El viaje de Jun Chihara. De oficinista a tatuador en Barcelona

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Instagram de Jun Chihara.

Jun Chihara es un tatuador japonés con base de operaciones en Barcelona. Pero esto no siempre fue así. Hace siete años, Jun era un sarariiman más. Un chico trajeado que iba a su puesto de trabajo y volvía rendido a casa tras una dura jornada de oficina. Sin embargo, todo se torcería. O no. En cualquier caso, el destino decidió cambiar radicalmente su vida. Una mañana se enteraría de que su empresa se encontraba en la quiebra y que la vida que llevaba hasta ese entonces se había esfumado. Jun aprovechó ese momento de crisis para cambiar de rumbo y dedicarse a un trabajo más creativo y manual, a algo que le apetecía mucho más que las interminables hojas de cálculo, los aburridos procesadores de texto y las exigencias de sus jefes. Además, tenía muy claro que quería salir de Japón y conocer culturas de otros lugares del mundo. Tomó un mapa y a ciegas señaló un lugar. Su dedo fue a parar en la península ibérica y escogió Barcelona como su nueva ciudad.

Cuando llegó a Barcelona le fascinó la forma tan abierta con la que las personas mostraban sus tatuajes y empezó a brotar en él un interés creciente por este arte. En algún momento, casi sin darse cuenta, decidió dedicarse a este mundo del tatuaje y llamó a la puerta de varios estudios. Uno de ellos, llamado Void Barcelona, le acogió y allí encontró gente dispuesta a formarle. A día de hoy, el bueno de Jun, forma parte de la plantilla oficial del estudio y continúa trabajando allí.

Tras una temporada de aprendizaje empezó a viajar para tatuar por todo el mundo. Así, Chihara, pudo hacer contactos, conocer a muchas personas y traer a su estilo influencias de otras culturas. La personalidad de los tatuajes de Jun es de alguna forma reflejo de todo el aprendizaje y vivencia que este tatuador japonés ha recogido viajando alrededor del mundo.

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Cuando llegó a Barcelona le fascinó la forma tan abierta con la que las personas mostraban sus tatuajes y empezó a brotar en él un interés creciente por este arte.

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En cuanto a su estilo de dibujo, nos cuenta que intenta no dejarse llevar por otros tatuadores de referencia ni tendencias actuales o modas. Lo que le gusta es consultar libros antiguos de arte, robar ideas del pasado y probar a aplicarlas en sus diseños. Si uno se detiene a observar la iconografía de los tatuajes de Jun Chihara, se topará con una curiosa mezcla de elementos muy puramente japoneses que han sido combinados con otros de culturas distintas como la coreana o la azteca

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Para Jun el tatuaje es una forma de conocer a personas distintas y a distintas personas. A culturas distintas y a distintas culturas. Un medio que le permite abrirse al mundo y conocerlo y creando de esta forma piezas que conectan a culturas opuestas y/o lejanas en un mismo espacio.

Últimamente Jun compagina sus trabajos como tatuador con nuevos proyectos. Recientemente ha comenzado a atreverse con la pintura mural y sus encargos no hacen más que crecer. Por mencionar algunos, si vais al restaurante Fujitaka de Badalona o al Mikasa en Barcelona, podréis encontrar piezas suyas en las paredes del interior de ambos locales.

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Instagram de Jun Chihara.
Void Barcelona.
Restaurantes Fujitaka y Mikasa.

© Fotografías realizadas por Nelson Núñez y Pancho de León.

Hablamos con la artista Maya Nukumizu. Superheroínas en un mundo de violencia y psicodelia

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Maya Nukumizu es una artista plástica nacida en Kioto en 1982. Su arte oscila entre una psicodelia pop muy particular que bebe directamente de la estética manga bishojo. Nukumizu retrata a menudo la figura de las chicas adolescentes en la sociedad actual, donde son hipersexualizadas. La artista crea un propio universo que, marcado por la guerra y la violencia, es salvado por heroínas que luchan contra personajes malvados y villanos. Aunque su universo es una creación propia, Nukumizu insiste en que no es tan diferente del mundo en el que vivimos. El horror de la guerra puede brotar en cualquier momento y cualquier lugar, por lo que no conviene olvidar los errores del pasado.
Es discípula del célebre pintor Keiichi Tanaami (1936, Tokio), considerado pionero del pop art en Japón. De él ha aprendido todo lo que hay que saber del arte. Sin embargo, Maya Nukumizu también tiene formación en el campo del diseño y la publicidad. Ha ejercido como profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y ha realizado exposiciones de sus obras también fuera de Japón. Marcas reconocidas internacionalmente han comenzado a fijarse en sus obras y en los últimos tiempos ha realizado trabajos con Adidas, al igual que su maestro Keiichi Tanaami, quien tiene una línea de ropa con dicha marca.

Comenzamos…

¿Cómo fue tu primer contacto con el arte? Tu estilo es muy particular, ¿podrías decirnos de dónde viene? ¿Cómo lo definirías?

M.N.: Mi padre era escultor y por eso teníamos un taller en casa. Para mí, desde pequeña, era habitual el ir a ver exposiciones y museos junto a mi familia. También crecí en un barrio de Kioto, alejado del centro, donde vivían y se reunían artistas de la ciudad. Podría decir que antes de saber lo que era el arte, este ya estaba en mi vida.
Cerca de mi casa, en nuestro barrio, también había una fábrica donde se hacían figuras de series de animación para parques de atracciones. En esta fábrica, los trabajadores leían muchos mangas y luego los dejaban tirados por allí… Yo los iba a buscar a la basura y leerlos en plan ninja. A escondidas. Junto con otros niños del barrio nos colábamos en la fábrica cuando ya no estaban los trabajadores. Lo recuerdo como si fuese hoy y con mucho cariño. Allí descubrí los impactantes mangas de Kazuo Umezu. Por aquel tiempo, cuando estaba en primaria también descubrí el famoso manga shojo Sailor Moon. Era lo más popular del momento y yo, por supuesto, estaba completamente enganchada. En resumen, si hay algo que describe mi infancia es que la pasé con la cabeza metida en los mangas.
Al final de la primaria, todos los niños de la clase tuvimos que escribir lo que queríamos ser de mayores. En mi caso lo tenía muy claro: quería ser artista. Pero no un artista que hiciera cosas clásicas y complicadas. Quería utilizar el estilo sencillo del manga y hacer arte con este.
Ya en secundaria, me pasaba el día copiando los mangas que me gustaban, mejorando mi dibujo. Fue por aquella época cuando decidí que algún día dibujaría mi propio manga. Sin embargo, para hacer un buen manga hace falta una buena historia y una buena estructura, cosa que no se me daba nada bien. Así que decidí abandonar mi sueño de convertirme en mangaka y dedicarme simplemente a dibujar.
Otro de mis mangas favoritos, y que más tiempo pasaba dibujando, era Rurouni Kenshin. Practicaba todos los días, copiando sus dibujos en mi cuaderno. Por alguna razón, me había obsesionado con la forma en la que el mangaka dibujaba los ojos a sus personajes.
Aún hoy no sé por qué tenía esa necesidad tan fuerte de dibujar pero, recuerdo esa energía como si fuese un primer amor, que nunca se olvida. Creo que el origen del deseo de convertirme en artista, proviene de aquellos momentos. He querido crear nuevas formas de expresión, utilizando un estilo manga dentro de mi arte, como cuando estaba en primaria y escribí en la escuela cual era mi sueño de futuro.

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Una de las principales temáticas que trabajas es la de la sexualización de la mujer, representada de una forma muy psicodélica y surrealista.

M.N.: Me considero una persona tímida, algo impaciente e insegura. Siempre he odiado esa parte de mí, esa debilidad. Sin embargo, cuando dibujo o pinto, siento que me vuelvo más fuerte y que nada puede afectarme… Entonces es cuando Marguerite viene a mi mente. Marguerite es un personaje que un día apareció en mi cabeza y materialicé sobre el papel. Marguerite siempre acude a mi rescate para protegerme de todas esas emociones negativas, como si de una superheroína se tratase. Es solo un personaje que inventé pero, por algún motivo, me inspira y me da fuerzas.
Cosas horribles ocurren en el mundo a diario y siento que mi opinión sobre estas depende de aquello que leo en internet y redes sociales. Internet está muy saturado y es un verdadero mar de información. A veces es un lugar divertido. Otras veces, aterrador. Y aquí en este país donde vivo, Japón, Internet es muy poderoso y sofocante. No hay forma de huir de él. Los problemas que tiene la mujer en la sociedad son evidenciados también en internet y están constantemente presentes, por lo que tampoco supone un lugar relajado ni de tregua para nosotras. En internet, como mujer, siempre tengo la sensación de que estar expuesta a los ojos y juicios ajenos y me temo mucho que hay más mujeres a las que le pasa lo mismo.
Parece que no queda otra en esta sociedad en la que vivimos.
Hay muchas de mis obras que representan luchas de personajes femeninos contra supervillanos y monstruos. Es una forma de combatir esta ansiedad e inseguridad mías y quiero que también pueda servir e inspirar fortaleza a otras mujeres en el mundo.

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Marguerite es un personaje recurrente de Maya Nukumizu y suele aparecer cubierta en una sábana y con una aureola sobre su cabeza

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Al igual que tu maestro, el famoso pintor Keiichi Tanaami, trabajas la psicodelia en las composiciones e introducción de elementos y figuras. ¿Estos elementos tienen un significado concreto dentro de tu universo particular?

M.N.: Al maestro Keiichi Tanaami lo conocí por primera vez durante tercero de carrera en un seminario y desde entonces hemos mantenido una gran relación de amistad. No solo es el artista que más ha influenciado mi obra, sino también el maestro al que le debo todo lo que soy ahora. Si no le hubiese llegado a conocer habría terminado convirtiéndome en otra cosa y no en artista. Cada vez que miro las pinturas de Tanaami sensei siento como si estas me hubieran visto crecer y yo hubiese aprendido todo lo que sé de ellas. Definitivamente, su influencia en mi es muy importante.

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Keiichi Tanaami y Maya Nukumizu

La verdad es que no siento que mi obra se enmarque dentro de lo psicodélico. Por ejemplo, cuando uso los rayos de sol que aparecen en la famosa bandera imperial japonesa, lo que intento hacer es entretejer conceptos. ¿Por qué? Por que aunque hoy en día, Japón es un país pacífico y pacifista, adolece una crisis existencial a consecuencia de su pasado. Las tensiones políticas actuales, internas y externas, tampoco ayudan y hacen temer que se desate una nueva guerra. Empleo en mis obras esta bandera como forma de advertir que se trata de un riesgo real y que ciertas conductas que vemos en la actualidad presentan reminiscencias de este fatídico pasado.
Por otro lado, mis personajes están muy influenciados por el estilo del manga, con sus líneas expresivas y el trazo muy marcado. Como he dicho antes, el estilo particular del manga es para mí una herramienta esencial en la creación de mis piezas.
Al mismo tiempo, cuando pienso en cómo tiene que ser la composición de una obra concreta, creo que es cuando sale mi parte de diseñadora profesional. Lo primero que piensa la gente al ver alguna de mis piezas, es que pretendo hacer un juego de equilibrio y contrastes entre colores claros y oscuros. Lo cierto es que a nivel visual se trata precisamente de conseguir eso. Quiero hacer obras que causen impacto en el espectador, que pongan a funcionar sus cerebros y que no sean fácilmente olvidables.
Para mi, hay belleza en ese impacto.

Esta intencionalidad es, por supuesto, también influencia de Tanaami sensei, de quien de alguna manera he heredado su forma de entender el arte y la belleza que hay en este. La verdad, es que por este tipo de cosas, puedo llegar a entender por qué mi obra se considera psicodélica.

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La influencia del manga es evidente en los personajes que representas en tus trabajos. ¿Cuánto influye el manga en tu obra? ¿Tienes algún manga favorito?

M.N.: Influye muchísimo. Cómo he comentado, desde mi infancia mi manga favorito ha sido Sailor Moon. Es un manga conocido en todo el mundo y que marcó una época, como pudo ser Wonder Woman en Estados Unidos. Además, en el caso de Sailor Moon, la protagonista no es la típica heroína que solo se dedica a hacer el bien, sino que tiene un marcado carácter japonés y es muy humana. Es una chica un poco debilucha y torpe, que además se enamora del chico guay de turno. Por lo general, es una chica normal, con un día a día aburrido y ordinario, hasta que se topa con los malos y saca todo su valor y fuerza para combatirlos. Diría que este gusto por los personajes con tanta personalidad y contrastes me viene desde pequeña.
Otros mangas que me gustan y son muy importantes para mí podrían ser, por ejemplo, 14 años 「14歳」de Kazuo Umezu, Mi nombre es Shingo「わたしは真悟」 de Junji Ito o cualquiera de las historias de Suehiro Maruo. Por lo general, me encantan los mangas de terror que son capaces de mezclar lo bello y lo extraño.

 

Si tuvieras que elegir una obra tuya, ¿con cuál te quedarías?.

M.N.: Sin dudarlo me quedaría con mi obra titulada Yellow twins head bomb. Si te fijas, esta obra busca representar la reprochable actitud de algunos países que, con el objetivo de ganar fuerza en tiempos de guerra, son capaces de transformar en una herramienta y en un arma, hasta a una indefensa y vulnerable niña. En cualquier época de la historia y por un sin fin de motivos, los seres humanos siempre hemos cometido el error de buscar excusas para entrar en guerra y hacer atrocidades.
Además, en esta obra, he intentado retratar cómo me sentiría y el horror que experimentaría si estuviese viviendo una guerra de primera mano… (Aunque puede que esta ya haya empezado).

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Has sido profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y realizas trabajos en el mundo de la publicidad. ¿Cómo es tu experiencia en este campo? ¿Qué ámbito te gusta más?

M.N.: Es una alegría completamente distinta el poder trabajar en publicidad y en multimedia, más allá de los trabajos de pintura en exposiciones y ferias de arte.
Si tu trabajo aparece en la portada de un disco o en la cubierta de un libro llegará a muchas más personas que podrán conocer tu arte. Es una forma de conectar con personas a las que de otra forma no esperarías poder llegar.
La verdad es que nunca he querido quedarme estancada en un solo ámbito. Prefiero no decidirme por ninguno ni ponerme limitaciones.

¿Tienes algún proyecto actual o futuro?

M.N.: El pasado agosto se celebró el SUMMER SONIC 2019, un festival de rock de Tokio. El festival contaba en su programa con SONICART, una iniciativa que daba espacio al arte y me invitaron a hacer un live painting allí.
Próximamente, del 20 al 29 de septiembre, estaré en el espacio 3331 Arts Chiyoda, en Akihabara, para la celebración de WAVE 2019, una exposición colectiva en la participo,
Otros proyectos, están relacionados con la animación. En bastantes ocasiones me invitan países extranjeros como Suiza o Reino Unido, donde he participado en festivales de producción audiovisual. De hecho, justo ahora estoy trabajando en un proyecto de este tipo y me gustaría seguir profundizando en este campo… y en muchos otros.

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Maya Nukumizu posa junto con su live painting en el festival SUMMER SONIC 2019 de Tokio.

Puedes seguir a Maya Nukumizu en su sitio web, Twitter o Instagram.

Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.

Acompaña a Mari Ito por “El jardín de los deseos del Japón contemporáneo”

Zaragoza acoge en la sala de exposiciones del Torreón Fortea una exposición de la artista japonesa Mari Ito, titulada “El jardín de los deseos del Japón contemporáneo”, que podrá verse hasta el próximo 23 de junio.

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El origen del deseo (nacimiento de los orígenes del deseo), 2019 Pigmentos, cola nikawa y papel japonés oguniwashi, 140 x 280

Mari Ito nace en 1980 en la ciudad de Tokio. En el año 2003 comienza sus estudios en Joshibi Daigaku, trasladándose en 2006 a Barcelona para continuar sus estudios en la Facultad de Bellas Artes. A pesar de que la artista ya había realizado exposiciones individuales y colectivas en su país de origen, es en esta ciudad donde se abre camino entre los circuitos artísticos: primero en la ciudad condal, más tarde en el resto de la península y posteriormente en París, Suiza, Estambul, Hong Kong, Singapur, Miami, Nueva York o Canadá. Desde el año 2011 expone en la galería japonesa Zeit Foto Salon, una de las más renombradas en el panorama artístico internacional.

El título de la muestra nos invita a pasear por uno de los espacios más representativos del país del sol naciente, como lo son los jardines. Asimismo, nos propone un viaje hacia el interior, no solamente del artista, sino del pueblo japonés contemporáneo” – afirma Alejandra Rodríguez, comisaria de la exposición.

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Mi origen del deseo, 2018 Pigmentos, cola nikawa, papel japonés, tinta china 33 x 41

En las obras de Mari Ito existe una temática con una larga tradición en la Historia del Arte y un fuerte arraigo en el arte japonés, como son las composiciones florales. Para la comisaria de la exposición, Mari Ito “recurre a la representación del nacimiento de flores (reales o inventadas), para expresar aquellas pulsiones innatas que existen y se manifiestan en cada uno de nosotros. Se sirve de estas `flores¿ para exteriorizar determinados deseos y emociones que, en algunos entornos, como puede ser el japonés, tienden a ser reprimidos en ambientes públicos”.

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El origen del deseo (nacimiento de los orígenes del deseo), 2019 Pigmentos, cola nikawa y papel japonés oguniwashi, 140 x 280
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Origen del deseo (deseos malos), 2012 Pigmentos, cola nikawa, papel japonés, tinta china y pan de oro,155 x 135

Como complemento a la exposición, se han programado distintas actividades didácticas, como son una visita a la exposición y un taller con Mari Ito al final de dicha visita, para conocer el proceso creativo de la artista japonesa. Destinada a público en general (mayores de 12 años), la actividad se realizará el día 10 de mayo, a las 18,00 horas, y el día 11 de mayo, a las 11,30 horas.  El aforo es limitado (máximo 15 personas) y la entrada es libre, por lo que hay que hacer la reserva previa en la recepción de la sala de exposiciones del Torreón Fortea, o en el teléfono 976 724200 y marcar la extensión 804401.

“El jardín de los deseos del Japón contemporáneo”

COMISARIA: Alejandra Rodríguez Cunchillos

FECHAS: 11 de abril al 23 de junio de 2019. 

LUGAR: Sala de exposiciones Torreón Fortea de Zaragoza.

Más información aquí.

Sitio web personal de Mari Ito.

Gracias a Alejandra Rodríguez por cedernos amablemente la información.

 

La cruda crítica social del pintor japonés Tetsuya Ishida llega a Madrid

Ayer se inauguró Autorretrato de otros en el Palacio de Velázquez que alberga el madrileño Parque del Retiro. Se trata de la primera retrospectiva, a través de 70 piezas, dedicada a la obra y figura de Tetsuya Ishida, quién falleció el 23 de mayo de 2005 con solo 32 años en lo que se sospecha que fue un suicidio. Su obra fue prolífica y su vida de una total dedicación y obsesión por la pintura. Graduado en la Universidad de Bellas Artes de Tokyo, cuentan que prefería gastar sus ingresos en comprar materiales y utensilios de pinturas que en comida para él mismo. Sus amigos y conocidos decían de él que tenía un carácter ciertamente introvertido y que se encontraba oscuramente atraído por la idea del suicidio.

Reconocible por su pintada plástica y su dibujo naif con cierta influencia de la estética manga, lo es aún más por las temáticas controvertidas que trabajaba en sus lienzos. Ishida se crió en un Japón al que el capitalismo y la especulación le robó una década entera y que deshizo finalmente el milagro económico que desde los 60 venía experimentando el país.  El joven Tetsuya Ishida viviría los años centrales de su vida, y su también su madurez como pintor, en esta década de los 90 en Japón, que más tarde será conocida como la Década Perdida. Sin duda, esto  marcaría sus pinturas que siempre hablan directa o transversalmente sobre esta situación. En comparación con la generación japonesa anterior, la cual bailaba al ritmo de city pop, bebiendo las noches y disfrutando de ser una juventud adinerada, la generación de Ishida nació y vivió inserta en una atmósfera pesimista y escéptica que confiaba poco en sus representantes políticos. Ishida en los 90 continuó con la tradición crítica que otros artistas japoneses como Aida Makoto habían iniciado para luchar contra el cruel sistema que les había negado lo que sus padres habían conseguido.

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En sus trabajos nos muestra su preocupación social, haciendo hincapié en el análisis de la realidad de la clase obrera. Dichos acercamientos a estas temáticas lo hacen universal y por muy japonés que fuese sus mensajes son universales, e incluso nos atreveríamos a decir que atemporales. Ishida, ahora que ya no está, goza de más celebridad que en ninguna otra etapa de su vida gracias a que sus obras han aparecido en las redes sociales modernas removiendo conciencias, haciendo a la gente a reflexionar y creando polémicas que por la gran profundidad del mensaje han ido más allá que la propia figura del pintor.

Como Aida Makoto y toda una generación posterior de artistas japoneses harían, Ishida fue crítico con los nuevos intentos de rearme militar que han tentado al Partido Liberal Democrático de Japón en las últimas décadas. Asuntos aún más comunes en la obra de Tetsuya Ishida lo son algunos tan crudos y actuales como la explotación laboral, que va de la mano de la producción masiva y la esclavitud y que resultan a su vez en la necesidad de promover un consumo exacerbado. Pone también de manifiesto el lado oscuro de los avances tecnológicos y presta atención a los defectos de un perverso sistema educativo japonés que procura la eliminación del ego en pos de un mayor control social. También se detiene a reflexionar sobre la soledad cada vez mayor que sufren millones de japoneses en las grandes ciudades y en cómo las personas son apiladas en gigantes bloques sin alma llenos de apartamentos, conocidos como danchi.

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Atrevido, sin tapujos, directo, no hay tatemae en Ishida, quien fue todo honne y pura garra. Recuerda al célebre maestro del eroguro-nansensu Shintaro Kago en la imagen grotesca y mutada que nos presenta del ser humano. Hombres hibridados con máquinas, mutilados o alienados en situaciones inesperadas y sorprendentes, pero en ninguno de los casos queriendo jugar a la elipsis y siempre mostrándonos platos fuertes e incómodos, que lo son aún más por la reflexión que por lo que explicitan. Tan inmorales como la sociedad misma.

Cabe mencionar que con motivo de la exposición se publicará un catálogo que incluirá las obras que se muestran en la exposición, así como comentarios de su comisaria Teresa Velázquez y otros autores como Noi Sawarag, Tamiki Sato, Kuniichi Uno o de Isamu Hirabayashi, cineasta y quien fuese un buen amigo íntimo de Ishida.

Tetsuya Ishida. Autorretrato de otro

FECHAS: 11 de abril de 2019 – 8 de septiembre de 2019
LUGAR: Palacio de Velázquez. Parque del Retiro
ORGANIZACIÓN: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
COMISARIADO: Teresa Velázquez
COORDINACIÓN: Suset Sánchez

Más información aquí.

Licuando colegialas. ¿Quién es Makoto Aida? Padre de una generación de artistas

Makoto Aida, nacido en Niigata en 1954 y ganador del galardón de Maestro de la Universidad de Bellas Artes de Tokyo, es bien conocido en Japón por sus pinturas y grandes murales, que manifiestan tabús y problemas patentes en la sociedad japonesa tanto rural como urbana. La temática que abarca Aida es amplia y va desde el ero guro hasta el tratamiento de los sucesos acontecidos en la Segunda Guerra Mundial. Ha conseguido también gran popularidad gracias a sus videos, fotografías y performances en las que con gran polémica encarna a personajes reales, como pueden ser Shinzo Abe u Osama bin Laden. Este artista multidisciplinar es reconocido como uno de los más importantes en la historia de Japón y es padre de una generación de artistas que le han seguido sin dudar por considerar que, más allá de su gran técnica, Makoto Aida es el artista que mejor representa la idiosincrasia del mundo actual, y que además es el más divertido y excéntrico del panorama japonés.

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Es considerado un artista radical e incluso se han realizado peticiones para que no se exhiban algunos de sus trabajos. Este es el caso de Inu Ningen 《犬人間》 (Perros Humanos), un buen ejemplo de ero guro, es decir, una representación de complejos y deseos que, por lo general, separamos de lo “humano” y  que no suelen manifestarse abiertamente y menos ser representados. En estas series de pinturas podemos encontrar cierta parodia en el uso de características propiamente japonesas, como la importancia de las distintas estaciones. Así combina un estilo macabro con elementos tradicionales de la representación simbólica japonesa, como podría ser la caída de los pétalos de sakura, lo cual nos situaría en primavera.

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Inu (tsuki) (1996)

Entre otras polémicas en las que se ha visto envuelto Aida, él mismo destaca la crítica de los grupos feministas, quienes critican el hecho de que el autor tan solo retrata a mujeres adolescentes. En su obra de 2001 Jûsaa Mikisaa《ジューサーミキサー》 (Licuadora) retrató a mujeres jóvenes siendo trituradas en una licuadora.

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Jûsaa Mikisaa (2001) Acrílico sobre lienzo, 2,9 m x 2,1 m. 

En relación a esta crítica por su supuesta fijación con las chicas adolescentes, asegura que además de por su simplicidad a la hora de dibujarlas, es una simple cuestión de gusto y preferencia. Sin embargo también se trata de una manifestación de la condición general en la que se encuentra la sociedad japonesa actual. El artista relaciona los conceptos de masculinidad y feminidad con el Japón imperialista y militarista por un lado, y el Japón durante la ocupación americana (1945-52) respectivamente. Es muy interesante el símil que realiza entre la mujer y el Japón de la ocupación: las adolescentes en sus pinturas son violadas y mutiladas, algunas muestran intenciones suicidas y otras tan solo aparecen como perversión para con la figura del hombre. Se trata por tanto de un tratamiento personal del trauma de la guerra, de las consecuencias de las vejaciones sexuales y del lamentable constructo sexual que recae sobre la identidad femenina y que el Japón contemporáneo ha heredado de aquel tiempo.

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Mimi-chan o Edible artificial girls (2001)

También fue criticado el sexismo reflejado en Haiiro no Yama《灰色の山》 (Montañas de color ceniza, 2009-2011), donde tan solo aparecen hombres asalariados en traje y ninguna mujer, dando lugar a malinterpretaciones o ideas arcaicas como la de que las mujeres no tienen este tipo capacidad de trabajo fuera de la casa. si bien podríamos interpretarlo como que nos está mostrando la realidad: aún no existe igualdad de género en lo referido mundo laboral. Aun así, según el artista declara él no pinta “realidades para determinar lo correcto del mundo” y en cualquier caso también está buscando expresar la incomprensión que siente por la sociedad y modos de vida actuales. Aida ha mencionado en más de una ocasión que es incapaz de imaginarse a sí mismo convertido en un oficinista o saraariman サラリーマン.

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Haiiro no Yama (2009-2011) Acrílico sobre lienzo, 3 x 7 metros
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Detalle de Haiiro no Yama (2009-2011)

A pesar de la controversia que levantan sus pinturas, en Japón existe una gran producción de material de temática similar, tanto en manga y anime, como en circuitos artísticos más prestigiosos, que sería el caso de Aida. Makoto Aida considera que lo importante a la hora de elaborar sus pinturas es crear lo oportuno, lo que la sociedad requiere en un momento determinado, como declara en la conferencia TED de Tokio. En dicha conferencia se muestra explica su visión artística propia resaltando en un cartel la palabra tekitô 適当, expresión japonesa que usualmente se emplea para expresar “lo apropiado” o “lo adecuado”, pero que posee otros significados ambiguos y contrapuestos como aleatorio, irregular o “lo natural”.

Muchas de sus obras muestran una clara influencia del manga y el anime, de acuerdo con su aspiración cuando era un niño de convertirse en mangaka. No es raro encontrar gran cantidad de representaciones eróticas, de muy distintos gustos, en estos géneros. Sin duda este rasgo de la subcultura otaku hace que las obras de Aida tengan cabida aquí y disfruten de gran aceptación y popularidad en estos círculos.

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Mutant Hanako (2005)

Un ejemplo de esta influencia lo vemos en su único manga publicado, Mutant Hanako (1998). Aida lo pensó como un simple panfleto para repartir en una de sus exposiciones,  lo cual puede inferirse observando el estilo de su dibujo, sin embargo ha acabado convirtiéndose en un manga de culto y en 2005 se lanzó una versión más larga y a color. Se trata de un manga ambientado en la Segunda Guerra Mundial, que funciona como una alegoría distópica sobre la globalización, la explotación, la energía nuclear y la locura humana. 

Más allá de las polémicas, su figura como artista es importante e imprescindible como “padre” de parte de las nuevas generaciones de artistas japoneses. Ejemplo de esto es su periodo como maestro (2001-2004) al cargo de la Escuela de Arte en Jinbôchô, la cual tiene sus orígenes en las vanguardias de los años 60 del siglo XX. Algunos de los artistas que participaron de esta época fueron radicales tanto en la concepción y forma de entender el arte, como en las consecuencias y mensajes de sus obras. Ejemplo de ello encontramos a artistas como Akasegawa Gempei o Natsuyuki Nakanishi, quienes fundaron en 1969 la academia de arte Bigakko 美学校 como alternativa a Tōkyō Geijutsu Daigaku 東京藝術大学 (Universidad de Arte de Tokio) estableciendo desde ese momento dos líneas de estudios y práctica del arte en Tokio: por un lado Tokyo Geidai, elitista y privilegiada; y por otro la Bigakko, alternativa y experimental, que contaba con artistas voluntarios como profesores. Makoto Aida es considerado también el maestro y mentor del cada vez más reconocido colectivo artivista Chim↑Pom, del cual ya os hemos hablado alguna vez en acchiKei.

Actualmente está trabajando en un nuevo proyecto: a partir del 17 de marzo de 2019 se llevará a cabo una exhibición titulada “Heroes and People in Japanese Contemporary Art” en el Museo Prefectural de Arte de Hyogo en Kobe. Uno de los pilares fundamentales de la exhibición es la reflexión sobre el concepto de héroe. La exhibición busca cuestionar esta figura que priori disfruta de gran aceptación y que se encuentra inserta en la psique de una sociedad que no reflexiona sobre la misma.

Makoto Aida presenta aquí uno de los platos fuertes de la exhibición con una escultura de siete metros de altura que representa a un esquelético y fantasmagórico soldado japonés que flota por la habitación del museo señalando con su huesuda mano el edificio de la Dieta Nacional de Japón. Esta pieza constituye la quinta entrega de su polémica serie de obras conocida como Monument for Nothing y supone la crítica personal de Aida al lamentable estado físico y mental de los supuestos héroes que lucharon por el país durante la Segunda Guerra Mundial.

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