qué opina sobre esos comentarios y qué opina usted en lo que respecta a su propia identidad?

Osaka se sorprende cuando le traducen la pregunta.

—¿En cuanto a tenis? —contesta ella en inglés.
—No solo en cuanto a tenis, sino más bien en general. Los japoneses que han vivido en Japón tienen un determinado contexto cultural, pero no es su caso, dada su trayectoria y sus orígenes. Al contar con un sistema de valores diferentes, me gustaría saber su opinión respecto a su identidad y…
—… ¿Eso es una pregunta?

Osaka no está ofendida por la intervención del periodista, pero sí que se la ve perpleja. Tras intercambiar un par de palabras con su intérprete, contesta:

—Antes que nada, arigatō gozaimasu. La verdad es que no pienso mucho en mi identidad. Para mí, soy quien soy y soy como me han criado. No sé, la gente me dice que me comporto de forma un tanto japonesa, así que supongo que tengo eso… Pero aparte… creo que mi tenis no es muy japonés…

Tras la intervención del intérprete en japonés, el periodista se aventura a hacer otra pregunta, pero le cortan en seco: “Ya es suficiente”.

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La tenista japonesa Naomi Osaka. Fotografía por © Chantal Anderson

La tenista está, ahora, en el segundo puesto del ránking mundial de la ATP. Pero también fue la primera jugadora asiática en llegar al número uno, que se dice pronto. Un logro histórico que aún no se ha visto en la categoría masculina, en la que Kei Nishikori (posiblemente el mejor tenista japonés de la historia) ha llegado al 4to puesto como récord personal. Osaka es ahora mismo la representante y la vanguardia de Japón en tenis a nivel mundial con apenas 21 años.

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Sin embargo, Osaka también cuenta con una peculiaridad que Nishikori no tiene: su doble nacionalidad japonesa-estadounidense. Porque sí, su madre es japonesa, pero su padre es de Haití. ¿Qué tiene que ver Haití con Estados Unidos? Normalmente no mucho, pero cuando tenía tres años su familia se mudó a Nueva York y fue allí donde comenzó su interés por el tenis. Es, también, la razón por la que habla inglés y chapurrea el japonés. Cuando cumpla 22 años, se espera que Osaka tome una decisión en cuanto a su doble nacionalidad: puede renunciar a la japonesa, a la estadounidense, o puede colarse en un vacío legal y mantener ambas. Eso sí, sea cual sea la decisión, seguro que dará mucho que hablar en ambos lados de la pista.

Debito Arudou, del periódico The Japan Times, dice que cuando alguien con “raíces japonesas” triunfa, desde Japón se les reclama como japoneses. Y acuña un término para ello: Nippon-claiming, o “atribuir sus hazañas a su identidad japonesa”. Si no triunfan, el concepto es otro con un nombre parecido, pero un significado opuesto: Nippon-blaming. ¿Pero estamos realmente ante una cuestión tan bipolar, tan excesivamente superficial y sin escalas de gris?

Kuni Miyake, también de The Japan Times, dice lo siguiente sobre Osaka:

“[…] He aquí una característica de los japoneses. Puedo notar la diferencia. Modestia, educación, honestidad y humildad. Con estos atributos representa de verdad Osaka a Japón, aunque aún siga intentando hablar su idioma materno de forma fluida. El mundo del tenis está repleto de campeonas arrogantes, egoístas y estrictas, pero Osaka no es como ellas.”

Miyake también hace referencia a la necesidad de Japón de adoptar el sistema de doble ciudadanía, ya que se arriesga a perder a deportistas con el talento de Osaka si fuerza su elección entre un país u otro. Sorprende, por cierto, la distinción de Osaka del resto de tenistas profesionales por su “modestia, educación, honestidad y humildad”, rasgos que la autora afirma como característicos de los japoneses.

Pero, ¿es Osaka fruto de tantos debates porque es la excepción a la norma? ¿O existen otros deportistas destacados con doble nacionalidad o, al menos, padres con diferentes nacionalidades? Pues sí. Es más: varios atletas que suponen una revolución deportiva a nivel nacional tienen esto mismo en común.

  • Louis/Rui Hachimura, de madre japonesa y de padre beninés. Quizá el caso más popular junto a Osaka. Juega al baloncesto, tiene 21 años y es el primer jugador japonés en ser drafteado para jugar en la NBA (en el puesto número 9, además).
  • Abdul Hakim Sani Brown, de madre japonesa y de padre ghanés. Con tan solo 20 años, es el atleta que alberga actualmente el récord de los 100 metros lisos en Japón: 9.97 segundos.
  • Louis Okoye / Rui Okoe, de madre japonesa y de padre nigeriano. Tiene 21 años y juega en Japón como jardinero (una posición de béisbol) para los Tohoku Rakuten Golden Eagles de la Nippon Professional Baseball.
  • Airi Miyabe, de madre japonesa y de padre nigeriano. Tiene 20 años y entró a formar parte de la selección japonesa de voleibol con tan solo 16 tras ganar el campeonato nacional de institutos.

Todos estos deportistas son, o atletas que marcan tendencia en su deporte, o bien referentes para un público más joven. Y es que no son, ni mucho menos, los únicos atletas interraciales que hay en Japón, pero cada vez representan de forma más visible a una minoría que genera admiración y debate a partes iguales. Pero, ¿cómo han vivido eso de ser hāfu en Japón?

Rui Hachimura habló hace casi un año con Bleacher Report, un medio estadounidense, sobre su experiencia como jugador de baloncesto en un instituto japonés. Hachimura, que había llegado a ser campeón a nivel nacional con este instituto, decía: “Era duro ir a otras partes del país porque no sabían quién era. Me miraban como si fuera un p*to animal o algo así… Fue parte del motivo por el que quería venir a EE.UU.: aquí todo el mundo es diferente y supuse que me vendría bien un entorno así”. También añade: “Me gustó marcharme de Japón. La gente no sabe nada sobre mí aquí, me miran como si fuera una persona negra más. Me sentí de maravilla. Ahora soy un poco más famoso, pero la primera vez que vine aquí, fue algo que me encantó”.

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Rui Hachimura

Aun así, Rui Hachimura representa a la selección japonesa de baloncesto y se ha erigido como su imagen más popular. Hace apenas unos días ha firmado un contrato con Nissin, la compañía japonesa de fideos instantáneos que, junto a Uniqlo, son santo de devoción de cualquier universitario de clase trabajadora. Nissin patrocina tanto a tenistas como Kei Nishikori, Yosuke Watanuki o Naomi Osaka (a quien blanqueó en uno de sus anuncios, pero eso es harina de otro costal), como a eventos deportivos como las mismísimas Olimpiadas de Tokio de 2020.

Además, no todo son penurias para Hachimura con respecto a su país natal: aunque reconoce que ha sufrido comentarios racistas por su color de piel a lo largo de toda su vida, también está orgulloso de su doble identidad como japonés y beninés: Sabe que hay niños con una mitad africana y otra mitad japonesa que le ven y siguen sus hazañas en el mundo del deporte. Hachimura quiere erigirse como un referente para todos aquellos niños y niñas que, al igual que él, han sufrido y sufren racismo, discriminación y problemas de identidad en su día a día.

Por último, resulta apropiado citar aquí un tuit de la periodista Shoko Egawa de 2018, redactado durante los Juegos Olímpicos de Pieonchang. Este tuit es una crítica dirigida a los comentaristas japoneses durante su retransmisión de la final de patinaje artístico:

“Comentaristas, no digáis “¡Japón es maravilloso!”, sino “¡(Yuzuru) Hanyu es maravilloso! ¡(Shōma) Uno es maravilloso!”.