Tokio clubbing, pero es 2020…

— Escrito por James Suarez. Trad.: José Fernández

Fotografías por © James Suarez

El año iba a ser 2020. Todo apuntaba a ello… y aún más después haber hospedado con éxito la Rugby World Cup. Tokio parecía más que lista y preparada para recibir y orquestar este verano uno de los eventos deportivos más grandes e importantes del mundo: las Olimpiadas de 2020. Las infraestructuras necesarias estaban listas y en su sitio. Todo en orden y bien colocadito. Se habían hecho los ajustes necesarios. Incluso el gobierno japonés había modificado su calendario de festivos nacionales para adaptarse bien a las fechas durante las que iba a transcurrir el evento. Hasta se habían modificado y aprobado algunas leyes… como lo de fumar en espacios cerrados, que se había prohibido para evitar problemas con la esperada entrada masiva de turistas procedentes de todo el mundo. Entonces viene lo jodido. Una pandemia global aparece y propina al ocio nocturno, con el más potente de sus ganchos, una hostia de las que a uno le cuesta recuperarse.

Tras el encierro el verano se acabó, llevándose por delante, entre otras cosas más importantes, a las famosas Olimpiadas… Pero, ¿qué ha pasado con la fiesta? ¿cómo está siendo el resurgir de la vida nocturna tokiota y la escena clubbing en la capital?

Tokio, agosto de 2020

Junio. Parece que ha pasado una eternidad. El gobierno japonés levantó el estado de emergencia y empezó aflojar con los negocios considerados como no esenciales. La vida urbanita comenzaba a recuperarse. Sin embargo, no salí por ahí de fiesta hasta julio. No pisé un club hasta mediados de ese mes y las fotos que veis aquí las he hecho desde entonces hasta ahora.

Tokio, agosto de 2020

Las discotecas y los bares, aunque con menos ruido y humo del habitual, volvieron a acoger en sus suelos pegajosos a clientes sedientos de alcohol y ritmos electrónicos. Eso sí, bajo medidas estrictas en las que no faltaban controles de temperaturas y maniobras de desinfección. A veces incluso te solicitaban proporcionar datos personales de contacto para advertirte en caso de que se confirmase que algún otro asistente había dado positivo… por covid-19. No me voy a meter en cómo de eficaces eran los métodos que vi. No sabría decir, pero si participando y haciendo lo que me pedían iba a significar más seguridad y que los negocios podrían estar abiertos y no arruinarse, estaba totalmente dispuesto a colaborar en tales procedimientos.

Tokio, agosto de 2020

Para muchos, el mantener la mascarilla mientras se pilla un pedo es prácticamente imposible. Algunos clubes de la ciudad disponían de atentos guardianes (aka. personal de seguridad) que iban a asegurarse de que los fiesteros se colocaran de vuelta la mascarilla sobre sus rostros… inmediatamente después de cada trago a sus respectivas bebidas. Sorbo, mascarilla, sorbo, mascarilla. Pero la noche avanza y la peña cada vez está más borracha. Y la gente borracha se ve que es menos autoconsciente y olvidadiza, por lo que a veces se les olvidaba lo de la mascarilla después de cada ración de vodka (aka. sake). La mitad de las veces terminaba con la escena típica de un grupo de amigos en los que unos pocos gritan a los otros, haciéndose oír como pueden por encima de la música a toda hostia , que se pusieran la mascarilla.

Tokio, julio de 2020

Es verdad que algunos asistentes a estos clubes optan por no usar protección en absoluto. Mascarillas, me refiero. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, poco a poco parece que ha ido calando el mensaje de que la mascarilla va sobre la cara y no sobre otras partes de sus cuerpos.

Tokio, agosto de 2020
Tokio, agosto de 2020

Las multitudes que veo en los clubes nocturnos parecen pertenecer al club privilegiado de ser jóvenes. Personas que, en principio, son más fuertes y resistentes ante esta enfermedad del covid-19. Por otro lado, lo cierto es que todos los garitos y clubes a los que he asistido este verano en Tokio siempre tenían limitación de aforo, básico para evitar que se petaran, y que corriese el aire, procurando la mayor ventilación posible.

Tokio, julio de 2020

Todavía es difícil decir cuál será el futuro que depara a la escena clubbing de Tokio. Siguen siendo momentos extraños y se viven situaciones ambiguas. Lo que yo veo es que las calles cada vez están más ajetreadas a cada fin de semana que pasa y que el ritmo frenético vuelve a ser precisamente eso. Vamos, que los garitos vuelven a estar a tope. Sin embargo, no hay cura del virus a la vista. No sabemos cuándo aparecerá o si es que lo hará pero, una cosa está clara, la “nueva normalidad” ya existe en los clubes de la capital, de esta forma tan peculiar como esperable. Sé que hay muchos países repartidos por el planeta que aún siguen confinados. Lo sé y por eso estoy agradecido de poder estar viviendo la incomodez de la nueva noche de Tokio, por que sea más relevante o menos para el futuro de la humanidad o incluso para la economía global, representa los intentos que estamos haciendo todos por seguir bailando, por seguir adelante. Por mantener la escena viva.

Tokio, agosto de 2020

Ah, y recuerda que, si estás buscando aventuras de alcohol y desenfreno romántico, la monogamía, en estos momentos, es la mejor opción…

Tokio, agosto de 2020

Y llevar mascarilla no tiene porque no haceros sentir fabulosos…

Tokio, agosto de 2020

¡Tampoco el distanciamiento social debería impediros bailar… pero separados, eh!

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online!

Crónicas fotográficas del Tokiovid-19

r0040540-1A estas alturas, ya es más que obvio que el koronauirusu コロナウイルス (covid-19) es algo que de una forma u otra está afectando a todo el mundo. Es imposible que Japón, vecino de China y país del cual procede un 40% de su turismo (aportando nada más y nada menos que 1,8 trillones de yenes en 2019) quedase al margen de todo esto. En consecuencia de las medidas de confinamiento se vive una atmósfera extraña en muchos lugares y ciudades del mundo. También en Tokio. Soy James Suarez, miembro de acchiKei y fotógrafo afincado en Tokio, y me gustaría contaros un poco sobre cómo se está viviendo (y como estoy viviendo yo) la pandemia en la capital de Japón, a través de los ojos de alguien que patea las calles haciendo fotos.

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Shinjuku, marzo 2020

Cuando comenzaron a hacerse públicos los primeros casos de coronavirus en Japón, automáticamente un pensamiento común vino a la cabeza de muchas personas: ¿qué va a pasar con las Olimpiadas de Tokyo 2020? Resido en la ciudad y todo el rato, desde el principio, la sensación que tenía era la misma: el gobierno japonés estaba tomando medidas para proteger y salvaguardar este evento. En un primer momento, los casos de contagio en Japón eran muy bajos, mínimos. Japón se alzaba como uno de los países con mejores cifras en el mundo. En ese momento, estoy seguro que muchos os preguntaríais… “¿Cómo demonios están siendo capaces de contener el virus?”

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Shibuya, marzo 2020

Muchas personas creyeron que la causa de esto se debía al habitual uso de mascarillas y el gran control de higiene de los japoneses. Muchas investigaciones relacionadas con el Covid-19 afirman que llevar mascarilla no impide que te contagies, pero sí que puede evitar que contagies a otras personas. Ya sabéis, la empatía japonesa y el respeto hacia los demás.

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Shibuya, abril 2020

Otras personas creyeron que la razón residía en que el gobierno estaba haciendo muy pocos tests, con el propósito de seguir adelante con los las Olimpiadas que iban a celebrarse este verano. Cancelar el evento suponía una situación aún más perjudicial a situación económica actual del país y Abe no iba a pasar por ese aro.

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Shibuya, marzo 2020

Cualquiera que fuera la razón, una vez que las Olimpiadas fueron pospuestas definitivamente, el número de contagiados por coronavirus en Japón subió como la espuma de una Asahi recién abierta y el Primer Ministro Shinzo Abe declaró el kokka-hijou-jitai 国家非常事態… el Estado de Emergencia.

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Shinjuku, finales de marzo 2020
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Shibuya finales de marzo 2020

Sin embargo, Abe refutó enérgicamente el término lockdown, y todo léxico cercano o derivado, mientras que todos los países hablaban en términos de “bloqueo”, “cierre” o “confinamiento”. Abe no quería que la gente se quedase en casa y la economía sufriese las consecuencias. Por ello, no se impidió ir a trabajar, pero sí se pidió a los ciudadanos no salir durante los fines de semana y que estos volvieran a casa después del trabajo, en lugar de salir por las noches a tomar algo. (Fue jodido tener que quedarme en casa y no poder salir durante la temporada de cerezos en flor a darme una vuelta por ahí y disfrutarlos).

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Shibuya, marzo 2020

Estas medidas en pos de mantener la economía en movimiento, fueron vistas como poco éticas y, preocupados por su salud y seguridad, fueron criticadas por la mayoría ciudadanos. Sin embargo, el gobierno hizo oídos sordos y en estos momentos Japón es uno de los países menos restrictivos en cuanto a medidas de confinamiento.

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Akihabara, abril, 2020

Para la mayoría de los salarymen y las office workers/ladies (también conocidas por las siglas OL, como les gusta poner en su perfil de Tinder), su rutina ha seguido igual, aunque eso sí, con los trenes bastante más vacíos que de costumbre. En los vagones, todos los pasajeros visten su mascarilla correspondiente. Todo el mundo las lleva, a pesar de que había falta de stock y que era difícil encontrarlas en muchas tiendas. Quizás, si tu paciencia gaijin te lo permite, podías conseguirlas en tu droguería de confianza, después de esperar unas cuantas horas en una ordenada línea. Luego había que tener suerte de que hubiesen recibido un cargamento de mascarillas y… entonces podías comprar una.

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Línea de tren Chuo, abril, 2020

Los tokiotas han hecho lo posible por respetar la distancia social en los vagones de tren. Esto no siempre se ha conseguido ya que, al fin y al cabo, el vagón permite la capacidad que permite, pero mi experiencia es que todos han hecho por guardar suficiente distancia los unos de los otros. 

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Parque Yoyogi, mayo 2020

He realizado algún pequeño “viaje” al parque Yoyogi en los últimos meses, y me lo he encontrado más concurrido de lo que podía imaginar. Sin restricciones en cuanto al número de veces que puedes salir de casa (a diferencia de otros países) y con la mayoría de bares y tiendas cerradas, este parque es un caramelito para que amigos y familiares puedan disfrutar de un día primaveral.

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Parque Yoyogi, mayo 2020

El parque Yoyogi, no solo un lugar ideal para pasear durante una pandemia, también un buen sitio para echar una buena e íntima cabezadita.

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Ginza, abril 2020

Los típicos sitios donde ir a comprar ropa y que siempre están a rebosar, como Ginza, han estado muy vacíos estos días. Este pobre hombre sin hogar es uno de los pocos testigos que podemos encontrar en la avenida comercial de Ginza. Por una vez, él es el dueño de la calle.

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Una niña se cae de boca al ver que el reloj de la cuenta atrás para las Olimpiadas 2020 ahora marca fecha objetivo 2021. Estación de Tokio, abril 2020

La Estación de Tokio es otro más de los lugares de las ciudad que más gente reúne. Ahora parece más bien una estación fantasma.

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Takeshita-dori, Harajuku, abril 2020

La famosa calle comercial de Takeshita-dori en Harajuku también ha estado muy tranquila. La mayoría de stands de crepes y batidos con tapioca están cerrados. Aún así encontramos algún sitio abierto, por lo que es momento de dar un relajado paseo y comprar alguna cosa típica y digna del turisteo por Tokio.

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Una tienda pop-up vendiendo mascarillas en Ueno, abril 2020

Según pasa el tiempo parece que todo empieza a volver a la normalidad. Vuelve a haber mascarillas disponibles, los casos de contagios son pocos y la gente en general se siente confiada para salir a la calle.

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Estación de Shinjuku, mayo 2020

Durante los últimos meses he vivido Tokio de una forma muy diferente. Es difícil de explicar pero, la atmósfera en la ciudad ha sido bastante extraña e inusual. Al principio no teníamos ni idea de qué pasaba o de si íbamos a estar en alguna forma de confinamiento.  La gente seguía haciendo vida normal, saliendo en las vacaciones de Golden Week y muchos a ver los cerezos en flor.

Cosas tales como las mascarillas, el papel higiénico, el ramen instantáneo… o la harina para tortitas, han estado agotados durante todo este tiempo. Ahora algunos de estos productos comienzan a estar disponibles (No la harina para tortitas. Sigo esperando poder hacer tortitas algún día…tsk). A estas alturas, y como en muchas partes del mundo, ya comienzan a abrir cada vez más de aquellos locales que un día tuvieron que cerrar. También muchas empresas a las que pilló completamente desprevenidas esta situación ya se han ido paulatinamente adaptando a las necesidades del teletrabajo.

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Una anciana durmiendo en su puesto de trabajo en un comercio de Akihabara, abril 2020

Muchas cosas están pasando en Japón durante esta pandemia… lo del incentivo de 100.000 yenes… lo de las polémicas Abe-no-masks. Yo no he recibido ninguna de las dos cosas, así que, aún, no puedo opinar.

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Un salaryman corriendo para llegar a tiempo al tren. Oshiage, marzo 2020

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online! r0033073r0040878r0040182

La tercera edad en Japón. Espacios públicos como espejo de resiliencia y resistencia

Si eras fan del abuelo de Heidi, agárrate que vienen curvas

En los últimos años no paramos de oír cómo las economías desarrolladas son cada vez más viejas. Falta gente joven, y los que hay tampoco parecen caernos muy bien. Hoy nos gustaría hablar de la gente mayor y para ello te proponemos un breve recorrido sobre multiplicidad con la que los ciudadanos japoneses de la tercera edad hacen frente de manera colectiva a su realidad social. Para ello, nos aproximaremos a este sector de la población a través de las personas sin hogar, de modo que podamos comprender mejor el papel que desempeña la tercera edad en base a su elevado grado de actividad sociopolítica en entornos urbanos contemporáneos.
Tokio fue su patio de recreo durante su juventud, y ahora se ha convertido en un entorno de confrontación y solitud. Una ciudad pionera en destinar avenidas al disfrute de las personas una vez a la semana y cuyo eco hace tiempo que dejó de resonar.

Fotografía de portada por © James Suarez, miembro de acchiKei.com.

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© James Suarez

¿Cómo? ¿Que por qué debería importarnos esto?

Después de 2011, Japón comenzó a intensificar notablemente sus esfuerzos para reivindicar su poder económico en el mercado global y mostrarse ante el mundo como un país más atractivo y «guay» (Choo, 2012, 83). El estallido de la burbuja en 1991 dio paso a una recesión económica con repercusiones que todavía permanecen vigentes en la actualidad: incremento en los niveles de desempleo, reestructuraciones corporativas, inestabilidad y precariedad laboral, etc. Esto, a su vez, facilitó un cambio estructural en el modelo de bienestar nipón: matrimonios tardíos, descenso de la de natalidad, un mayor número de suicidios [1] y de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza (Takanami, 2010: 11-16), e incluso un ascenso de la criminalidad en la tercera edad (Hu, 2016). Todo ello, inevitablemente, sustenta la materialización de patologías profundamente arraigadas en las sociedades posindustriales, tales como la soledad, el estrés o la depresión.

En 2018, 36 millones de japoneses tenían 65 años de edad o más. Es decir, el 28% de la población y el 13% de la fuerza de trabajo (Statistics Bureau of Japan, 2019). Consecuentemente, y en vista de la insuficiente mano de obra, el estado japonés muestra dificultades a la hora de proporcionar la cantidad y calidad de cuidados que sus mayores requieren. Asimismo, cabe tener presente el hecho de que muchos ancianos se enfrentan a una pobreza inminente y, esta línea, la Financial Services Agency sugirió en un informe de 2019 que la pareja media de jubilados japoneses deberá ahorrar hasta 20 millones de yenes antes de cumplir 70 años para compensar el déficit en el sistema público de pensiones (Sugiyama, 2019).

A todas luces, la tercera edad representa un grupo clave en el panorama sociopolítico y económico que se desarrolla a medida que el amparo del estado del bienestar japonés se debilita. En este proceso aparecen diferentes dinámicas en los espacios urbanos con las que se hace frente a las dificultades colectivas propias de su generación. Aunque en todas las fiestas hay ginebra, no todos la beben con tónica (el pecado puede estar en todas partes). Y es que, aunque las personas mayores se organizan de manera muy diversa en las calles, solo queremos llamar tu atención sobre cómo dichas actuaciones responden a una dinámica dual entre la resiliencia y la resistencia.

No hablamos de palabras para tatuarnos, sino de la obediencia y desobediencia civil entendidas como una dicotomía que actúa conjunta y sistemáticamente a modo de altavoz y punta de lanza para la tercera edad. Si tenemos que lidiar con un problema, podremos enfadarnos, contenernos, pelear, etc. Como imaginar esto a gran escala y en un contexto sociocultural japonés es algo complicado, sigue leyendo para que no tengas que imaginarte nada.

Resiliencia

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© James Suarez
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© James Suarez
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© James Suarez
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© James Suarez

El estallido de la burbuja a principios de los años noventa trajo consigo un aumento repentino en el número de personas que perdían su hogar. Tras haberse asentado como una superpotencia económica, las autoridades japonesas se mostraron pasivas ante la situación y reaccionaron con lentitud y negligencia. Precisamente esto fue, en gran parte, determinante a la hora de configurar el fuerte estigma que todavía hoy rodea a las personas sin hogar, sumado a las fuertes concepciones culturales en torno al trabajo que predominaban en el Japón de la burbuja. El gobierno únicamente intervino tras recibir presiones desde múltiples frentes y organizaciones sociales (McKirdy, 2019), momento en el que se decidió legislar para garantizar a las personas sin hogar ayuda en la búsqueda de empleo y vivienda, además de permitir su acceso al sistema sanitario.

Estas medidas consiguieron aliviar levemente la situació, pero la problemática no ha desaparecido. De hecho, Advocacy and Research Centre for Homelessness (ARCH) asegura que el número de personas en los 23 distritos de la ciudad de Tokio que vive en la calle ascendía a 2060 en el año 2019; una cifra 2,8 veces mayor a la que muestran los datos facilitados por el Gobierno Metropolitano (Endo, 2020).[2]

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© nhk.or.jp

En vista de los inminentes Juegos Olímpicos, se puso en marcha un plan de acción para ayudar a las personas sin hogar a encontrar trabajo y abandonar la calle. Sin embargo, se han denunciado casos de coacción en los que se instaba a personas sin un hogar al abandono de parques y riberas con el objetivo de no dañar la imagen de la ciudad (NHK, 2019). Sin ir más lejos, en 2016 se procedió a desalojar un parque cerca del que sería el nuevo Estadio Nacional (Kageyama, 2020) sin proporcionar alternativas habitacionales a los perjudicados. De hecho, no resulta complicado encontrar espacios públicos en los que se han instalado señales que prohíben la pernoctación y colocado conos disuasorios en las inmediaciones para disuadir a cualquiera que pretenda dejar sus pertenencias.

El prototipo de persona sin un hogar fijo a menudo ha estado vinculado con aquellas que se ven afectadas por la economía. Sin embargo, el prototipo real se acerca mucho más a personas en especial situación de vulnerabilidad como pueden ser discapacitados y personas con patologías mentales, aunque también a la tercera edad. En un informe publicado en 2017 por el Ministerio de Salud, Empleo y Bienestar se mostraba que un 42,8% de las personas sin hogar en Japón tenían más de 65 años, situando la edad media en 61,5 años (Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, 2017).

Es posible que esta problemática sea perceptiblemente menos acusada en Japón que en otras economías desarrolladas. Se ha sugerido que, en parte, esto podría estar relacionado con un sentimiento de vergüenza: muchas personas sin hogar se sienten avergonzadas y desean guardar las apariencias e intentan mezclarse con la multitud (cuando su economía lo permite) y apartándose discretamente en parques, autopistas, puentes, etc.

Por increíble que parezca la mendicidad está prohibida por ley en Japón, si bien su baja incidencia reside en los sentimientos de los que hablamos. Inaba Tsuyoshi[3] afirma que, tras haber trabajado durante varias décadas, muchas personas sin hogar tienen problemas para verse a sí mismos lejos de la imagen de trabajador. La imposibilidad de continuar aportando a la sociedad facilita favorece que la mendicidad sea percibida como un acto que genera vergüenza en las víctimas y rechazo por parte del grueso de la población. Ya sabes, esas personas que entienden la indigencia como una elección personal (como elegir Pepsi en lugar de Coca-Cola). Incluso si piden dinero, continúa Tsuyoshi, es poco probable que haya demasiada gente que decida colaborar (McKirdy, 2019).

Solicitar alguna de las ayudas sociales disponibles también está conceptualizado negativamente tanto entre los solicitantes potenciales como entre la opinión pública. De hecho, no solo es su existencia ampliamente desconocida por sus posibles beneficiarios, sino que se han registrado casos en los que se confunde a los solicitantes para persuadirlos y evitar que efectúen la solicitud.

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Activistas de edad avanzada apoyando a los protestantes de Hong Kong frente al centro comercial Odakyu en Shinjuku. Octubre de 2019 (© Guillermo T).

Asimismo, las ayudas solo están disponibles para aquellos que puedan demostrar con suficiencia que ninguno de sus parientes puede prestarles respaldo económico, de modo que aquellos con dificultades para costearse su propia vivienda prefieren no exponerse y evitar sentimientos de pudor o causar molestias a sus familias. Es un hecho que la pérdida de contacto con sus familiares es un rasgo característico entre las personas sin hogar, pero es algo todavía más acusado entre la tercera edad. La soledad y el aislamiento se entienden, así, como problemas generacionales además de económicos.

Muchas personas de edad avanzada (pero con buena salud) comenzaron a prestar servicios comunitarios en sus lugares de residencia y barrio. Acciones como el reparto de alimentos o la participación en patrullas nocturnas han ayudado a la hora de gestar un sentimiento de responsabilidad social y colectividad. De esta forma se establecen redes sociales a partir de problemas eminentemente generacionales que son enfrentados desde la colectividad y alejados de la acción individual(ista).

Resistencia

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© James Suarez

Las acciones (o inacciones) de muchas de las personas mayores con frecuencia nacen de la ansiedad y temor por acabar viviendo en la calle. Por ejemplo, los índices de criminalidad nos permiten saber que la proporción de crímenes cometidos por personas mayores de 65 años han aumentado de forma consistente durante los últimos 20 años (BBC, 2019). La razón más evidente está relacionada con el riesgo de pobreza en este sector de la población y el creciente distanciamiento entre ricos y pobres (REF GINI).

Al igual que en España, en Japón es muy poco común que nietos y abuelos convivan bajo un mismo techo. Esto también puede entenderse como un marcador de relevancia para el tema que nos ocupa. La transición del sistema multigeneracional, en el cual los hijos cuidaban de sus padres, hacia uno más nuclear (por tanto, «privado») tuvo un especial impacto entre las personas mayores residentes en áreas rurales. La ausencia de oportunidades en las menos pobladas fomentó el éxodo hacia ciudades más grandes entre los jóvenes, abandonando sus hogares y eliminando de la ecuación la figura del cuidador intrafamiliar e intergeneracional. Dicho esto, el envejecimiento de la población ha conseguido que este cambio tenga a día de hoy mayor peso en entornos urbanos.

La pobreza económica y social ayudan a que las personas de edad avanzada se puedan configurar como un agente de resistencia de carácter colectivista. Quebrantar la ley representa la punta del iceberg del problema, haciendo las veces de advertencia para la incipiente cantidad de ciudadanos que se aproximan a esta franja de edad. Aunque quizá pueda resultar obvio, Michael Newman sugiere que resultaría mucho más ventajoso cuidar de los ancianos directamente y evitar gastos derivados de juicios y encarcelaciones (BBC,2019). Sin embargo, las políticas del gobierno no parecen tener pretensiones que vayan mucho más allá del encubrimiento, dejando entrever que su escasa acción tiene su razón de ser en el miedo a que la imagen pública de la ciudad se vea perjudicada y, por consiguiente, la de sus gobernantes.

Evocando las hordas de señores ataviados con traje y corbata que pueden avistarse en una calurosa mañana de julio cualquiera, parece razonable argumentar que la visión cultural que rodea la actividad laboral en Japón es uno de los factores que toman parte en la conformación de los cimientos de las interacciones de la tercera edad con sus vecindarios y barrios a la hora de afrontar sus casuísticas. En este contexto, aproximarse al grado de implicación y participación política en personas de edad avanzada comprende un enfoque productivo para acceder a la sociedad nipona en términos más globales.

En retrospectiva, y al igual que sucedió en otros países, la generación del baby boom (nacida a finales de los años 40) lideró los movimientos estudiantiles de los años 60 y diversas revueltas sociales[4]. Estas personas, pertenecientes a la conocida como generación Dankai, son a día de hoy miembros de la tercera edad. Las necesidades de esta generación, probablemente la más combativa y políticamente activa desde la IIGM, han cambiado drásticamente de la mano del estancamiento de la economía y la transición demográfica; si bien su substrato ideológico permanece hasta cierto punto uniforme[5].

A menudo protagonizan acciones políticas para presionar al gobierno y que se destinen más recursos económicos y sociales al bienestar de los jubilados. Por otra parte, Yasuo Takao explica que la población japonesa envejece a mayor velocidad en áreas urbanas frente a las zonas rurales, justo al contrario de lo que sucedía hace unas décadas. Esto radica en el éxodo rural del que hablábamos previamente y que tuvo lugar en los años 60 y principios de los 70. Para responder a esto, la política actual de subsidios que ha estado aplicando el gobierno japonés se concentra en zonas urbanas, ajustándose a la creciente demanda de servicios de atención social en las ciudades, aunque sus costes hayan venido incrementándose en las áreas más pobladas y con mayor densidad de población (862-63).

Ahora que llevamos un rato hablando sobre el tema, permíteme poner sobre la mesa la existencia de una transición en las dinámicas de movilización sociopolítica y de convivencia social de un modelo basado en el parentesco y la acción vecinal (chien-ketsuen) hacia el llamado voluntarismo inclusivo (2007). Son muchas las organizaciones que ayudan a definir la línea que siguen estos procesos de acción grupal. Siguiendo nuevamente a Yasuo, podemos mencionar la Nihon Kōreisha Seikatsu Kyōdō Kumiai Rengōkai (Japan Older Persons’ Co-operative Union), que facilita a los ciudadanos de edad avanzada la participación social desde una perspectiva eminentemente inclusiva; la Nihon Sekando Raifu Kyokai (Japan Association of Second-Life Service o JASS Club), una organización que proporciona asistencia a los trabajadores que se retiran/jubilan de una compañía por medio de una red de contactos corporativa; o la Yokusuru Josei no Kai (Women’s Association for Better Aging Society), que ha contribuido ampliamente a desarrollar políticas públicas para la tercera edad desde una perspectiva centrada en la mujer.

Por su parte, en el ámbito electoral, se estima que la tercera edad representará el 33% de los electores para 2025 y el 40% para 2050 a raíz del envejecimiento de la población. Consecuentemente, su capacidad para ejercer presiones políticas y sociales crecerá a medida que la población envejezca (Yasuo, 2009, 855) y su rol en el mapa político nacional será más contundente. Además, si comparamos con generaciones anteriores, las áreas urbanas cuentan con un mayor número proporcional de votantes de la tercera edad propiciado por la buena salud física y mental de la que gozan hoy día las personas mayores. Su buena salud no solo los capacita para ser sujetos enérgicamente políticos, sino que, también, muchos jubilados aplican sus habilidades y conocimientos profesionales para participar en programas de reciclado, control de la polución y otros servicios sociales que tienen como fin último dar asistencia a personas mayores dependientes (2009, 865).

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Guerrillas populares en la plaza subterránea de la salida oeste de la estación de Shinjuku (1969). © throwoutyourbooks.wordpress.org

En términos generacionales, la juventud ha sido entendida comúnmente como un agente de cambio dentro de la sociedad. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto, puesto que muchos movimientos socioculturales y revolucionarios han sido predominantemente intergeneracionales[6] (incluyendo a la tercera edad). Por consiguiente, la creencia popular generalizada de que la tercera edad es inherentemente conservadora no parece ser acertada. De hecho, la generación Dankai se sitúa, por norma general, a la izquierda del espectro político con posiciones relativamente moderadas, a menudo afincadas en el socialismo y de carácter anti-PLD. Todo ello a pesar de haber sufrido un proceso de moderación ideológica repentino tras la llegada de la burbuja económica y el paso a la inactividad política de muchos aquellos que un día fueron jóvenes reivindicativos.[7]

Se ha argumentado que la juventud japonesa es políticamente pasiva y abiertamente ignorante de cara a las problemáticas que les afectarán una vez sean miembros activos de la sociedad adulta (Kotani, 2012). No obstante, y admitiendo esto como parcialmente cierto[8], el caso de la tercera edad es considerablemente distinto, quienes deciden hacer uso de los espacios exteriores de manera directa para movilizarse y ejercer sus reivindicaciones mientras que, en sus coetáneos más jóvenes, predominan otros medios. Estos últimos son susceptibles de canalizar su delicada situación, a caballo entre la soledad y la precariedad, a través de manifestaciones subculturales de sus identidades colectivas.

Durante unas décadas, diversas autoridades locales han implementado políticas de incentivación para conseguir que la participación Dankai favorezca el desarrollo comunitario. Sin embargo, es poco probable que los grupos activos socialmente busquen medidas que saneen su situación a expensas de la juventud (Yasuo, 2009: 870). En otras palabras, la generación Dankai parece mostrar un elevado grado de compromiso intergeneracional extendido, teniendo muy presentes a sus jóvenes.

Por otro lado, puede apreciarse cómo una buena parte de los trabajadores de la generación Dankai muestra distanciamiento del corporativismo cuando llega el momento de su jubilación y prefieren trabajar en el desarrollo de redes ciudadanas no corporativistas que estén centradas en la inclusividad y que intenten ir más allá de los vínculos inmediatos de cada barrio (868-9). O lo que es lo mismo, unirse a asociaciones y grupos para la tercera edad como los mencionados con anterioridad es una tendencia descendiente, posiblemente, debido a que sean percibidas como un conjunto de obligaciones en lugar de acciones voluntarias (ocasionales o no) para el apoyo mutuo.

Este compromiso intergeneracional está relacionado con el uso y concepción de los espacios públicos. En Tokio existe una cantidad irrisoria de espacios verdaderamente públicos que, además, han dejado de constituir entornos dedicados al diálogo, el intercambio de ideas y la cohesión social. Hemos visto cómo las personas mayores se ven forzadas a abandonar sus espacios (interiores o exteriores), pero el hecho es que pocas áreas al aire libre permanecen disponibles, no ya solo para protestar o reivindicar, sino simplemente para expresarse colectivamente en el sentido más amplio. A grandes rasgos, han pasado a ser meros puntos de conexión entre dos lugares, un lugar de espera o para el consumo de tabaco. Las manifestaciones tokiotas son mucho más descafeinadas que las que tienen lugar en otras grandes capitales desde que sus activistas más jóvenes fueran aplastados por el gobierno antes del estallido de la burbuja [9]; solo en contadas ocasiones la ciudad es testigo de manifestaciones a relativa gran escala en sus calles.

Un ejemplo notable lo constituyen las llamadas guerrillas populares que aparecieron casi espontáneamente en 1969 y que ocupaban semanalmente la plaza de la salida oeste de la estación de Shinjuku para llevar a cabo protestas y otro tipo de acciones más performativas. La música daba paso a manifestaciones y movilizaciones que dominaron el área de Shinjuku (Andrews, 2014). Sin embargo, las autoridades reaccionaron rápidamente y prohibieron a la detención y congregación en la zona, redefiniéndola como una pasarela en lugar de una plaza. William Andrews afirma que resulta inimaginable (e imposible) congregar a tanta gente en la plaza como en los años 70.

Igualmente, la comunidad de personas sin hogar fue expulsada a la fuerza y las autoridades locales comenzaron a dominar el espacio público y moldearlo a fin de contener disidentes ideológicos y otro tipo de contingencias que empañaran el desarrollo de la imagen de orden y corrección que Tokio comenzaba a esgrimir. Esta tendencia se expandió con mayores restricciones como las que describíamos al principio del artículo durante los últimos años, donde las Olimpiadas han servido como un importante pretexto para mantener la ciudad “inalterada”, tranquila y fluida.

En general, las acciones actuales protagonizadas en su mayoría por adultos y mayores, son a menudo itinerantes: se visitan los aledaños de las estaciones y colocan altavoces con los que transmitir su mensaje apoyado con pancartas gigantes y puntos de información. Actualmente, las manifestaciones suelen organizarse una vez a la semana frente a los grandes almacenes Odakyu (en el área oeste de la estación de Shinjuku), sin ningún tipo de reglas específicas (standing demo). Básicamente, los manifestantes simplemente pronuncian discursos que repiten varias veces a lo largo de, como mucho, un par de horas.

El arquitecto Ota Hiroshi y la profesora de urbanismo Ito Kaori afirman que la idea de espacio en Japón se ha centrado eminentemente en la propiedad privada y se ha colocado el foco en la actividad comercial en tan solo un par de décadas; acabando con prácticamente cualquier espacio dedicado a la reunión o, simplemente, a sentarse con tranquilidad. El derecho al descanso al aire libre se deniega constantemente. Tanto, de hecho, que en muchos de estos espacios abiertos o aceras anchas se han instalado emisores de sonidos de alta frecuencia que provocan malestar en los viandantes, incluso mareos, con el objetivo de evitar aglomeraciones.  

Dadas las circunstancias, la tercera edad enfrenta importantes dificultades para sobrevivir en espacios interiores y exteriores por igual. Aquellos que no cuentan con respaldo familiar suficiente se ven obligados a gestionar sus presupuestos de forma extrema, dando pie a casos como los que hemos descrito brevemente y mediante los que se introducen en dinámicas de desobediencia (crimen, vivir en la calle) o, por otro lado, a intentar mezclarse en la sociedad (trabajo comunitario, empleos a tiempo parcial, etc.[10]) dentro de la precariedad. Lanzarse a las calles de manera ocasional para reivindicar sus derechos es todo lo que muchos pueden permitirse.

Estos mismos ancianos disfrutaron un Tokio muy distinto en su juventud. Una ciudad pionera en cerrar las avenidas principales al tráfico los domingos (Michael, 2019) y en convertirse en un lugar rebosante con cabida para la música, el baile, reivindicaciones, fiestas al aire libre y otros tantos métodos de expresión. Hoy en día, los cortes de tráfico se establecen en un número limitado de avenidas y con el único bjetivo de fomentar el consumo en grandes cadenas comerciales. El parque de Yoyogi es posiblemente el último reducto representativo de esta libertad. Resulta casi obvio que haga las veces de «patio de recreo» para muchos ancianos, que van allí para matar el tiempo o, en el peor de los casos, a vivir allí.

En definitiva

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© James Suarez

Los miembros más vulnerables (o aquellos apunto de serlo) conforman un precariado con rasgos específicos a la tercera edad. Unos resisten por medio de la protesta y la participación activa en el desarrollo de sus comunidades para escapar de la soledad de sus hogares y lidiar con su escasez económica. Otros, sin embargo, se ven obligados a cometer pequeños crímenes que les permiten ahorrar dinero desde prisión. Cuando este no es el caso, se resignan a vivir en las calles mientras resisten día a día para sobrepasar las dificultades propias de una cotidianidad tan dura.

Los autores mentados en este artículo nos sugieren que todavía está por ver cómo estos procesos organizativos se sistematizan con mayor intensidad, pero el hecho de que muchos de ellos continúan formando parte del tejido laboral después de su edad de jubilación es un escollo en el camino. Asimismo, las políticas clientelistas juegan un papel de importancia a la hora de frenar el tratamiento de los intereses específicos de su generación dentro de los procesos políticos reglados (2009, 871). Indiscutiblemente un, y aun con todo, la relevancia de su activismo en los espacios públicos de participación política además de en el mercado privado resulta innegable (868).

Han sido clave las labores de voluntariado que ayudan a generar bienestar social como el apoyo a la educación escolar para la actuación durante desastres naturales, el desarrollo de distintos proyectos de reciclaje, etc., que favorecen que los ciudadanos mayores sean entendidos como piezas fundamentales de cara a la tranquilidad y buena praxis de toda una comunidad urbana[11]. De hecho, la participación y el interés de los ancianos (así como de los jóvenes) en las ONG y las organizaciones sin ánimo de lucro también está creciendo de manera constante. Las diferentes asociaciones de Dankai se esfuerzan por incluir a sus propios candidatos en las asambleas locales, contando además con el beneplácito de las autoridades locales ante este tipo de activismo cívico.

La tercera edad se encuentra sumergida en una lucha glocalizada, con unos problemas que no son individuales, si bien a menudo se abordan desde la localidad motivados por la necesidad de un sentimiento de pertenencia y unas metas claras. Son apartadas a un lado y abandonadas en términos institucionales dados los escasos esfuerzos gubernamentales por paliar la situación, por lo que buscan mantener un sentimiento de productividad dentro de su sociedad, ya sea trabajando, mediante el voluntariado o luchando activamente en las calles.

Han demostrado un deseo creciente por tomar parte en actividades voluntarias organizadas crear de grupos de apoyo político con los que desarrollar un estilo de vida participativo dentro de la gobernanza local. La intensificación de su actividad puede resultar clave a la hora de modificar significativamente las relaciones entre el estado y los ancianos, los jóvenes y los ancianos, y entre los contribuyentes y los pensionistas. Y, en ello, entre los ancianos y cómo el espacio puede ser un vehículo para la resistencia y la resiliencia.

¡No os olvidéis de seguir a nuestro fotógrafo de cabecera James Suarez en su Instagram y sitio web : )!

 

REFERENCIAS

Andrews, W. (October 2nd, 2014). Throw Out Your Books. 1969 Shinjuku Nishiguchi Chika Hiroba: Shinjuku Station West Exit Underground Plaza and the Anti-War “Folk Guerrillas”. Obtenido de: https://throwoutyourbooks.wordpress.com/2014/10/02/1969-shinjuku-nishiguchi-hiroba-shinjuku-station-west-exit-plaza-folk-guerrillas/.

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Yasuo T. (2007) “The Rise of Voluntary Associations: Exclusive Chien-Ketsuen to Inclusive Voluntarism”. In: Reinventing Japan. Palgrave Macmillan, New York.      


[1] No solo esto, sino que además participan como guías turísticos voluntarios, en las oficinas de los ayuntamientos y como profesores de japonés para extranjeros.

[2] El mayor empleador de personas mayores lo conforman los sectores de ventas al por mayor con 1,27 millones de trabajadores mayores de 65 años, seguidos de la agricultura y silvicultura con 1,07 millones (The Japan Times, 2019).

[3] Hay un razonable número de grupos que son o han sido políticamente activos como fue el caso de SEALDs, así como ciberactivismo fácilmente localizable en las RRSS.

[4] Como sucedió en los incidentes de Narita de 1996, donde estudiantes de izquierda radical se agruparon con los agricultores para protagonizar protestas violentas.

[5] Un buen ejemplo es esta campaña que llamaba a la participación electoral de la juventud: www.youtube.com/watch?v=GLbc9in9zeY&feature=emb_title

[6] Ejemplos de movilizaciones que mostraban malestar ante las Abenomics o la política nuclear del país: https://www.youtube.com/watch?v=xlvfkRZUfiE; https://www.youtube.com/watch?v=D7iZ2yTrasQ o https://www.youtube.com/watch?v=Uexgce-WaaA   

[7] Para ampliar sobre este tema, ver: Shimbori, M. (1964). Zengakuren: a Japanese case study of a student political movement. Sociology of Education, 229-253.

[8] Co-fundados de la ONL Moyai y activista por los derechos de las personas sin hogar.

[9] Esta diferencia en las estadísticas parece tener que ver con la existencia de diferentes métodos de conteo. En los del gobierno metropolitano solamente realizan conteos diurnos.

[10] Mayor causa de muerte entre personas entre 20 y 30 años de edad (Institute for Health Metrics and Evaluation).

Política y redefinición del otaku. Si da dinerín, tan malo no será

Desde hace un tiempo, las redes son escenario de numerosos combates dialécticos alrededor de un tema que llama fuerte mi atención: la politización/ despolitización de la cultura popular. El protagonismo y la representación de minorías sociales en la ficción se define en ocasiones como un intento de “politizar” y se acusa a los creadores de querer introducirlos con calzador, con el objetivo de ganarse la simpatía de un sector de los consumidores. La supuesta despolitización y desideologización por la que no pocos abogan, parece camuflar un intento de extender la hegemonía en la ficción de una serie de personajes prototípicos y ya conocidos. Aunque no quiero irme por las ramas, que todavía estoy en la introducción. De lo que quiero hablar hoy es de cómo la política, ideología y los intereses que manan de ambas están también presentes en la creación y difusión de un concepto ya tan popularizado como el de otaku, y sus significados.  Pero, ¿qué narices es un otaku?

Fotografía de portada por © Víctor Alonso.

 

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No parece difícil caricaturizar a un otaku. Imagen de © j-town.net

Que ser otaku mola. Que los otakus no se duchan. Que guapísimo el cosplay ese de Saitama. Que van a morir vírgenes. Que a tope con el poder de la amistad. Que vaya pervertidos con lo del hentai. Que maravillosa política taiwanesa que ha ganado las elecciones disfrazada de Asuka Langley. ¿De qué va todo esto?

Hablar de otaku es automáticamente situarse entre un batiburrilo dialéctico de tensiones y opuestos: aceptación/rechazo, alternativo/mainstream, orgullo/vergüenza, guay/grimita, etc. Ciertamente, no es tan fácil definir qué es un otaku. Vale, sabemos que fundamentalmente hace alusión a fans de anime, manga, videojuegos, cosplay (por favor, nunca reduzcáis “cultura japonesa” a esto, que no está bonito). Sabemos también que es un término japonés y que su exportación y proceso de recepción en el extranjero conlleva, necesariamente, reinterpretaciones de su significado (difícilmente será lo mismo ser otaku en Japón que, por ejemplo, en España). Y a partir de ahí, lo que queda es moverse entre las tensiones. Vamos a dar por válida en este artículo esa asociación de otaku con manganime, videojuegos y cosplay (¿aunque, qué diríais si os digo que también hay otakus de los trenes?) y me meto ya en faena para responder a la siguiente pregunta: ¿qué relación hay entre la crisis económica de los 90, el gobierno japonés, y los cambios en términos de aceptación social de los otaku? Para hacerlo llevadero, lo dividiré en tres partes que coinciden en el tiempo con las décadas de los 80, los 90 y el comienzo del siglo XXI.

1. El debate (casi) invisible y los asesinatos de 1989

Aunque su uso en el habla es anterior, el término otaku aparece por primera vez sobre el papel en una serie de artículos de Akio Nakamori para la revista Manga Burikko, en 1983. ¿Alguien se imagina ser aficionado a la jardinería y sentir que lo ponen a parir en una revista sobre jardines? Esto es más o menos lo que ocurrió con estos artículos, en los que se perfilaron los cimientos de lo que a partir de 1989 se convirtió en un pánico a los otaku. Nakamori atacó con dureza a los otaku. Un ejemplo:

Los otaku definitivamente carecen de habilidades masculinas. Así que están satisfechos llevando fotografías de personajes de anime como Minky Momo y Nanako. Lo llamaría un complejo bidimensional. Ni siquiera pueden hablar con mujeres reales. En casos menos extremos, orbitan alrededor de cantantes idol que no muestran su feminidad, o se pervierten y se adentran en el lolicon. Estos chicos jamás aceptarán una foto de una mujer madura desnuda.

En este extracto, Nakamori introduce una característica cuya aceptación continúa hoy muy extendida. Una definición de los otaku como “hombres desviados”, como individuos que no son hombres al completo (se ve que, entre el concepto de habilidades masculinas de Nakamori, se encuentra el de estar interesado y resultar atractivo para las mujeres). Incluso jerarquiza esta idea de masculinidad: hombres a los que gustan las “mujeres reales”: bien; hombres a los que le gustan las idols: mal; hombres a los que les va lo bidimensional: fatal. La revista, que daba voz en una de sus secciones a los lectores que les escribían, fue el escenario de un debate que acabó finalmente con Nakamori desvinculado de la misma, pero estas ideas despectivas sobre los otaku calaron incluso entre los que se auto identificaban como tal.

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Portada de Manga Burikko, correspondiente al tomo de noviembre de 1984

Sin embargo, la polémica sobre la definición del término otaku no trascendió mucho más allá de las páginas de la revista ni de círculos concretos. Fue entre 1988 y 1989 cuando el una parte mayoritaria de la población comenzó a a asimilar y a construir una idea de otaku, a partir de los secuestros y asesinatos de cuatro niñas de entre 4 y 7 años, perpetrados por Tsutomu Miyazaki, un joven de 26-27 años que fue detenido en 1989, condenado a muerte en 1997 y ejecutado en 2008. Tras su detención, en 1989, los medios tuvieron acceso a imágenes y vídeos de su habitación, en los que la policía encontró una gran cantidad de manga, además de alrededor de 6000 vídeos, entre los cuales figuraban grabaciones de anime, pornografía, películas de terror e incluso de sus víctimas. Desde los medios de comunicación se hizo especial hincapié en esta información, y tuvieron lugar numerosos debates en los que se discutía la influencia del anime o el manga en el asesino. Miyazaki pasó a ser la representación de los otaku para una parte importante de la población. La figura del otaku quedó reducida a los problemas para socializar, la perversión, la pederastia, obsesión por lo bidimensional, los problemas para distinguir la realidad y la ficción, etc.

El Estado, asumiendo de algún modo esa conexión entre los conceptos otaku y “criminal”, llevó a cabo a partir de 1990 una serie de campañas para criticar, censurar o eliminar producciones de ficción que no se ajustasen a determinados criterios, viéndose fuertemente afectadas aquellas que pudieran ofrecer un contenido de carácter más sexual o erótico, especialmente géneros como el shojo, el yaoi, el lolicon y, en general, un porcentaje muy importante del manga creado por artistas amateur. Según Sharon Kinsella (1999), este control respondía también a los intereses del propio Estado y de empresas privadas para utilizar el manga como una herramienta para acercarse al a población o a sus trabajadores.

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Fotografías de la habitación de Tsutomu Miyazaki, “el asesino otaku“.

 

2. La crisis económica y la transformación de Akihabara

La recesión económica de los 90 fue el contexto en el que los otaku comenzaron a ganar cierta aceptación social. A diferencia de otras industrias y sectores, lo que podemos denominar “industria otaku” (manga, anime, videojuegos, merchandising, etc.) no sufrió el impacto de la crisis: el consumo continuaba sin disminuir. Así lo explica Galbraith (2010):

Las investigaciones muestran que el gasto de los entusiastas en sus hobbies no disminuyó durante la recesión. Los otaku se convitieron de pronto en un rayo de luz en el Japón de la recesión. Hoy en día no es extraño que personalidades (…) o políticos (…) se declaren otaku.

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Serie fotográfica Akihabara Night Walk 2017 por © Víctor Alonso.

Akihabara, hasta la primera mitad de los 90 un lugar copado fundamentalmente por tiendas de productos electrónicos, vivió una rápida transformación hasta convertirse en una suerte de “tierra sagrada otaku”, repleta de tiendas de manganime y videojuegos, entre otros establecimientos. En este sentido, el anime Neon Genesis Evangelion (1995) y, en especial, el personaje de Rei Ayanami, junto con el auge de Internet, contribuyeron a la demanda de los productos ofrecidos en estas tiendas, que se multiplicaron e número. Algunos autores señalan que la participación del Estado en este crecimiento y transformación de Akihabara fue inexistente o nula. No obstante, el potencial económico y el gasto llevado a cabo por consumidores de productos otaku no escapó, lógicamente, de la vista del Estado, que comenzó a replantearse ciertos posicionamientos previos. Los otaku, todavía entonces vinculados a la figura del asesino Tsutomu Miyazaki, se estaban convirtiendo en un grupo de consumo de lo más interesante, especialmente teniendo en cuenta la época de crisis. Pero, ¿cómo lidiar con esta contradicción? ¿Cómo explicar a la población que no hay ningún problema con los otaku y que, de hecho, esos “obsesionados” pueden suponer un beneficio económico al país? ¿Antes criminales y ahora “un rayo de luz”?

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Rei Ayanami fue todo un boom a mediados de los 90. Extracto de Neon Genesis Evangelion (1995).

3. Del otaku obsesivo y el pánico al otaku entusiasta y las políticas Cool Japan

En el año 2004, el Instituto Nomura lleva a cabo un informe que rompe claramente con la manera tradicional de definir a los otaku. La carga peyorativa tan presente en textos y discursos anteriores desaparece por completo, favoreciendo una nueva manera de entender al otaku, que el Estado recogió y fomentó para sus posteriores iniciativas llevadas a cabo bajo la marca Cool Japan. En este informe, los otaku ya no aparecen definidos como “obsesivos” o “maniáticos”, sino como personas “idealistas” y “soñadores”, que persiguen la consecución de sus objetivos a través del consumo. El otaku es un apasionado que vive con intensidad y emoción sus aficiones y el concepto de “consumidor entusiasta” aparece continuamente como sustituto de otaku. También son creativos, innovadores, colaboran de la evolución del sector gracias a sus grandes conocimientos y su participación como creadores de contenido amateur o de críticas. ¿Qué hay del carácter antisocial? Uno diría, leyendo el estudio, que quien tiene un problema es, precisamente, la gente no otaku, al no lograr entenderlos:

Los consumidores entusiastas tienen un interés tan fuerte en algunos asuntos que la gente común no puede entenderlo fácilmente. Por esa razón, ellos creen que no deberían aparecer en público y, debido a esto, tienden a formar comunidades con personas que compartan sus mismos intereses en una determinada materia.

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El informe del Instituto Nomura divide a los otaku en cinco categorías según sus aficiones: manga, anime, videojuegos, idols y montaje de ordenadores. Extracto del documental Tokyo Idols (2018)

Por si no lo he dejado suficientemente claro: el cambio en el discurso reflejado por parte del Estado o de organizaciones como el Instituto Nomura va acompañado de la progresiva consolidación de los otaku como un grupo de consumo potente y beneficioso en términos económicos. Vaya, el capital manda y si da dinero, ¡tan malo no será!  (diría cualquier liberal). Esos cambios se van a apreciar también en los mass media, o en series como Densha Otoko (2005), que marca también un punto de inflexión en el modo de ver a los otaku. Y es precisamente en esta década de los 2000 , en la que comienzan a llevarse a cabo las políticas de Cool Japan. Cool Japan es, por un lado, el conjunto de estrategias políticas llevadas a cabo por el gobierno y empresas privadas con el objetivo de fomentar la “cultura” japonesa a través de las industria creativas. Por otro lado, Cool Japan es también todo ese “universo” de productos, actividades, colectivos, etc. relacionados con este tipo de industrias (manga, anime, videojuegos, etc.) en Japón. Japón exporta todo este tipo de material al extranjero, sabiendo que es altamente apreciado. Lo que en su día era algo de otakus, el sentido más peyorativo del concepto, se convierte en una potente herramienta económica y de soft power, haciendo de Japón, como ya señalaba McGray en 2002, una “superpotencia cultural” gracias en buena parte al atractivo internacional de su cultura pop. Un país que mola, que cae bien, que tiene cositas guays (¡como el manga o el anime, tan señalados solo una década antes!). Recomiendo totalmente la lectura de este artículo, titulado Japan’s Gross National Cool, para entender algunos de los motivos que llevaron a Japón a ver en las industrias creativas un enorme potencial económico (se habla de Pokémon y Hello Kitty, merece la pena). Akihabara, por ejemplo, es desde hace más de una década objeto de una continua promoción por parte de empresas de turismo, que buscan explotar este “diamante otaku“. El gobierno japonés con Abe Shinzo a la cabeza, disfrazado de Super Mario para promocionar las Olimpiadas, parece decírnoslo: ser otaku ahora (desde hace ya años, en realidad) mola. También nos lo dice el ex Primer Ministro y, actualmente, Ministro de Finanzas, Tarō Asō, que se identificó públicamente como otaku. Señores (muy) de derechas pero a su vez muy a tope con Sailor Moon. Está claro que lo liberal no quita lo otaku

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El primer ministro japonés, Abe Shinzo, disfrazado de Super Mario para promocionar los JJ.00 de Tokio. Foto de ©nikkansports.com

Entonces, ¿ser otaku en Japón de pronto pasó a molar? No exactamente. Galbraith, recogiendo las aportaciones de Kobayashi, divide a los otaku en dos tipos: los otakus consumidores y los otakus “extraños”. En sus políticas, el Estado “dividió” (no explícitamente) de este modo a los otaku, y buscó la normalización de los primeros y la invisibilización de lo segundos. La idea de otaku que se buscaba popularizar era la de aquel que aporta económicamente, que mueve la panoja, que vive entre su cuarto y las tiendas de Akihabara. Todo lo contrario ocurre con el otaku extraño, el que “actúa” más que “consume”, el que hace la performance. Durante estos años de “redefinición”, se hizo un esfuerzo desde las instituciones por “limpiar” el barrio de Akihabara de “otakus extraños”: aquellos a los que se les atribuye la participación en prácticas consideradas obscenas, molestas o ruidosas, como puede ser el cross-play, actuaciones en la calle de idols vistiendo provocativamente, bailes escandalosos de idol-otakus, o incluso hurtos en tiendas locales etc. En la segunda mitad de la primera década de los 2000, el rechazo por parte de los comerciantes locales de Akihabara hacia estas idols y sus seguidores otaku, se hizo patente a través de una serie de protestas y manifestaciones. En este ambiente crispado, una idol fue arrestada por vestir “provocativamente”. Tan solo un mes después, una serie de asesinatos perpetrados en Akihabara intensificaron (o reabrieron) el debate sobre los otaku “extraños”. Galbraith señala esta tensión a la hora de definir a los otakus en Japón y de dividirlos en dos grupos. Por un lado, los otaku que disfrutan de sus de sus hobbies a través de un consumo entusiasta, asociados con  figuras como la del protagonista de Densha Otoko y por otro, los otakus “extraños”, molestos y escandalosos, asociados con la figura de Tsutomu Miyazaki.  

Si bien es cierto que nunca ha existido un otaku ‘guay’, las políticas del poder han condicionado a este sujeto en Akihabara. Hay una considerable discordancia entre el otaku imaginado con el ‘boom’ del anime en Japón y en el extranjero y la imagen del otaku nacida de décadas de prensa negativa y ansiedad social (…) Imágenes polarizadas de los otaku, Miyazaki Tsutomu y Densha Otoko, existen conjuntamente.

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Fragmento de la serie de televisión Densha Otoko (2005)

Ni mucho menos supone este artículo una exposición profunda de una supuesta evolución lineal y única del concepto otaku. No hay ninguna evolución lineal, no existe nada que podamos denominar “imagen social” de manera tajante, ni el significado del concepto es únicamente movido y determinado por los intereses del Estado o las empresas privadas.  No debemos caer en el simplismo: el discurso del Estado es solo uno de muchos, la sociedad no es un ente uniforme, y la producción discursiva sobre el término otaku es multidireccional, la sociedad no se limita a aceptar significados, sino que también los reinterpreta y reproduce. Precisamente debido a esta multitud de discursos y formas de pensar, las contradicciones siguen existiendo, y es posible entender el concepto de maneras diversas e incluso opuestas según la situación o el momento. Detrás de cada discurso (el del Estado, el de las empresas privadas, el de los autoidentificados como otaku, el de los artistas, etc.) hay también una serie de intereses e ideologías que moldean de manera determinante la forma y el contenido de cada discurso. No es tan fácil definir qué es un otaku.

Sea como sea, la censura e intervención de contenidos durante el comienzo de los 90, los cambios durante la crisis económica, la redefinición del concepto, las protestas y arrestos en Akihabara, la doble vara de medir consumo/performance, las políticas de Cool Japan, etc.  han transformado y marcado, al menos parcialmente, los significados del término. ¿Qué habría pasado si, por ejemplo, no se hubiera percibido a los otaku como un grupo de consumo relevante? ¿Significaría el término otaku lo mismo que ahora? ¿Se habría exportado de la misma manera? ¿Seguiría sirviendo la gorra de Super Mario para convertir en cool a un liberal como Abe Shinzo? Si aceptamos que muchos de los que aquí escribimos dimos nuestros primeros pasos hacia Japón a través de esta “cultura otaku”… ¿Existiría acchiKei? Probablemente ni siquiera la imagen que muchos tienen de Japón sería la misma. Japón ha hecho de “lo otaku”, una marca nacional, y de su marca nacional, toda una estrategia en términos económicos y de soft power. Sea como sea, una cosa está clara: el opening de Digimon nos gusta a todos y Fairy Tail es un truño.

Os dejo algunas referencias interesantes relacionadas con el artículo:

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Kikuchi, S. (2008) The Transformation and Diffusion of ‘Otaku’ Stereotypes and the Establishment of ‘Akihabara’ as a Place-brand. En Galbraith, P.; Kam, T.; Kamn, B. (2015) (eds.) Debating Otaku in Contemporary Japan: Historical Perspectives and New Horizons, pp. 147–162, Londres: Bloomsbury

Kinsella, S. (1999). Adult Manga: Prop-establishment Pop-Culture and New Politics in the 1990s. Media, Culture and Society, vol. 21

Kitabayashi, K. (2005) The Otaku Group from a business Perspective: Revaluation of Enthusiastic Consumers. Nomura Research Institute

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McGray, D. (2002). Japan’s Gross National Cool. 

Japón y la tercera edad. Del respeto al enfado y vuelta a empezar

¿De dónde viene eso del respeto a los ancianos en Asia?

Si conectamos dos ideas como pueden ser Japón y tercera edad, el tercer elemento que se produce en nuestra mente, si pensamos en una posible relación entre ambos, es la idea de respeto. Dicha idea, que puede venirse a nuestra mente de manera casi instantánea realizando el ejercicio anterior, tiene su origen en una visión estereotípica, incluso podríamos decir orientalista, por la cual se atribuye a la sociedad japonesa un respeto incondicional por la generación más anciana del país. Definitivamente, existe el estereotipo de veneración a los ancianos en Oriente que, a través de una visión generalista que hace Occidente, podría relacionarse con los ideales confucianos procedentes de China y que continúan presentes en Asia oriental. Las enseñanzas confucianas vendrían a reivindicar un orden socio-ético-político concreto que estimaban adecuado para el refinamiento de las personas, a las cuales consideraban como seres sociales en potencia. Las Analectas, compiladas por los discípulos de Confucio, dignificaban la virtud como la validez para gobernar y ser gobernado, que se desprendía de la calidad moral de cada individuo, siendo respaldado por una sociedad que funcionase conjuntamente de acuerdo con valores sociales correctos y modélicos.

Dentro de los estudios confucianos es el concepto de ren, el que funciona como valor primordial que sustenta el respeto hacia los ancianos en el corpus doctrinal. Anteriormente, dicho concepto tenía un significado más llano y se asociaba con ideas como la amabilidad o la generosidad. “Ren consiste en amar a los otros” (Analectas, 12:22) es la síntesis que hizo Confucio en sus Analectas sobre el sentido de ren. Este amor al prójimo, que definía Confucio, había de ser también xiao o “filial”, lo que otorgaba principal importancia al respeto por los padres y los mayores (Analectas 1:2). En estas “enseñanzas” se resaltaban los valores del amor natural de los hijos por las personas de mayor edad, quienes les criaban y amparaban. Además, se insiste en que dichos valores tenían que provenir de uno mismo, configurándose el individuo como ser virtuoso y recto dentro la sociedad. Actuar de dicha forma era la única manera de convertirse en junzi o persona elevada, que en términos morales era aquel que “cultiva en sí mismo los valores de ren”. De esta forma el confucianismo estaba otorgando a la tercera edad un respeto legítimo y una importancia vital dentro del perfeccionamiento de la sociedad humana. Así que esta doctrina moral-religiosa confuciana entendía que una de las bases para el correcto funcionamiento de la sociedad era el respeto hacia los ancianos y que, por tanto, una sociedad donde los ancianos no recibiesen el trato y la relevancia adecuados no sería virtuosa ni exitosa. Es obvio que estos valores, procedentes de las doctrinas confucianas, también se encuentran en Japón ya que viajaron desde China a través de Corea. El confucianismo en Japón, a pesar de no ser una religión consagrada ni reconocidamente practicada, sí que baña gran parte de su corpus ético y moral e incluso a día de hoy pueden encontrarse templos consagrados a la imagen de Confucio, como por ejemplo es el caso de Yushima Seidō 湯島聖堂 erigido durante el periodo Edo 江戸 (1603-1868) en el distrito de Bunkyō 文京, en Tokio. Por resumir, todas esta influencia que tuvo el confucionanismo en Japón fue la responsables de configurar esta estima y respeto por los ancianos que, tradicionalmente, se ha asociado al país y qué algunas veces es más un estereotipo recurrente que hace Occidente de Japón que una realidad.

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© Lee Chapman

Por otro lado, esta visión estereotípica del respeto por los ancianos en Asia, también puede venir del culto por la longevidad, en japonés nagaiki 長生きque filosofías como el taoísmo han llevado a cabo dentro de su interpretación del Dao道 como verdadera “vía para la vida”. El filósofo chino Lao Tsé (S. VI a.c.) en el Dào Dé Jīng promulgó que, a través de la práctica del wuwei o la “no-acción”, podía conseguirse el potenciar la longevidad. Para disfrutar de una vida larga y rica se había de actuar en contra del sentido común, ya que este se obcecaba en perseguir objetivos y era germen de conflictos. La “no-acción” es una actitud dócil y, por tanto, la base de la serenidad que permite al ser humano vivir de manera relajada y plena durante muchos años. Este culto por longevidad tiene como respuesta en la sociedad china el respeto hacia las personas ancianas por considerarse que han sabido llevar una vida apacible y fructífera, de acuerdo con la doctrina del Dao, para poder alcanzar esas edades. Si bien la filosofía taoísta no se relaciona directamente con la cultura y sociedad japonesa, el neoconfucianismo, que llegaría a Japón en el siglo XVII, sí que había incorporado en China estas visiones del taoísmo y, por tanto, participan también de esta visión orientalista y estereotípica por parte de Occidente.

Por último, aunque resulte lo menos directamente conectado con las tradiciones japonesas, esta visión estereotípica de respeto por los ancianos en Asia oriental tiene gran parte de razón de ser debido al culto a los antepasados que se realiza de manera tradicional en la religión popular china desde la dinastía de los Shang (XIV-XI a.C.). En China los antepasados, denominados zu o zuxian consiguen dicha categoría a través de procesos rituales y funerarios concretos. Esta práctica por la cual se consigue el perdón del difunto para que este suba al Cielo es considerada una de las formas más básicas y primerizas de actos religiosos en China. Normalmente el rito se realiza para con miembros de la familia, que hayan sido conocidos personalmente y se les dispone un altar donde se colocan todo tipo de ofrendas, como arroz, fruta o incienso. Resulta curiosa la similitud entre dioses y ancestros/antepasados a la hora de la práctica de dichos rituales. Ambos son venerados de formas prácticamente similares con la diferencia de que la adoración a los dioses es realizada por comunidades y la de los antepasados por familias particulares. Los Sheng, quienes comenzaron a oficializar este tipo de rituales de culto a los antepasados, consideraban que la muerte natural era la deseada tras muchos años de vida, lo que conecta directamente con la filosofía taoísta. Esta muerte natural era reconocida como algo positivo y admirable por estar en concordancia con el orden social y natural, luego el alma del difunto merecía ser guiada hacia el Cielo a través de la práctica ritual. De esta forma vemos de nuevo un reflejo en el respeto y reivindicación de los ancianos en este culto ritual a los antepasados. En el caso más concreto de Japón, en períodos anteriores a los años 60, era habitual que en las zonas rurales se considerase a los ancianos con mucha descendencia como ancestros honorables incluso antes de su muerte.

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© Lee Chapman

Sin embargo, estando ya definidas algunas de las posibles raíces de este culto por el respeto a los ancianos en Asia oriental, habría que preguntarse si Japón también tiene algún reflejo directo, algún rasgo tangible de dicho respeto por la tercera edad.

Podemos encontrar en el que está considerado como el libro más antiguo, que narra la historia del origen de Japón, un ejemplo de esto. En estas Crónicas de antiguos de hechos de Japón o Kojiki 古事記, editado por O no Yasumaro por encargo de la corte imperial de Yamato (250 -710 d. C.), existen tres divisiones por eras, siendo la primera de ellas la correspondiente a la propia de los dioses. Dicha era que narra desde la creación de las islas japonesas por parte de los dioses Izanagi 伊弉諾e Izanami 伊弉冉尊, contiene también el mito relativo a la diosa central del sintoísmo: Amaterasu, la diosa del sol. Es junto a ella que reaparece una de las deidades creadoras denominada ya al inicio del capítulo primero como Taka-mi-musubi no kami 高御産巣日神 y más tarde, en los capítulos 22 y 26, como dios Takagi 高木神. La figura de esta deidad o kami 神, aparece en el primer capítulo que describe los primeros instantes de la creación de la islas japonesas como una de las dos fuerzas creadoras de todas las cosas, a modo de yin o de yang y una de las tres divinidades originales. El punto que resulta interesante en esta deidad, que surgiría en el Altiplano del Cielo (Takama no hara, 高天原), es que en los capítulos 22 y 26 aparecería junto a la diosa Amaterasu sirviéndole de consejero y compartiendo voz a la hora de gobernar los cielos. Ambos son los autores del “sublime mandato” por el cual se ordena a otros dioses regir las distintas tierras o países de las islas japonesas. La razón por la que Amaterasu considera que el dios Takagi es válido para aconsejarles en estos asuntos es por su ancianidad. La diosa principal del sintoísmo estima necesario los consejos de un dios anciano para llevar a cabo sus labores como rectora de las islas japonesas. Existe por tanto un respeto y una admiración a este dios anciano, a la vez que una necesidad de recurrir a su vejez y sabiduría para la toma de decisiones. Este podría considerarse como el más antiguo caso registrado en Japón que haga referencia a una relación de veneración y respeto por los ancianos, que además es relevante por tratarse de un escrito mítico y esencial para la historia de los orígenes del país.

No tenemos que viajar al pasado para conocer al dios Takagi, ya que es habitual encontrarlo representado como un anciano de largas barbas grises en los números teatrales de danza kagura 神楽. Además existe a día de hoy un santuario sintoísta, o jinja 神社, consagrado a la figura de este dios que puede encontrarse en el distrito de Sumida en Tokio.

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Takagi-jinja en Tokio

 

Keiro no hi. Una de cal…

Más actual que un viejo dios viejo es el Día del respeto a los mayores, el conocido en japonés como keirou no hi 敬老の日. Se trata de un día feriado nacional celebrado el tercer día de septiembre y que se enmarca como la primera de las festividades de la Silver Week. Resulta curioso que se denomine a esta semana de vacaciones como Silver Week ya que la transcripción al katanakaカタカナ de la palabra inglesa silver es frecuentemente empleada en Japón como eufemismo para lo relacionado con los ancianos, en referencia al color del cabello de estos. Aunque de esto hablaré más adelante. Durante este día se preparan comidas especiales para los ancianos por parte de asociaciones de todo tipo y en algunos lugares también tienen lugar lo que se conoce como keirokai 敬老会. Se trata de ceremonias informales o fiestas en las que los más pequeños, normalmente niños de primaria, preparan todo tipo de entretenimientos para divertir a los ancianos y más tarde obsequiarlos con aperitivos tradicionales preparados por ellos mismos. Estas keirokai suponen, por tanto, todo un ejercicio a través del cual se les inculca a los niños japoneses el respeto por sus mayores, haciendo que éstos dediquen en exclusiva un día completo para la veneración de los ancianos. Del mismo modo es una forma de que los más pequeños valoren el nagaiki que tanto caracteriza al pueblo japonés.

El envejecimiento poblacional es una de las grandes preocupaciones para la nación japonesa. Esta transformación en la demografía japonesa ha conducido al aumento del número de población anciana de forma exponencial. Consecuentemente se han tomado medidas para que las keirokai sean dedicadas a un sector de población de mayor edad con respecto al que había en el año 68, cuando comenzó la tradición. En otras palabras, que no nos estaríamos equivocando si dijéramos que la edad para ser considerado un anciano en Japón ha aumentado. Si bien antes se estimaba que un anciano era una persona que sobrepasara los 60 años, a día de hoy no pertenecería a la tercera edad hasta haber cumplido los 65 años.

Y otra de arena…

En contraposición con la celebración del keirokai en la cual se venera la figura de los ancianos, podemos encontrar en el archipiélago nipón una leyenda que viene a presentar el matiz contrario. Se trata de una práctica legendaria denominada ubasute 姥捨て mediante la cual las ancianas eran abandonadas a su suerte. Sus propios familiares se veían obligados a dejarlas morir en la montaña Kamakuri-yama 冠着山, la cual se conoce popularmente como Ubasute-yama 姨捨山 en Nagano. De esta forma la familia aliviaba la carga que suponía mantener a un pariente que ya no era productivo para la propia prosperidad de la familia. Incluso existen numerosas creaciones que ilustran esta leyenda, como por ejemplo la más célebre de todas ellas, el largometraje Narayama bushiko (1958) dirigido por Keisuke Kinoshita. En contraste y en un tono más optimista existe la película Ikitai 生きたい (Voluntad de vivir, 1999) del cineasta Kaneto Shindô 新藤 兼人, la cual refleja esa misma situación del ubasute pero trasladada a un presente que se corresponde más a la importancia y peso actual de la tercera edad en la sociedad japonesa de hoy. En los últimos compases de dicha película se muestra la voluntad de vivir de un anciano que se niega a terminar de leer el relato de Narayama bushiko 楢山節考, cuyo final cuenta la muerte de la anciana de Narayama. Así el protagonista de Ikitai se está negando a sufrir ese mismo destino. Por tanto, esto funciona como una metáfora que representa la autoafirmación y la reivindicación del anciano en la sociedad. La cuestión general que es tratada en la película es conocida como oyasute 親捨て, en referencia a esta mítica práctica pero sustituyendo el primer carácter por el de pariente o familiar  親 oya.

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El inicio de la democracia plateada japonesa

Esta idea fue ilustrada por Mitsuru Uchida en su obra Silver Democracy「シルバーデモクラシー」en la editorial Yuhikaku株式会社 有斐閣, especializada en publicaciones sobre derecho político. A grandes rasgos describe la idea de cómo la transformación demográfica que ha experimentado Japón en las dos últimas décadas con el rápido envejecimiento de su población también ha tenido repercusión en el panorama político del país. El cada vez mayor número de ancianos junto con el absentismo en las urnas electorales por parte de los jóvenes adultos ha llevado a que los resultados de las elecciones estén cada vez más influidos por la tercera edad. En un mundo en el que prácticamente todas las democracias se rigen a la norma de victoria por mayoría, el peso del grupo y rango de edad mayoritario es decisivo. El caso de Japón es especialmente acentuado, de hecho es el que más dentro del mundo político a nivel global. Los ancianos son influyentes y a su vez representan el objetivo principal de los partidos políticos que necesitan de sus votos. Según estudios del Fondo Monetario Internacional, Japón no sería un caso aislado dentro del panorama internacional, sino que se estima que para el ejercicio de 2020, existirán muchas naciones donde la mayoría de los votantes sean mayores de 50 años. Puede decirse que Japón es el primero de los países partícipe de una “democracia plateada”, pero que no se trata sino del primero de otros tantos.

Datos de mediados de 2015, provenientes de medios especializados en Japón, tales como The Japan Times, se hacen eco definitivamente de lo que ya es una evidencia: la población de Japón es, cada día que pasa, menor. Este decrecimiento poblacional se debe a una serie de factores que fruto de la preocupación social se han convertido en un objeto crucial para el futuro de la nación.

El número de personas por encima de los 65 años en Japón aumentó en 1.1 millones en el espacio de tiempo que iba desde 2013 a 2014. Sería imposible con un aumento tan desmesurado no percibir el cambio en la balanza poblacional que está experimentando el conjunto de la sociedad que habita convive en las islas japonesas. El propio gobierno japonés ha advertido que el ritmo de envejecimiento de la nación supondrá que para 2060 que el 40% de los habitantes tengan más de sesenta y cinco años y para dar una visión que represente con más rotundidad la gravedad del problema, el Ministerio de Salud y Bienestar calculó que si este ritmo de descenso de la población continúa resultaría que para el año 3000 la población de Japón se vería reducida a tan solo 500 personas. ¡Acojonante!

Quizás el dato anterior funcione como el más intimidatorio pero su postura lejana podría antojarse demasiado especulativa. Es mucho más probable que los datos o conclusiones trazadas desde distintos campos como la prensa o los estudios estadísticos que sean más útil manejar a corto plazo es el cálculo que estima que la población japonesa estará constituida por 105 millones de personas o que según algunos medios, como la BBC News, que se hicieron eco de esta alarma, la población se vería reducida en una tercera parte para 2060. En definitiva, todo este alarmismo no sólo se atiene a un envejecimiento poblacional, sino también a una baja tasa de natalidad, la cual junto con la larga esperanza de vida de los japoneses son las dos claves de esta problemática.

Haipaa agein o Hiper envejecimiento

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© Lee Chapman

No estaríamos muy equivocados si le diéramos a Japón la denominación de nación de ancianos, ya que el peso de este sector de la población resulta ser muy importante. Sin embargo, sería injusto, por otro lado que tuviésemos una visión por la cual Japón estuviese sufriendo esta transformación de forma aislada. La realidad es que ya existe un concepto que recoge la idea de una transformación, en este caso un envejecimiento poblacional, que están sufriendo la gran mayoría de los países industrializados del primer mundo. Dicho concepto es referido en inglés como hyper-aging society, en japonés haipaa agein ハイパーアゲイン. Esta idea viene a advertir que si bien Japón es un país clave en el estudio del envejecimiento mundial por su situación particular marcada por la larga esperanza de vida de sus habitantes y el subproducto de esto que es el envejecimiento poblacional, también causa de las bajas tasas de fertilidad, existen otros sesenta países más que padecen los mismos síntomas en este aspecto. La gran parte de estos países son aquellos industrializados donde las mediciones de las tasas de nacimiento resultan por inferiores a las de reemplazo. Dicho de forma más simple: existe una tendencia, más acuciada en este tipo de países, a que el total de defunciones no sea compensado con los nacimientos, para lo que se necesitaría que cada mujer diese a luz a 2,1 hijos. Naciones Unidas ha advertido del impacto que supone el envejecimiento de las sociedades en todo el mundo y ve en Japón y Europa zonas claves donde este fenómeno está dándose de manera más grave. En el caso concreto de Japón, las tasas de nacimiento eran altas en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y también lo fueron durante los baby-booms de posguerra. No fue hasta mediados de los 70 que las tasas de nacimiento cayeron por debajo de las de reemplazo, posiblemente efecto de las consecuencias que tuvo la crisis del petróleo en las unidades familiares.

Podría considerarse que Japón es algo así como una especie de líder dentro de una transformación de dimensión global que es la del envejecimiento de la población mundial. Japón ya es con toda seguridad un adelantado en cuanto a los estudios que se relacionan y se hacen cargo del tratamiento de esta situación y, como primer sufridor consciente, se configura como una nación que dominará y sacará provecho de la situación antes que las otras…

La brecha intergeneracional y económica. Wakamono versus roujin. El origen de la problemática…

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© Lee Chapman

La década de los 90, marcada por la fuerte recesión en el plano económico y los esfuerzos por superar esta crisis, ha sido el primer periodo de tiempo en el que se ha podido observar un rápido envejecimiento de la población, luego podrían considerarse como un momento clave en los estudios del envejecimiento poblacional en Japón. El impacto de este envejecimiento en la economía interna del país es directo si tenemos en cuenta la magnitud de los reajustes de presupuesto dedicado las pensiones de jubilación que ha de hacer el gobierno cada año. Una de las medidas más comunes es la de subir el salario de los trabajadores que cotizan para que puedan mantener con sus impuestos a la tercera edad y los gastos destinados a su jubilación. El desafío presupuestario se presenta como la preocupación prioritaria para los políticos en quienes residen las responsabilidades de paliar los reveses económicos que supone este envejecimiento poblacional.

A grandes rasgos los miedos que acucia la sociedad japonesa culpa de su envejecimiento son entre otros los déficits económicos y de personal, así como la pérdida de originalidad y capacidades para paliar los nuevos problemas que dicha sociedad tenga que enfrentar. Se teme un desequilibrio presupuestario ya que se incrementan los costos médicos por los mayores requerimientos en el tratamiento de pacientes ancianos, siendo dichos costos cubiertos con los salarios de la minoría joven. Va a darse por tanto una relación de dependencia entre el sector anciano y el resto de la población que tendrá, además, como consecuencia a nivel económico, caídas en la tasa de ahorro de la nación. Esto es, los jóvenes japoneses podrán ahorrar menos ya que una mayor cantidad de su salario será destinado, en forma de impuestos, a costear las pensiones de los ancianos, quienes por su condición de pensionistas y deseo de gozar de una jubilación plena tenderán a usar sus ahorros.

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© Lee Chapman

Esta relación de colaboración forzada y dependencia económica entre jóvenes y ancianos se torna a menudo, en el contexto social más práctico y cotidiano, en una batalla entre bandos a causa de las tensiones entre ambos. Jóvenes irritados y viejos cascarrabias: los kireru-wakamono キレる若者 y los aún hoy más frecuentemente denominados kireru-roujin キレる老人. Ambos bandos aumentan el personal de sus filas. Un estudio realizado por la cadena de televisión japonesa NHK del cual se hizo eco el periódico The Japan Times, recopiló datos que demostraron que el número de personas ancianas arrestadas por cargos de agresión era 48 veces mayor que hace en la década de los 90. Esto no solo nos permite trazar una relación directa entre el aumento de crímenes cometidos por ancianos, lo cual resulta obvio en el caso de una sociedad donde también hay cada vez un número mayor de ancianos, sino que además refleja la cada vez más creciente relación de tensión entre jóvenes y mayores japoneses. Los jóvenes a menudo a no leen las situaciones de la misma forma que lo hacen los ancianos quienes se sienten ignorados o insultados por los primeros. Los ancianos o roujin 老人 de hoy pasaron su juventud en épocas de rápido crecimiento económico e industrial y esta generación se diferencia mucho en sus valores de trabajo duro e igualdad social a los de los jóvenes de hoy en día. Estos últimos se consideran a sí mismos como sufridores del legado de los roujin a los que creen estar financiándoles un plan de pensiones(kokumin nenkin 国民年金) que ellos no van a poder disfrutar luego y que además tienen que habitar un país que se enfrenta a amenazas como la radiación nuclear y el terrorismo, o por extensión la posibilidad de que estalle una guerra. Ya sabéis, el reloj del fin del mundo y esas cosas que nos preocupan a los jóvenes.

Antes ha salido la expresión kireru キレる… Si uno consulta la base de datos online de Nihongo Zokugo Jisho(日本語俗語辞書), que se especializa en expresiones propias de los distintos argots del japonés, se nos define キレる como un verbo que al colocarse delante de un nombre viene a otorgarle cierto carácter de orgullo y resentimiento. En concreto hace referencia a las actitudes por las cuales las personas no controlan del todo sus emociones y expresan estas a través de la ira y que se indignan y enfurecen con facilidad porque piensan que están siendo perjudicados por el comportamiento y las actitudes de otras personas.

Dicha expresión comenzó a emplearse más comúnmente ya entrados los años 90. Hasta entonces se empleaba la expresión coloquial buttsun ぶっつん que entre otros usos y acepciones hace referencia a las situaciones por las cuales una acción o conducta no pueden ser llevadas a cabo con normalidad. Sin embargo, kireru キレる hasta entonces era empleada como parte de la jerga de bandas de delincuentes y también en publicaciones de manga políticamente incorrectos. En la década de los 90 es cuando se comenzaría a utilizar esta expresión de forma más común para calificar a los jóvenes que se indignaban y se enfurecían con facilidad, dentro del marco de la emergente ola de delincuencia juvenil que estaba experimentando Japón y que se convirtió en un problema en la sociedad de aquel entonces. Las razones para la crispación y el enfado de los jóvenes de la época se encontraban en los efectos secundarios de la recesión económica de los años 90, cuando la tasa de empleo bajó hasta un 65,6%, siendo el mayor índice de desempleo registrado en cuatro décadas. Los jóvenes tenían que convivir con la incertidumbre y el miedo al futuro, al ser conscientes de que en el presente infinidad de puestos de trabajos estaban siendo destruidos y los empleos de por vida que dotaban de seguridad a la clase media estaban desapareciendo. Existía un importante desapego con la clase política reflejado en estudios que alarmaban que tan sólo un 8% de los jóvenes estaban de acuerdo con dicha clase, además de que la abstención a participar del sufragio electoral fue de un 50% en jóvenes adultos.

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© Lee Chapman

En tanto que esta expresión de kireru es empleada a día de hoy para referirse principalmente a los roujin, resulta curioso como su contenido ha sido trasvasado desde el sector joven al anciano. El empleo es claramente despectivo para con los ancianos, al igual que lo fue con los jóvenes en su momento. Lo que sí es claro es que esto es indicativo de que se ha dado una transformación en los roles sociales de ambos grupos. Ideas asociadas con el comportamiento joven, como puede ser el carácter guerrero y de protesta contra la sociedad que es injusta con ellos, parecen estar fuertemente presentes en el sector anciano de la sociedad japonesa. Como un mundo al revés. Quizás la razón principal y más simple es directamente el envejecimiento que adolece esta población del chō-kōrei shakai, que supone un número mayor de ciudadanos ancianos en comparación, luego teniendo más peso social los ancianos que los jóvenes.

Es en el cambio hacia la nueva situación donde se comienzan a observar estos movimientos entre los valores y roles asociados a cada sector de la población y no es tampoco coincidencia que estas transformaciones sociales hayan tenido su resonancia en la política o en el mundo laboral. En este último también se acusa a los ancianos de no estar adaptados a los nuevos tiempo y perjudicar a los jóvenes. Os recomendamos echar un vistazo a estas entrevistas que hicieron el año pasado en el canal de YouTube llamado Life Where I’m From, donde puede verse más de un comentario en esta dirección por parte de trabajadores jóvenes japoneses.

Un círculo. Eso se me antoja. Un círculo vicioso que va desde el respeto a la diferencia. Desde el respeto al enfado y vuelta a empezar. Todos tienen la razón y todos tienen la culpa. Algo de esperar en una sociedad tan compleja como la japonesa, la cual algún día, seguro encuentra la solución a sus diferencias. Y vosotros, ¿qué opináis?

Fotografías cortesía de Lee Chapman, al que entrevistamos hace tiempo en acchiKei.com. 

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Japón y los atletas hāfu: sobre la gloria y quién se apropia de ella

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Hace casi un año ya, en septiembre de 2018, Naomi Osaka participó en una rueda de prensa que tuvo lugar en Tokio. La tenista acababa de ganar ni más ni menos que el US Open en una final reñida pero polémica contra la legendaria Serena Williams. La nueva sensación en el mundo del tenis acaparaba todas las miradas del público y todo el mundo quería saber cómo se sentía: era la primera campeona japonesa de un Grand Slam. Ya entrada la rueda de prensa, un periodista japonés le pregunta:

—En un artículo se comenta que su actuación y sus éxitos evocan los atributos tradicionales de un japonés. ¿Qué opina sobre esos comentarios y qué opina usted en lo que respecta a su propia identidad?

Osaka se sorprende cuando le traducen la pregunta.

—¿En cuanto a tenis? —contesta ella en inglés.
—No solo en cuanto a tenis, sino más bien en general. Los japoneses que han vivido en Japón tienen un determinado contexto cultural, pero no es su caso, dada su trayectoria y sus orígenes. Al contar con un sistema de valores diferentes, me gustaría saber su opinión respecto a su identidad y…
—… ¿Eso es una pregunta?

Osaka no está ofendida por la intervención del periodista, pero sí que se la ve perpleja. Tras intercambiar un par de palabras con su intérprete, contesta:

—Antes que nada, arigatō gozaimasu. La verdad es que no pienso mucho en mi identidad. Para mí, soy quien soy y soy como me han criado. No sé, la gente me dice que me comporto de forma un tanto japonesa, así que supongo que tengo eso… Pero aparte… creo que mi tenis no es muy japonés…

Tras la intervención del intérprete en japonés, el periodista se aventura a hacer otra pregunta, pero le cortan en seco: “Ya es suficiente”.

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La tenista japonesa Naomi Osaka. Fotografía por © Chantal Anderson

La tenista está, ahora, en el segundo puesto del ránking mundial de la ATP. Pero también fue la primera jugadora asiática en llegar al número uno, que se dice pronto. Un logro histórico que aún no se ha visto en la categoría masculina, en la que Kei Nishikori (posiblemente el mejor tenista japonés de la historia) ha llegado al 4to puesto como récord personal. Osaka es ahora mismo la representante y la vanguardia de Japón en tenis a nivel mundial con apenas 21 años.

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Sin embargo, Osaka también cuenta con una peculiaridad que Nishikori no tiene: su doble nacionalidad japonesa-estadounidense. Porque sí, su madre es japonesa, pero su padre es de Haití. ¿Qué tiene que ver Haití con Estados Unidos? Normalmente no mucho, pero cuando tenía tres años su familia se mudó a Nueva York y fue allí donde comenzó su interés por el tenis. Es, también, la razón por la que habla inglés y chapurrea el japonés. Cuando cumpla 22 años, se espera que Osaka tome una decisión en cuanto a su doble nacionalidad: puede renunciar a la japonesa, a la estadounidense, o puede colarse en un vacío legal y mantener ambas. Eso sí, sea cual sea la decisión, seguro que dará mucho que hablar en ambos lados de la pista.

Debito Arudou, del periódico The Japan Times, dice que cuando alguien con “raíces japonesas” triunfa, desde Japón se les reclama como japoneses. Y acuña un término para ello: Nippon-claiming, o “atribuir sus hazañas a su identidad japonesa”. Si no triunfan, el concepto es otro con un nombre parecido, pero un significado opuesto: Nippon-blaming. ¿Pero estamos realmente ante una cuestión tan bipolar, tan excesivamente superficial y sin escalas de gris?

Kuni Miyake, también de The Japan Times, dice lo siguiente sobre Osaka:

“[…] He aquí una característica de los japoneses. Puedo notar la diferencia. Modestia, educación, honestidad y humildad. Con estos atributos representa de verdad Osaka a Japón, aunque aún siga intentando hablar su idioma materno de forma fluida. El mundo del tenis está repleto de campeonas arrogantes, egoístas y estrictas, pero Osaka no es como ellas.”

Miyake también hace referencia a la necesidad de Japón de adoptar el sistema de doble ciudadanía, ya que se arriesga a perder a deportistas con el talento de Osaka si fuerza su elección entre un país u otro. Sorprende, por cierto, la distinción de Osaka del resto de tenistas profesionales por su “modestia, educación, honestidad y humildad”, rasgos que la autora afirma como característicos de los japoneses.

Pero, ¿es Osaka fruto de tantos debates porque es la excepción a la norma? ¿O existen otros deportistas destacados con doble nacionalidad o, al menos, padres con diferentes nacionalidades? Pues sí. Es más: varios atletas que suponen una revolución deportiva a nivel nacional tienen esto mismo en común.

  • Louis/Rui Hachimura, de madre japonesa y de padre beninés. Quizá el caso más popular junto a Osaka. Juega al baloncesto, tiene 21 años y es el primer jugador japonés en ser drafteado para jugar en la NBA (en el puesto número 9, además).
  • Abdul Hakim Sani Brown, de madre japonesa y de padre ghanés. Con tan solo 20 años, es el atleta que alberga actualmente el récord de los 100 metros lisos en Japón: 9.97 segundos.
  • Louis Okoye / Rui Okoe, de madre japonesa y de padre nigeriano. Tiene 21 años y juega en Japón como jardinero (una posición de béisbol) para los Tohoku Rakuten Golden Eagles de la Nippon Professional Baseball.
  • Airi Miyabe, de madre japonesa y de padre nigeriano. Tiene 20 años y entró a formar parte de la selección japonesa de voleibol con tan solo 16 tras ganar el campeonato nacional de institutos.

Todos estos deportistas son, o atletas que marcan tendencia en su deporte, o bien referentes para un público más joven. Y es que no son, ni mucho menos, los únicos atletas interraciales que hay en Japón, pero cada vez representan de forma más visible a una minoría que genera admiración y debate a partes iguales. Pero, ¿cómo han vivido eso de ser hāfu en Japón?

Rui Hachimura habló hace casi un año con Bleacher Report, un medio estadounidense, sobre su experiencia como jugador de baloncesto en un instituto japonés. Hachimura, que había llegado a ser campeón a nivel nacional con este instituto, decía: “Era duro ir a otras partes del país porque no sabían quién era. Me miraban como si fuera un p*to animal o algo así… Fue parte del motivo por el que quería venir a EE.UU.: aquí todo el mundo es diferente y supuse que me vendría bien un entorno así”. También añade: “Me gustó marcharme de Japón. La gente no sabe nada sobre mí aquí, me miran como si fuera una persona negra más. Me sentí de maravilla. Ahora soy un poco más famoso, pero la primera vez que vine aquí, fue algo que me encantó”.

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Rui Hachimura

Aun así, Rui Hachimura representa a la selección japonesa de baloncesto y se ha erigido como su imagen más popular. Hace apenas unos días ha firmado un contrato con Nissin, la compañía japonesa de fideos instantáneos que, junto a Uniqlo, son santo de devoción de cualquier universitario de clase trabajadora. Nissin patrocina tanto a tenistas como Kei Nishikori, Yosuke Watanuki o Naomi Osaka (a quien blanqueó en uno de sus anuncios, pero eso es harina de otro costal), como a eventos deportivos como las mismísimas Olimpiadas de Tokio de 2020.

Además, no todo son penurias para Hachimura con respecto a su país natal: aunque reconoce que ha sufrido comentarios racistas por su color de piel a lo largo de toda su vida, también está orgulloso de su doble identidad como japonés y beninés: Sabe que hay niños con una mitad africana y otra mitad japonesa que le ven y siguen sus hazañas en el mundo del deporte. Hachimura quiere erigirse como un referente para todos aquellos niños y niñas que, al igual que él, han sufrido y sufren racismo, discriminación y problemas de identidad en su día a día.

Por último, resulta apropiado citar aquí un tuit de la periodista Shoko Egawa de 2018, redactado durante los Juegos Olímpicos de Pieonchang. Este tuit es una crítica dirigida a los comentaristas japoneses durante su retransmisión de la final de patinaje artístico:

“Comentaristas, no digáis “¡Japón es maravilloso!”, sino “¡(Yuzuru) Hanyu es maravilloso! ¡(Shōma) Uno es maravilloso!”.

No es “kawaii” todo lo que brilla: sexismo en nombre de lo “cute”

¬ Pokepasmón

A estas alturas de la película, dudo mucho que la idea de que el capitalismo y las instituciones pueden apoderarse y mercantilizar hasta la corriente cultural más opuesta a sus intereses sea algo que únicamente afirmen desde posiciones de izquierdas. De hecho, lo que probablemente pueda definir en buena parte el posicionamiento en el espectro político de un individuo, es precisamente la justificación o la oposición a este hecho, pero no su cuestionamiento como una realidad. El comunismo, el feminismo radical, el anarquismo, el ecologismo… todo puede ser banalizado y convertido en una mercancía más preparada para ser vendida a aquellos que, o bien no comparten estas causas, o no las han entendido, o las han entendido más bien regular.

Este spot de Nike es un ejemplo claro de mercantilización del feminismo

Incluir la idea de kawaii entre las corrientes contraculturales que han sido ferozmente mercantilizadas no sería un error, aunque sí lo sería equipararlo a nivel político y teórico a las mencionadas en el párrafo anterior. Hablar de lo kawaii como contracultural puede sonar extraño, quizá incluso contradictorio: hoy lo kawaii es más mainstream que nunca. Pero no siempre fue así. El término kawaii evoca, entre otras cuestiones, inmadurez, inocencia e infantilismo. Autoras como Sharon Kinsella (1995) mencionan la relación de lo kawaii (a nivel ideológico y estético), y los posicionamientos de movimientos contraculturales a finales de los 60 llevados a cabo por universitarios japoneses, que buscaban expresar su rechazo a determinados valores e ideas ligadas con el mundo adulto, la universidad y las empresas. Lo kawaii es, entre otras cosas, una alegoría de lo infantil, de la libertad, de la pureza, de la inocencia. Pero también de lo vulnerable, de lo débil y de lo dependiente.

Por una cuestión de extensión, voy a dar por hecho que el lector está más o menos familiarizado con este término, con permiso de aquellos que puedan no conocerlo. A modo de introducción visual: Pikachu, un accesorio de Hello Kitty para el móvil, una tarta de fresa con forma de corazón, la letra de niño pequeño, un gatito jugando, un bebé, un niño ilusionado ante la visita de Papá Noel, un pijama de Totoro, la chirriante voz aguda de una maid en Akihabara, la personalidad de Mikuru en la serie Suzumiya Haruhi… todo esto es kawaii. En palabras de la propia Kinsella, el término hace alusión lo dulce, adorable, inocente, puro, simple, auténtico, vulnerable, débil e inexperto.

Mikuru asahina
Mikuru Asahina, personaje de la serie de novelas, manga y anime titulada Suzumiya Haruhi no Yūutsu

No doy más rodeos. En este artículo quiero simplemente poner algunos ejemplos de la mercantilización y uso propagandístico y político del concepto kawaii, así como señalar la relación que mantiene con la construcción en determinados ámbitos de un modelo de mujer japonesa absolutamente sexista que estimula el deseo y la fantasía masculina. No hay una gran reflexión detrás, pero creo que los ejemplos hablan por sí solos y permitirán que el lector llegue a sus propias conclusiones.

En el ámbito de la política y relaciones internacionales se denomina soft power (o poder blando) a la capacidad que un Estado tiene de mejorar su imagen y alcanzar objetivos a través del uso de medios de carácter cultural o ideológico, generando influencia y ganando atractivo sobre otros países. Lo kawaii, cuya vinculación a lo contracultural acabo de mencionar, es precisamente una herramienta de soft power. El primer ministro Shinzo Abe disfrazado de Super Mario, en un vídeo de promoción de los JJOO de Tokio, en el que aparecen Doraemon y el propio Mario, no es una simple gracieta. Es una estrategia de soft power totalmente estudiada. ¿Hello Kitty, uno de los emblemas de la estética kawaii, nombrada embajadora? Soft power. ¿Esta gata y Pikachu “embajadores” de Osaka? Soft Power. ¿Varios Pokémon “patrocinando” a la selección japonesa durante el Mundial de fútbol de 2014? Soft power del bueno.

Incluso, sin necesidad de acudir al ámbito internacional, existen numerosos ejemplos en los que no voy a profundizar, que constituyen lo kawaii como una herramienta de publicidad, propaganda, marketing o de construcción de identidad. Guillermo Torres trata estas cuestiones con más profundidad, y si estáis interesados en lo mencionado hasta el momento, os recomiendo su artículo La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo.

Pokemon
Imagen promocional de apoyo a la selección japonesa masculina de fútbol para el Mundial de Río de Janeiro de 2014

Allá por 2009, el Gobierno japonés presentó a las tres “Embajadoras Kawaii”. Tres jóvenes escogidas y dirigidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores para cumplir la función de “Comunicadoras de Tendencias de la Cultura Popular Japonesa”, también conocida como la función de “caerle guay a los gaijin y tal”. Entre ellas, la representante de la más que manida imagen de la típica estudiante de secundaria, otra de estilo lolita, y una tercera que fácilmente podríamos imaginar paseando en Harajuku. Las tres expuestas como representantes del estilo (o los estilos) kawaii. Interpretando sus papeles, asumiendo y mostrando personalidades artificiales, con el objetivo de resultar atractivas, y, de paso, perpetuando la idea de una mujer infantil, dócil y altamente valorada en base a cuestiones estéticas (¿alguien ha dicho idols?). Por supuesto, estas tres chicas estaban dirigidas por un equipo de hombres. Dejo a continuación un par de extractos de un artículo de Laura Miller (2011) al respecto:

Uno puede sospechar que el equipo del MOFA (Ministerio de Asuntos Exteriores) no vio la similitud con la explotación global y tráfico de chicas jóvenes cuando crearon a las Embajadoras Kawaii.

Estas encantadoras celebridades cumplen con las normas de género convencionales y refuerzan una juventud femenina (mi mala traducción de girlhood) poco amenazadora.

Embajadoras kawaii
Las tres “Embajadoras Kawaii”, de izquierda a derecha: Fujioka Shizuka, Kimura Yui y Aoki Misako

Akihabara es también un ejemplo de cómo, en este caso desde el sector privado, la purpurina de lo kawaii cubre sectores verdaderamente turbios dentro de la industria del entretenimiento y del sexo. No son pocas las tiendas que, bajo una colorida y llamativa iluminación y carteles en los que se pueden leer términos como “MANGA – ANIME – GAME”, ocultan plantas enteras de pornografía. Es sencillo establecer una relación entre el concepto kawaii y los personajes femeninos que protagonizan en buena parte estas ficciones, ya sea pornografía real o hentai: chicas que al no poder oponer resistencia, son violadas; estudiantes de secundaria con sus uniformes de instituto o amas de casa que, en un ejercicio absoluto de perpetuación de estereotipos tradicionales de roles género, necesitan buscar una aventura ante la falta de atención de su marido. Uno puede pensar que, a fin de cuentas, estas temáticas donde la mujer es proyectada como débil, indefensa, sumisa, infantilizada y ligada al ámbito doméstico están presentes también en la pornografía occidental, en mayor o menor medida: y es innegable.

¿Pero qué ocurre cuando traspasamos la barrera de la simulación de lo infantil y directamente los objetos de deseo resultan ser niñas? Estas tiendas están plagadas de material protagonizado por menores de edad. No hablamos de pornografía en este caso, pero sí de vídeos para adultos donde menores de edad posan de una manera aparentemente inocente, sin llegar a mostrarse desnudas. Al igual que ocurre en el mundo de las idol, menores de edad y todo lo que su infancia o adolescencia representa constituye un valioso material para la fantasía de determinados grupos de hombres. No es este un mercado negro, sino una industria teóricamente, al menos en su nivel más superficial, legal y regulada. La inocencia, la niñez, la dulzura, la debilidad o la actitud inofensiva como características que levantan el deseo sexual: podemos llamarle el erotismo de lo kawaii, si queremos evitar entrar en posicionamientos críticos, y darle un poco de purpurina a la propia purpurina para no llamar a las cosas por su nombre. Blanqueando la herramienta de blanqueo.

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Extracto publicitario de una película para adultos. La protagonista, una joven en un uniforme de secundaria

No nos vayamos de Akihabara. No quiero dedicar tiempo a hablar de hentai y de la representación de la mujer en este género. Creo que cualquier persona con afición por el manga y el anime, independientemente de que sea consumidor o no de hentai, puede conocer aunque sea de manera superficial o hacerse a la idea del papel atribuido a la mujer en este género y las barbaridades que se pueden encontrar. ¿Qué hay de las maid? Jóvenes sonrientes y dulces, disfrazadas de sirvientas que trabajan como camareras y son el principal reclamo de los locales en los que trabajan: los maid cafe. Se comenta por sí solo. Podríamos hablar también de los juegos bishoujo, de las idol (una vez más), o de la cantidad ingente de figuras de merchandising de personajes teóricamente menores de edad absolutamente sexualizados. Sobre la idols sin duda seguiré hablando otro día, ya que es en este ámbito en el que estoy investigando, pero os recomiendo echar un vistazo a las fotos de este tuit. Sí, esas niñas son idols, y los adultos que las acompañan, sus seguidores.

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Niñas idols posando para las fotos de sus seguidores

Voy a coger de nuevo la purpurina para hablar del moe, o el desarrollo de sentimientos por personajes de ficción (o idols), generalmente en los consumidores otaku. Recientemente leía un libro en el que Patrick W. Galbraith, investigador en el ámbito de la cultura pop japonesa (absolutamente recomendable), realiza una serie de entrevistas a otakus, artistas, cosplayers y demás personas dentro del ámbito del manga y anime, en relación a este concepto. Algunos de los casos que menciono en el párrafo anterior son buenos ejemplos de campos y productos de consumo en los que aparecen personajes por los que se genera este sentimiento de moe (excluyo el caso de las niñas idols, porque apenas tengo información sobre ello ni he tenido contacto con ningún seguidor). Sea como sea, uno tiene la sensación de que determinadas personas o colectivos se sienten atacados porque entienden que la sociedad no les permite amar a un ser de ficción. Desde mi punto de vista, el debate no es, o no debería ser ese. No quiero extenderme demasiado, porque ya hablo de este asunto en otro artículo, pero, el centro de la polémica no necesariamente tiene que ver con el acto de amar. El problema está en las características del objeto que es amado y la relación que establece con el consumidor. ¿Qué tipo de personajes son aquellos denominados moe? Suelen ser personajes femeninos categorizados también como kawaii: infantilizadas, de cara aniñada pero también en ocasiones con características físicas de mujer adulta (por ejemplo, los pechos), con una personalidad adorable, inocente, infantil, bondadosa, receptiva, vulnerable, etc. El objeto de deseo (personaje de manga, videojuego, una idol…) no es simplemente una ficción: es una representación de un modelo de feminidad conservador, sexista y que pone a la mujer (o niña) como un mero objeto a disposición de la fantasía del hombre. Una mujer o niña que, a diferencia de las de carne y hueso, no va a llevar la contraria, no va rechistar, no va a enfadarse, porque no es real y no ha sido creada para serlo. Una mujer o niña de lo más kawaii, a entera disposición del consumidor.

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Portada del libro The Moé Manifesto, de Patrick W. Galbraith

Si el punto del debate no es este, por supuesto que es fácil caer en la demagogia y proclamarse adalid de la tolerancia en nombre de una supuesta libertad amorosa y sexual, pero quizá sea hora ya de que más de uno se quite la careta y acepte la realidad: no es solo una cuestión de realidad/ficción, sino de relaciones de género.

Dicho esto, y dejando clara mi posición, no pretendo que este artículo se convierta en un alegato conceptual o ideológico contra lo kawaii como tal, sino una crítica al uso institucional y empresarial de aspectos de ese Cool Japan que reducen a la mujer a un mero instrumento para satisfacer deseos y fantasías masculinas y que esconden detrás de la purpurina kawaii un sexismo feroz, además de, en relación al moe, una llamada a la alerta ante esos demagógicos discursos de la libertad amorosa y sexual que se pueden escuchar de quien defiende las relaciones amorosas con seres de ficción. Si limpiamos la purpurina de lo kawaii y de lo alternativo en ejemplos como los expuestos en este artículo, encontraremos todo lo contrario. Un rancio conservadurismo que es capaz de reinventar su apariencia y sus herramientas pero que, a pesar de las tácticas de blanqueo que pretenden ocultarlo, mantiene el mismo deseo y fantasía de siempre: la subordinación de la mujer.

Algunas fuentes de interés:

Galbraith, P. W. (2014) The Moé Manifesto. Clarendon: Tuttle Publishing

Kinsella, S. (1999). Adult Manga: Prop-establishment Pop-Culture and New Politics in the 1990s. Media, Culture and Society 1999, Vol. 21

Kinsella, S. (1995). Cuties in Japan. Capítulo en Morean, B., Scov, L. (eds.) (1995) Women, media, and consumption in Japan. Curzon & Hawaii University Press, 1995

Miller, L. (2011). Cute Masquerade and the Pimping of Japan. International Journal of Japanese Sociology, vol. 20

Torres, G. (2017). La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo. Ecos de Asia. URL

Imagen de portada © Makoto Aida

Office ladies: las olvidadas de las empresas japonesas

Al pensar en Tokio es fácil que muchas personas proyecten mentalmente la imagen de una multitud de hombres trajeados todos a la par, maletines en mano, andando de aquí para allá, cruzando el famosísimo cruce de Shibuya, subiendo o bajando escaleras mecánicas, entrando en estaciones de tren y de metro, luchando por hacerse hueco en un vagón en horas puntas, yendo a un izakaya o a un karaoke para cumplir con la rígida etiqueta japonesa para después regresar a casa completamente dormidos en el tren. Son los salaryman, hombres que trabajan en empresas a jornada completa y cuyas obligaciones e inconvenientes son cada vez más conocidos fuera de Japón.

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Entre toda esa marea de hombres que llenan las calles, los medios de transporte, las tiendas, los restaurantes y los bares de las principales ciudades japonesas, de vez en cuando, y cada vez con más frecuencia y en mayor número, vemos a una mujer también trajeada que podría parecernos el equivalente a un salaryman, tal vez una salarywoman. Error, en la mayoría de los casos serán offices ladies, mujeres que podrían compararse con las secretarias occidentales. El papel de estas mujeres pasa muchas veces desapercibido, pero no porque sea carente de importancia en la economía japonesa o como ejemplo para estudio sobre la discriminación de la mujeres trabajadoras en Japón, sino porque, una vez más, las mujeres quedan invisibilizadas.

El papel de la mujer está cambiando en algunas partes del mundo, alejándose cada vez más de los preceptos que la obligaban a ser dos cosas en la vida: esposa y madre. Pero cada país, cada cultura, avanza a un ritmo diferente como consecuencia de sus distintos pasados. En Japón todavía está considerablemente arraigado este doble papel que deben acatar las mujeres, y si no deciden hacerlo, sufrirán algún tipo de consecuencia. Lo más normal es que una mujer, acabados sus estudios, se busque un trabajo y lo deje en el momento de casarse. Muchas trabajando solo en puestos de media jornada (arubaitos), pero otras deciden hacerlo a tiempo completo en empresas, convirtiéndose así en office ladies.

Los primeros pasos

El término office lady (abreviado muchas veces como OL) lo acuñó en 1963 la revista Josei Jishin, una revista para mujeres; aunque existía un término aún más peyorativo que dejó de usarse al menos de cara al público: office flowers; que puede recordarnos a nuestro «mujer florero». En su título ya empezamos a percibir la discriminación frente a sus colegas, mientras que ellos son «hombres asalariados», ellas son simplemente «señoritas de oficina».

Las tareas del día a día de una OL son hacer fotocopias, llevar la contabilidad básica, procesar textos, atender llamadas e incluso servir el té y hacer recados fuera de la oficina. Teniendo en cuenta su cometido en la empresa, cabría esperar que estas mujeres carezcan de estudios o sencillamente tenga algún curso relacionado con las tareas de secretariado. Aunque algunas veces está lógica se cumple, lo cierto es que muchas de ellas tienen una carrera universitaria del mismo valor que la de sus compañeros hombres. Pero cuando un hombre y una mujer entran en una empresa no siguen el mismo camino a pesar de tener la misma formación y las mismas capacidades. Los hombres empiezan desde abajo y pueden ir ascendiendo en función a la antigüedad que tengan en la empresa, viendo así incrementado su sueldo. Pero este camino en ascenso está prácticamente vetado para las mujeres, que son dirigidas de forma obligatoria por un camino que se mantiene siempre a la misma altura y cuyo final se percibe no muy lejano.

Las OL no ascienden porque se espera que abandonen la empresa a los pocos años para dedicarse a su marido y a sus hijos. Por esta razón su trabajo no es evaluado y por tanto tampoco reconocido ya que en las políticas de las empresas no se contempla que vayan a ascender. Como consecuencia, en su día a día laboral se pueden percibir importantes discriminaciones que suman un total muy grande: no tienen tarjetas como profesionales, sus sellos son más pequeños que los de sus compañeros, tienen que comer a una hora fija y los hombres no, si una mujer se casa con un hombre de su misma empresa, ella debe dejar su puesto, y la más importante: el sueldo. Al carecer de la posibilidad de un ascenso, tardan muchos más años en ver sus ingresos aumentados. La brecha salarial es desorbitante, habiendo mujeres de 50 años que llevan toda su vida en una empresa y que cobran lo mismo que un hombre que lleva tan solo cuatro años en dicha empresa. Es un sistema que está ideado para usar a las mujeres durante unos años y después desviarlas hacia su verdadero camino como esposas y madres.

A medio camino

Ya hemos visto que las tareas de las OL son las de una secretaria, pero nos quedaríamos cortos si dijésemos que su trabajo se limita a eso. No son solo office ladies, son también offices wives (esposas de oficina) porque algunas llegan a realizar todo tipo de tareas para sus jefes, como comprar regalos para sus clientes o servirles el té a estos últimos. Esta última tarea, la de servir té a clientes de la empresa, es posiblemente la que más detestan las OL porque casi nunca reciben una muestra de agradecimiento ni por parte de sus compañeros ni por la de los clientes de estos, además de tener que recoger las tazas después de que han terminado y de verse obligadas a servirlo siguiendo la estricta jerarquía empresarial japonesa. Es una tarea que además las interrumpe de su verdadero trabajo porque deben acudir a realizarla en el momento en el que se les ordena, no teniendo así ningún control sobre sus tiempos en sus horas laborales.

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Como el sistema está preparado para que la mujer abandone su puesto antes de casarse, aunque existen las bajas por maternidad, tan solo son una formalidad. Si ya es raro que una mujer casada siga trabajando, que pretenda seguir haciéndolo después de tener un hijo lo es todavía más. Cuando una OL coge una baja por maternidad, su puesto no se cubre, por lo que sus compañeras acaban teniendo más trabajo del que les corresponde. Esa mujer será percibida como una persona egoísta por no tomar el camino que debe y perjudicar a sus compañeras, por lo que decidirse a coger una baja de maternidad en Japón es un acto de valor muy grande no exento de consecuencias, pues muchas llegan a sufrir acoso por ello; lo que fomenta así la mala relación entre las mujeres del departamento. Incluso, mientras están embarazadas se las traslada a departamentos con más carga de trabajo; eso, junto a su estado, hace que quieran abandonar definitivamente la empresa. Es una estrategia sucia porque la empresa no quiere, bajo ningún concepto, que una OL coja una baja por maternidad o para la crianza de sus hijos, prefieren que dejen su trabajo y contratar a una mujer soltera.

Por otro lado, a ciertos sectores empresariales de Japón no les interesa que las OL dejen de existir ya que es un grupo que gasta mucho. Pero ¿cómo es posible si su sueldo es mucho más bajo que el de sus compañeros? Porque, en la mayoría de los casos, las OL viven con sus padres y todo el dinero que ganan lo emplean en gastos personales: restaurantes, espectáculos, ropa, objetos e incluso viajes no solo dentro de Japón, sino también al extranjero. Al no tener que pagar facturas ni una hipoteca, tener unos horarios menos sobrecargados que los de sus compañeros y nadie de quien ocuparse, emplean todo su tiempo libre en ocio. Pero también hemos de tener en cuenta que lo hacen así porque son conscientes de que en el momento en el que se casen, está libertad de acción les será arrebatada porque deberán ocuparse de su marido, de criar a sus hijos y de llevar la economía familiar. Para ellas estos años son como unas vacaciones previas a unas obligaciones de las que jamás podrán escapar.

El final de su carrera profesional

El camino de una OL tiene un final cercano y esperado, pero es lógico imaginar que no todas las mujeres quieren casarse y tener hijos, o verse obligadas a dejar su trabajo para hacerlo, aunque la presión social es más fuerte. Muchas mujeres que a ojos de la sociedad japonesa ya deberían estar casadas y siguen trabajando acaban marchándose porque hablan mal de ellas en su entorno laboral. También se cansan de hacer trabajos demasiado sencillos para los que están sobrecualificadas por el gran número de años que llevan en la empresa y que además no son valorados de ninguna manera.

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Que una OL acabará dejando su puesto antes o después es una regla grabada tan a fuego en las empresas japonesas que cuando dejan su puesto porque van a casarse se hace una ceremonia en la oficina para celebrarlo. Si el jefe de alguna OL ve que este momento se está retrasando demasiado en el tiempo, acaban sugiriéndoles que es momento de que abandonen la empresa. Ante tal panorama no es de extrañar que la mayoría acabe sucumbiendo a esas normas que no están escritas pero que son tan fuertes y siguen todavía muy presentes a día de hoy.

Resistencia pasiva

Tras analizar el sinfín de discriminaciones que sufren las OL en sus puestos de trabajo, es lógico preguntarse si realizan algún tipo de queja formal para intentar cambiar su situación. La respuesta es no, al menos de forma directa. Ya sabemos que la sociedad japonesa no está ideada para que sus miembros se muestren especialmente reivindicativos ni combativos, y si se trata de una mujer es todavía más difícil que lleven a cabo una protesta como podríamos concebirla desde una perspectiva occidental. Pero lo cierto es que las OL sí que llevan a cabo actos de resistencia porque son plenamente conscientes de la discriminación que sufren por su sexo. Pero son actos semiocultos e indirectos que podrían pasar desapercibidos ante nuestros ojos si no los analizamos detenidamente y teniendo en cuenta la relación entre las mujeres y los hombres de una empresa y qué papel juega cada uno de forma individual.

Estos actos de resistencia pueden dividirse en dos: actitudes que afectan a la eficiencia de los hombres y actitudes que afectan a la reputación de estos. Una OL puede decidir no ser cooperativa con algún jefe que no la haya tratado bien negándose a tomar la iniciativa de ayudarlo y negando favores. Entre los actos que pueden afectar a la reputación de sus compañeros se encuentran: informar a recursos humanos de su mal comportamiento, hacerles el vacío (sosukan), cotillear sobre ellos y, sorprendentemente, el ritual del Día de San Valentín.

En sus horas libres, las OL solo se relacionan entre ellas, y una de las cosas que hacen es hablar sobre sus compañeros. Se quejan de que algunos son arrogantes y las deshumanizan tratándolas como simples máquinas. También se fijan mucho en si son eficientes o no, pues esto repercute directamente en ellas, cargándolas con más o menos trabajo. Consideran que, al tener unos sueldos bastantes superiores, de vez en cuando deben invitarlas a comer fuera. Todos estos criterios que usan para evaluar a los hombres son fijados por las políticas discriminatorias que sufren. Pero ¿cómo es posible que esto sea un acto de resistencia? Lo es porque estas críticas no quedan entre las OL, sino que se las hacen saber de forma indirecta al hombre en cuestión. Como consecuencia, el superior del hombre criticado entenderá que aún no es apto para un ascenso porque no sabe supervisar a sus subordinadas. Además, cuando una mujer percibe a un hombre como alguien negativo y lo comparte con sus compañeras, esta visión negativa se extrapola a todo el conjunto de OL de la planta y se mostrarán poco cooperativas con él. Toda esta dinámica está tan presente y puede perjudicar tanto a un hombre en su trabajo que hay libros y hasta revistas con secciones dirigidas a ellos con el propósito de entender mejor la psicología de las OL para saber cómo actuar con ellas y que así su comportamiento no les repercuta de forma negativa.

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La celebración de San Valentín en Japón es bastante peculiar; es una tradición occidental que han adaptado y que poco tiene que ver con la original. El 14 de febrero, las mujeres que trabajan en una empresa deben regalarles chocolate a sus compañeros de sección, presente que será devuelto durante el White Day un mes después. Estos chocolates son un medidor de popularidad de los hombres entre las OL de su departamento. Todos reciben algún chocolate, pero a algunos solo les regalan el obligatorio mientras que otros reciben muchos más. ¿Qué quiere decir eso? Cuantos más chocolates reciben, mejor opinión tienen las OL de ese compañero. Pueden ser regalos envenenados si la cantidad de chocolate que reciben es menor, si se lo dan tarde o si el chocolate está roto; este último es un claro mensaje de que no es apreciado entre sus compañeras puesto que no ha sido casual que el chocolate recibido se encuentre en mal estado. Esta celebración es uno de los pocos momentos en los que las mujeres se unen y deciden a quién van a regalar y qué cantidad como forma de protesta. Algo parecido ocurre cuando un hombre es trasladado a otra ciudad por la empresa, las mujeres acostumbran a regalarles flores, pero estas también dependerán de cómo se haya comportado él con sus compañeras a su paso por la empresa. Es bastante significativo que estos regalos que les hacen las mujeres a los hombres, chocolates y flores, no sean cosas que los hombres japoneses (y no japoneses) disfruten y valoren especialmente, sino que son regalos más propios de hacerle a una mujer según las costumbres. Es sin duda una ironía que hayan sido elegidos como medidores de popularidad entre las OL.

Mencionábamos antes el White Day, que se celebra justo un mes después de San Valentín. En este día los hombres del departamento obsequian a sus compañeras con un regalo más valioso que el recibido en San Valentín. Es importante que no se les pase por alto este regalo y que esté bien pensado, pues de lo contrario pueden ganarse mala fama entre las OL, algo que, como hemos visto, no les conviene en absoluto en su carrera hacia el ascenso. Lo irónico de esta situación es que en la mayoría de los casos, durante los días previos al White Day las tiendas se llenan de regalos, pero lo que nos encontramos no son a salaryman escogiendo el obsequio ideal para su compañera, sino a las mujeres de estos. Muchas de las mujeres de estos hombres fueron en su día OL y conocen muy bien las consecuencias de no regalar nada en el White Day, por lo que no desean que a sus maridos les ocurra lo mismo. Las que antes habían protestado pasivamente, ahora deben asumir un papel de apoyo al hombre.

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Todas estas son formas sutiles de resistencia porque se encuentran sin poder alguno y no creen que merezca la pena quejarse más formalmente ya que acabarán dejando la empresa cuando se casen. Tampoco tienen miedo a posibles represalias porque al no tener posibilidad de ascenso, no tienen nada que perder. En su discriminación encuentran puntos a favor para protestar precisamente por ser tratadas injustamente con respecto a los hombres.

Este entorno laboral de la oficina es un territorio muchas veces amenazante y hostil para las mujeres en el que resulta complicado sentirse a gusto porque está ideado para  algún día expulsarlas. Además de verse limitadas a realizar tareas para las que está sobrecualificadas, no son evaluadas ni recompensadas o sancionadas por su trabajo, lo que también es una forma de machismo. Se ven obligadas a ejercer un papel muy similar al de una esposa en un entorno laboral, son acosadas si deciden cogerse bajas de maternidad y no están exentas de los abusos sexuales. La sociedad en la que viven no las anima a llevar a cabo una protesta activa, por lo que se ven limitadas a realizar simples acciones de resistencia que entorpecen el trabajo de sus compañeros, pero que no les reporta mejoras sustanciales en sus condiciones laborales. Todos estos factores hacen que su independencia económica, y con ella su independencia general, se vea limitada a unos pocos años durante la veintena y que después vean el matrimonio como única opción para asegurarse un futuro sin problemas económicos. Pero no solo las OL sufren la discriminación, cualquier mujer que se salga de la norma es castigada por el sistema, y como resultado muy pocas se atreven a salir de este, perpetuando así una maquinaria de injusticias para las mujeres. El mundo está cambiando y Japón, al menos de cara el público, tiene la intención de seguir este cambio, pero la realidad es que aún queda un largo camino para la liberación de las mujeres en un país liderado por hombres.

 

Fotografía de portada: ©Tatsuo Suzuki

Tecnointimidad, amor virtual y minorías sexuales: en la búsqueda de la novia que nunca dice “no”

– Este modelo en concreto es espectacular. Además del reconocimiento de voz y cara, la calidad de sonido es fantástica, y el sensor de movimiento es el más avanzado del mercado. Muy recomendable.

– Me lo llevo.

– ¡Estupendo! ¿Quiere que se lo meta en una bolsa?

– No se preocupe. Si le voy a pedir matrimonio ya mismo.

Aun siendo una imagen paródica y exagerada la situación recreada en este diálogo, es posible que más de uno sepa ya por dónde va a ir el asunto. Recientemente, diversos medios de todo el mundo han publicado la noticia de la ceremonia de boda entre Akihiko Kondo, de 35 años, y un holograma de la idol virtual Miku Hatsune. Se trata de un artículo creado por la compañía Gatebox. Fundamentalmente, el aparato muestra un holograma de, en este caso, Miku Hatsune (16 años), que permite y simula una suerte de interacción “real” a través de diversas funcionalidades, generando la fantasía de que el personaje está vivo. Sin duda el anuncio que podéis ver a continuación, protagonizado por otro personaje virtual del estilo, expone de manera mucho más clara algunas de las funcionalidades de este producto, así como el tipo de “interacción” que propone.

La repercusión de la noticia ha generado reacciones de todo tipo: burlas y mofas, mensajes de apoyo, y críticas feroces. Lo primero que quiero señalar, y que muchos medios omiten, especialmente los no japoneses, es que la boda no tiene un carácter oficial, sino simbólico. Procuraré no caer en valoraciones éticas o morales. Mi intención es que podamos entender un poco mejor este fenómeno, y algunas de sus posibles características o repercusiones en materia de género e identidad sexual. Y difícilmente podríamos lograr esto sin recurrir al concepto de tecnointimidad (Alisson, 2006). El concepto de tecnointimidad alude a la relación que un ser humano establece con un ser virtual, siendo este último entendido como un ente animado, vivo, con sentimientos y también necesitado de ciertos cuidados, atenciones o, en general, colaboración de algún tipo. Es la creación de unos determinados lazos emocionales a través de la interacción con seres ficticios como si estos fueran reales.

Tamagotchi
El tamagotchi es un ejemplo clásico de producto relacionado con el fenómeno de la tecnointimidad. Foto extraída de Flickr.

Por supuesto, hay productos creados específicamente para el establecimiento de este tipo de lazos. Los ejemplos probablemente den mejor cuenta de la idea del concepto que esta escueta definición. Un ejemplo clásico y muy sencillo del que habla Alisson (y que quizá no es lo primero que uno tiene en mente al pensar en esto) es el tamagotchi. El objetivo del juego no es otro que cuidar de ese ser virtual que simula ser una mascota, interactuar con él para que esté bien en la medida de lo posible. El tamagotchi es entendido en cierta medida como una mascota real. Acercándonos ya al caso que sirve de base para este artículo, tenemos los videojuegos de temática amorosa, generalmente novelas gráficas, donde el usuario es convertido en el protagonista de la historia, cuyo objetivo no es otro que ligar interactuando con las “chicas” actractivas: los conocidos como videojuegos bishoujo. ¿Y podríamos hablar de tecnointimidad en el caso de la relación entre los idol otaku y las artistas, si entendemos a estas últimas como actrices hasta cierta medida? ¿Y qué me decís de estas parafernalias de realidad virtual? Echad un vistazo a los vídeos:

Al igual que en el artículo en el que trato la situación laboral en la industria idol, también aquí hay varios puntos de vista desde los que podría ser interesante enfocar el tema. Podemos hablar desde una perspectiva más económica y de consumo, reflexionando sobre la salvaje mercantilización del amor, o enfocar el asunto hacia algunas cuestiones de género y de identidad sexual.  Me planteo dos preguntas: ¿Podemos hablar de una “minoría sexual” constituida por individuos como el protagonista de la noticia? Según varios medios, Akihiko Kondo ha solicitado ser reconocido como parte de una minoría sexual, llegando incluso a compararse como gays y lesbianas, señalando respecto a la cuestión del rechazo por parte de la sociedad que “No está bien, es como si intentaras hacer que un hombre gay tuviese una cita con una chica, o que una mujer lesbiana tuviese una cita con un chico”.  Por otro lado ¿en que lugar puede dejar a la mujer real la naturalización de este tipo de “uniones”? Vamos a ello.

Fueraba Friend to lover
Extracto de Fueraba -Friend to Lover-. Aquí un ejemplo de una novela visual cuyo objetivo es echarse novia.

Primera pregunta, una clásica: ¿en qué está pensando esta persona?, ¿qué puede llevar a alguien a “emparejarse” con un ser virtual? En AcchiKei todavía no dominamos lo de leer mentes, por lo que es imposible responder a esto. Evidentemente cada caso estará condicionado por distintos factores y experiencias. No obstante, permitidme que ponga en relación por un momento el caso Akihiko Kondo con los de algunos idol otakus. Según el diario Asahi Shinbun, Kondo “estaba convencido de que no encontraría a nadie con quien casarse”, mientras que según otros medios, este ha afirmado que le resulta “imposible encontrar una mujer real”. Por su parte, en documentales como Tokyo Idols (2017) o trabajos de investigación como el de Aoyagi (2005), encontramos declaraciones de idol otakus al respecto de estas cuestiones: el caso de un recién divorciado que decide dedicarse en cuerpo y alma a seguir a su idol favorita, así como chicos más jóvenes que aseguran que las relaciones reales son más complicadas, más costosas, traen más problemas, suponen una exposición al rechazo y conllevan un esfuerzo y tiempo que no quieren invertir. Alguno incluso afirma que las mujeres reales están perdiendo la feminidad ideal que las caracterizaba en otros tiempos. No obstante, la fantasía (incluso aunque hablemos en este caso de idols, el tipo de relación establecida no deja de estar construida a través de la fantasía, no es real) es mucho más sencilla y satisfactoria, no trae problemas y encima tienen el “sí” asegurado. Ambos casos están relacionados en tanto que hay una “huida”, una “negación” o un “rechazo” de la posibilidad de mantener una relación amorosa con mujeres reales.

En cualquier caso, lo que parece evidente es que las relaciones de tecnointimidad (en este caso incluyo aquí también las relaciones otaku-idol) suponen una mayor comoidad y seguridad para estos individuos (hablaré de hombres porque no he localizado ningún caso de este estilo protagonizado por una mujer, si bien ya hay algunos artículos con hombres virtuales como protagonistas). ¿Son, por lo tanto, una minoría sexual? Personalmente, y sin ningún ánimo de faltar al respeto, considerarlos como tal me parecería una gran equivocación. Entiendo que es un tema delicado y al mismo tiempo generalizar los casos siempre es peligroso, pero me resulta verdaderamente complicado aceptar como minoría sexual a un grupo de personas cuyo “deseo” hacia entes virtuales nace en muchos casos de un miedo o sentimiento de rechazo respecto a las mujeres reales. Es decir, no se trata simplemente de personas que se sientan atraídas por personajes virtuales o ficticios, sin más. No. Se trata de personas que se sienten atraídas por una serie de proyecciones en forma de personaje femenino que llevan determinadas fantasías, teóricamente irrealizables, al plano “real”, pero a través de seres virtuales cuya “apariencia física” o “forma” entra al 100% dentro de determinados estándares que podemos considerar normativos y que, desde luego, siguen siendo representaciones claras de mujeres (¡o adolescentes!) en el plano de las apariencias, así como de una feminidad generada por y para el hombre. No rechazan el físico de la mujer, no hay un rechazo de los estándares de belleza, no parece haber ningún rechazo sexual hacia la mujer. Lo que hay en muchos casos es un rechazo (o un miedo) al concepto de “mujer real. A la idea esencialista de que las mujeres son por naturaleza de determinadas maneras y que por lo tanto no es posible, o resulta muy tedioso, mantener una relación sentimental satisfactoria con ellas. Salvando las enormes distancias y diferencias en el plano moral entre un, digámoslo con esta palabra, putero, y estos individuos, existe un trasfondo que en numerosas ocasiones es similar: son muchos, en ambos casos, los que consideran que sus alternativas sexuales o afectivas suponen simplemente un camino rápido y sencillo para satisfacer sus deseos, al serles fácilmente accesibles en el mercado. Si la atracción por entes virtuales o ficticios (ya estén representados por mujeres reales o por diseños artificiales) tiene su base en estas cuestiones de rechazo o miedo a la “mujer real”, ¿cómo vamos a considerar a este grupo una minoría sexual equiparable en un sentido político y de identidad a aquellas incluidas dentro del colectivo LGTBI?

Azuma Hikari
Así presenta Gatebox en su web al personaje de Azuma Hikari. Nacida para darte una perfecta experiencia ‘okaeri-nasai’ (algo así como “bienvenido de vuelta a casa”)

Si aceptásemos a este colectivo como minoría sexual, ¿en qué lugar quedaría la mujer? No es ninguna novedad que la industria de la cultura popular japonesa está bien cargadita de machismo, pero veamos este tipo de casos en particular. Estos artefactos como los que podéis ver en los vídeos han sido aceptados por una minoría de hombres  heterosexuales o bisexuales como “sustitutos” afectivos, ya sea total o parcialmente, de las mujeres. Las empresas conocen perfectamente el perfil de consumo y las fantasías de este tipo de consumidores y construyen productos acorde a la demanda (no solo, insisto, en el ámbito de lo tecnológico y lo puramente gráfico, sino también a través de las idol o las meido). Proyectan como “ideal” a una mujer dócil, sumisa, complaciente y que jamás rechazará a su “dueño”. E incluso aunque no fuese así, incluso aunque la personalidad del personaje fuese de otro tipo, siempre estaríamos hablando de personalidades artificiales, idealizadas, alejadas de la realidad y, en un sentido u otro, “perfectas” para el perfil del consumidor. Aquí tiene, mujeres virtuales a la carta. Feminidades virtuales alternativas para que nuestros clientes enfadados con el 50% de la población puedan tener algunas otras opciones donde escoger, mientras nosotros nos lucramos. La mujer perfecta para usted, que jamás le dirá que no y con la que podrá cumplir su fantasía romántica y, ¿por qué no? reproducir estereotipos y adoptar los roles de género más tradicionales de la manera más moderna y actual.

meid
Es innegable que las meido son también una representación de ese tipo de mujer “ideal” sumisa, dócil y servicial. Fotos extraídas de Wikipedia.

No faltan, ni faltarán, las personas que opinen que “pues adelante, si ellos son felices así, está bien”. No puedo estar de acuerdo. Debe llevarse a cabo (y entiendo que una cosa es decirlo, y otra hacerlo) una normalización tanto de la soltería como un estado compatible con una vida plena y feliz, así como del rechazo como algo que puede llegar a ser habitual en muchas etapas de la vida. Sufrir el rechazo de una, de diez, o de cincuenta mujeres no implica que “las mujeres sean…” y que haya que buscar alternativas a ellas. No deberíamos en ningún caso justificar de ningún modo esta esencialización de la mujer que difícilmente podemos desligar de determinados sentimientos derivados en muchos casos de experiencias personales concretas, ni mucho menos el mercado debería poder lucrarse con ello. Por supuesto es interesante también preguntarse por qué tanta gente puede llegar a sentirse así en la sociedad japonesa, y por qué ese miedo o ese supuesto rechazo relativamente habitual en algunos grupos, pero en ningún caso podemos poner el foco del problema en las mujeres como tal.

No obstante, esto ya son cuestiones que dependen de infinidad de factores y que desde luego no tienen una solución a corto plazo. Más allá de la categorización de este fenómeno de amor virtual como algo “curioso”, “bueno” o “malo”, “natural” o “antinatural”, lo verdaderamente preocupante es que el capital manda, y si puede sacar tajada de las fantasías amorosas de quien sea, lo va a hacer. Y si para ello hay que crear “feminidades virtuales”, por denigrantes que sean, que a nadie le quepa duda de que se va a hacer. Las fantasías masculinas heterosexuales son una mina de oro para estas empresas. ¿Mujeres reales? ¿Para qué? Novia virtual a la carta. Y no se admiten devoluciones.