Hablamos con la artista Maya Nukumizu. Superheroínas en un mundo de violencia y psicodelia

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Maya Nukumizu es una artista plástica nacida en Kioto en 1982. Su arte oscila entre una psicodelia pop muy particular que bebe directamente de la estética manga bishojo. Nukumizu retrata a menudo la figura de las chicas adolescentes en la sociedad actual, donde son hipersexualizadas. La artista crea un propio universo que, marcado por la guerra y la violencia, es salvado por heroínas que luchan contra personajes malvados y villanos. Aunque su universo es una creación propia, Nukumizu insiste en que no es tan diferente del mundo en el que vivimos. El horror de la guerra puede brotar en cualquier momento y cualquier lugar, por lo que no conviene olvidar los errores del pasado.
Es discípula del célebre pintor Keiichi Tanaami (1936, Tokio), considerado pionero del pop art en Japón. De él ha aprendido todo lo que hay que saber del arte. Sin embargo, Maya Nukumizu también tiene formación en el campo del diseño y la publicidad. Ha ejercido como profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y ha realizado exposiciones de sus obras también fuera de Japón. Marcas reconocidas internacionalmente han comenzado a fijarse en sus obras y en los últimos tiempos ha realizado trabajos con Adidas, al igual que su maestro Keiichi Tanaami, quien tiene una línea de ropa con dicha marca.

Comenzamos…

¿Cómo fue tu primer contacto con el arte? Tu estilo es muy particular, ¿podrías decirnos de dónde viene? ¿Cómo lo definirías?

M.N.: Mi padre era escultor y por eso teníamos un taller en casa. Para mí, desde pequeña, era habitual el ir a ver exposiciones y museos junto a mi familia. También crecí en un barrio de Kioto, alejado del centro, donde vivían y se reunían artistas de la ciudad. Podría decir que antes de saber lo que era el arte, este ya estaba en mi vida.
Cerca de mi casa, en nuestro barrio, también había una fábrica donde se hacían figuras de series de animación para parques de atracciones. En esta fábrica, los trabajadores leían muchos mangas y luego los dejaban tirados por allí… Yo los iba a buscar a la basura y leerlos en plan ninja. A escondidas. Junto con otros niños del barrio nos colábamos en la fábrica cuando ya no estaban los trabajadores. Lo recuerdo como si fuese hoy y con mucho cariño. Allí descubrí los impactantes mangas de Kazuo Umezu. Por aquel tiempo, cuando estaba en primaria también descubrí el famoso manga shojo Sailor Moon. Era lo más popular del momento y yo, por supuesto, estaba completamente enganchada. En resumen, si hay algo que describe mi infancia es que la pasé con la cabeza metida en los mangas.
Al final de la primaria, todos los niños de la clase tuvimos que escribir lo que queríamos ser de mayores. En mi caso lo tenía muy claro: quería ser artista. Pero no un artista que hiciera cosas clásicas y complicadas. Quería utilizar el estilo sencillo del manga y hacer arte con este.
Ya en secundaria, me pasaba el día copiando los mangas que me gustaban, mejorando mi dibujo. Fue por aquella época cuando decidí que algún día dibujaría mi propio manga. Sin embargo, para hacer un buen manga hace falta una buena historia y una buena estructura, cosa que no se me daba nada bien. Así que decidí abandonar mi sueño de convertirme en mangaka y dedicarme simplemente a dibujar.
Otro de mis mangas favoritos, y que más tiempo pasaba dibujando, era Rurouni Kenshin. Practicaba todos los días, copiando sus dibujos en mi cuaderno. Por alguna razón, me había obsesionado con la forma en la que el mangaka dibujaba los ojos a sus personajes.
Aún hoy no sé por qué tenía esa necesidad tan fuerte de dibujar pero, recuerdo esa energía como si fuese un primer amor, que nunca se olvida. Creo que el origen del deseo de convertirme en artista, proviene de aquellos momentos. He querido crear nuevas formas de expresión, utilizando un estilo manga dentro de mi arte, como cuando estaba en primaria y escribí en la escuela cual era mi sueño de futuro.

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Una de las principales temáticas que trabajas es la de la sexualización de la mujer, representada de una forma muy psicodélica y surrealista.

M.N.: Me considero una persona tímida, algo impaciente e insegura. Siempre he odiado esa parte de mí, esa debilidad. Sin embargo, cuando dibujo o pinto, siento que me vuelvo más fuerte y que nada puede afectarme… Entonces es cuando Marguerite viene a mi mente. Marguerite es un personaje que un día apareció en mi cabeza y materialicé sobre el papel. Marguerite siempre acude a mi rescate para protegerme de todas esas emociones negativas, como si de una superheroína se tratase. Es solo un personaje que inventé pero, por algún motivo, me inspira y me da fuerzas.
Cosas horribles ocurren en el mundo a diario y siento que mi opinión sobre estas depende de aquello que leo en internet y redes sociales. Internet está muy saturado y es un verdadero mar de información. A veces es un lugar divertido. Otras veces, aterrador. Y aquí en este país donde vivo, Japón, Internet es muy poderoso y sofocante. No hay forma de huir de él. Los problemas que tiene la mujer en la sociedad son evidenciados también en internet y están constantemente presentes, por lo que tampoco supone un lugar relajado ni de tregua para nosotras. En internet, como mujer, siempre tengo la sensación de que estar expuesta a los ojos y juicios ajenos y me temo mucho que hay más mujeres a las que le pasa lo mismo.
Parece que no queda otra en esta sociedad en la que vivimos.
Hay muchas de mis obras que representan luchas de personajes femeninos contra supervillanos y monstruos. Es una forma de combatir esta ansiedad e inseguridad mías y quiero que también pueda servir e inspirar fortaleza a otras mujeres en el mundo.

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Marguerite es un personaje recurrente de Maya Nukumizu y suele aparecer cubierta en una sábana y con una aureola sobre su cabeza

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Al igual que tu maestro, el famoso pintor Keiichi Tanaami, trabajas la psicodelia en las composiciones e introducción de elementos y figuras. ¿Estos elementos tienen un significado concreto dentro de tu universo particular?

M.N.: Al maestro Keiichi Tanaami lo conocí por primera vez durante tercero de carrera en un seminario y desde entonces hemos mantenido una gran relación de amistad. No solo es el artista que más ha influenciado mi obra, sino también el maestro al que le debo todo lo que soy ahora. Si no le hubiese llegado a conocer habría terminado convirtiéndome en otra cosa y no en artista. Cada vez que miro las pinturas de Tanaami sensei siento como si estas me hubieran visto crecer y yo hubiese aprendido todo lo que sé de ellas. Definitivamente, su influencia en mi es muy importante.

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Keiichi Tanaami y Maya Nukumizu

La verdad es que no siento que mi obra se enmarque dentro de lo psicodélico. Por ejemplo, cuando uso los rayos de sol que aparecen en la famosa bandera imperial japonesa, lo que intento hacer es entretejer conceptos. ¿Por qué? Por que aunque hoy en día, Japón es un país pacífico y pacifista, adolece una crisis existencial a consecuencia de su pasado. Las tensiones políticas actuales, internas y externas, tampoco ayudan y hacen temer que se desate una nueva guerra. Empleo en mis obras esta bandera como forma de advertir que se trata de un riesgo real y que ciertas conductas que vemos en la actualidad presentan reminiscencias de este fatídico pasado.
Por otro lado, mis personajes están muy influenciados por el estilo del manga, con sus líneas expresivas y el trazo muy marcado. Como he dicho antes, el estilo particular del manga es para mí una herramienta esencial en la creación de mis piezas.
Al mismo tiempo, cuando pienso en cómo tiene que ser la composición de una obra concreta, creo que es cuando sale mi parte de diseñadora profesional. Lo primero que piensa la gente al ver alguna de mis piezas, es que pretendo hacer un juego de equilibrio y contrastes entre colores claros y oscuros. Lo cierto es que a nivel visual se trata precisamente de conseguir eso. Quiero hacer obras que causen impacto en el espectador, que pongan a funcionar sus cerebros y que no sean fácilmente olvidables.
Para mi, hay belleza en ese impacto.

Esta intencionalidad es, por supuesto, también influencia de Tanaami sensei, de quien de alguna manera he heredado su forma de entender el arte y la belleza que hay en este. La verdad, es que por este tipo de cosas, puedo llegar a entender por qué mi obra se considera psicodélica.

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La influencia del manga es evidente en los personajes que representas en tus trabajos. ¿Cuánto influye el manga en tu obra? ¿Tienes algún manga favorito?

M.N.: Influye muchísimo. Cómo he comentado, desde mi infancia mi manga favorito ha sido Sailor Moon. Es un manga conocido en todo el mundo y que marcó una época, como pudo ser Wonder Woman en Estados Unidos. Además, en el caso de Sailor Moon, la protagonista no es la típica heroína que solo se dedica a hacer el bien, sino que tiene un marcado carácter japonés y es muy humana. Es una chica un poco debilucha y torpe, que además se enamora del chico guay de turno. Por lo general, es una chica normal, con un día a día aburrido y ordinario, hasta que se topa con los malos y saca todo su valor y fuerza para combatirlos. Diría que este gusto por los personajes con tanta personalidad y contrastes me viene desde pequeña.
Otros mangas que me gustan y son muy importantes para mí podrían ser, por ejemplo, 14 años 「14歳」de Kazuo Umezu, Mi nombre es Shingo「わたしは真悟」 de Junji Ito o cualquiera de las historias de Suehiro Maruo. Por lo general, me encantan los mangas de terror que son capaces de mezclar lo bello y lo extraño.

 

Si tuvieras que elegir una obra tuya, ¿con cuál te quedarías?.

M.N.: Sin dudarlo me quedaría con mi obra titulada Yellow twins head bomb. Si te fijas, esta obra busca representar la reprochable actitud de algunos países que, con el objetivo de ganar fuerza en tiempos de guerra, son capaces de transformar en una herramienta y en un arma, hasta a una indefensa y vulnerable niña. En cualquier época de la historia y por un sin fin de motivos, los seres humanos siempre hemos cometido el error de buscar excusas para entrar en guerra y hacer atrocidades.
Además, en esta obra, he intentado retratar cómo me sentiría y el horror que experimentaría si estuviese viviendo una guerra de primera mano… (Aunque puede que esta ya haya empezado).

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Has sido profesora en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto y realizas trabajos en el mundo de la publicidad. ¿Cómo es tu experiencia en este campo? ¿Qué ámbito te gusta más?

M.N.: Es una alegría completamente distinta el poder trabajar en publicidad y en multimedia, más allá de los trabajos de pintura en exposiciones y ferias de arte.
Si tu trabajo aparece en la portada de un disco o en la cubierta de un libro llegará a muchas más personas que podrán conocer tu arte. Es una forma de conectar con personas a las que de otra forma no esperarías poder llegar.
La verdad es que nunca he querido quedarme estancada en un solo ámbito. Prefiero no decidirme por ninguno ni ponerme limitaciones.

¿Tienes algún proyecto actual o futuro?

M.N.: El pasado agosto se celebró el SUMMER SONIC 2019, un festival de rock de Tokio. El festival contaba en su programa con SONICART, una iniciativa que daba espacio al arte y me invitaron a hacer un live painting allí.
Próximamente, del 20 al 29 de septiembre, estaré en el espacio 3331 Arts Chiyoda, en Akihabara, para la celebración de WAVE 2019, una exposición colectiva en la participo,
Otros proyectos, están relacionados con la animación. En bastantes ocasiones me invitan países extranjeros como Suiza o Reino Unido, donde he participado en festivales de producción audiovisual. De hecho, justo ahora estoy trabajando en un proyecto de este tipo y me gustaría seguir profundizando en este campo… y en muchos otros.

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Maya Nukumizu posa junto con su live painting en el festival SUMMER SONIC 2019 de Tokio.

Puedes seguir a Maya Nukumizu en su sitio web, Twitter o Instagram.

Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.

No es “kawaii” todo lo que brilla: sexismo en nombre de lo “cute”

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A estas alturas de la película, dudo mucho que la idea de que el capitalismo y las instituciones pueden apoderarse y mercantilizar hasta la corriente cultural más opuesta a sus intereses sea algo que únicamente afirmen desde posiciones de izquierdas. De hecho, lo que probablemente pueda definir en buena parte el posicionamiento en el espectro político de un individuo, es precisamente la justificación o la oposición a este hecho, pero no su cuestionamiento como una realidad. El comunismo, el feminismo radical, el anarquismo, el ecologismo… todo puede ser banalizado y convertido en una mercancía más preparada para ser vendida a aquellos que, o bien no comparten estas causas, o no las han entendido, o las han entendido más bien regular.

Este spot de Nike es un ejemplo claro de mercantilización del feminismo

Incluir la idea de kawaii entre las corrientes contraculturales que han sido ferozmente mercantilizadas no sería un error, aunque sí lo sería equipararlo a nivel político y teórico a las mencionadas en el párrafo anterior. Hablar de lo kawaii como contracultural puede sonar extraño, quizá incluso contradictorio: hoy lo kawaii es más mainstream que nunca. Pero no siempre fue así. El término kawaii evoca, entre otras cuestiones, inmadurez, inocencia e infantilismo. Autoras como Sharon Kinsella (1995) mencionan la relación de lo kawaii (a nivel ideológico y estético), y los posicionamientos de movimientos contraculturales a finales de los 60 llevados a cabo por universitarios japoneses, que buscaban expresar su rechazo a determinados valores e ideas ligadas con el mundo adulto, la universidad y las empresas. Lo kawaii es, entre otras cosas, una alegoría de lo infantil, de la libertad, de la pureza, de la inocencia. Pero también de lo vulnerable, de lo débil y de lo dependiente.

Por una cuestión de extensión, voy a dar por hecho que el lector está más o menos familiarizado con este término, con permiso de aquellos que puedan no conocerlo. A modo de introducción visual: Pikachu, un accesorio de Hello Kitty para el móvil, una tarta de fresa con forma de corazón, la letra de niño pequeño, un gatito jugando, un bebé, un niño ilusionado ante la visita de Papá Noel, un pijama de Totoro, la chirriante voz aguda de una maid en Akihabara, la personalidad de Mikuru en la serie Suzumiya Haruhi… todo esto es kawaii. En palabras de la propia Kinsella, el término hace alusión lo dulce, adorable, inocente, puro, simple, auténtico, vulnerable, débil e inexperto.

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Mikuru Asahina, personaje de la serie de novelas, manga y anime titulada Suzumiya Haruhi no Yūutsu

No doy más rodeos. En este artículo quiero simplemente poner algunos ejemplos de la mercantilización y uso propagandístico y político del concepto kawaii, así como señalar la relación que mantiene con la construcción en determinados ámbitos de un modelo de mujer japonesa absolutamente sexista que estimula el deseo y la fantasía masculina. No hay una gran reflexión detrás, pero creo que los ejemplos hablan por sí solos y permitirán que el lector llegue a sus propias conclusiones.

En el ámbito de la política y relaciones internacionales se denomina soft power (o poder blando) a la capacidad que un Estado tiene de mejorar su imagen y alcanzar objetivos a través del uso de medios de carácter cultural o ideológico, generando influencia y ganando atractivo sobre otros países. Lo kawaii, cuya vinculación a lo contracultural acabo de mencionar, es precisamente una herramienta de soft power. El primer ministro Shinzo Abe disfrazado de Super Mario, en un vídeo de promoción de los JJOO de Tokio, en el que aparecen Doraemon y el propio Mario, no es una simple gracieta. Es una estrategia de soft power totalmente estudiada. ¿Hello Kitty, uno de los emblemas de la estética kawaii, nombrada embajadora? Soft power. ¿Esta gata y Pikachu “embajadores” de Osaka? Soft Power. ¿Varios Pokémon “patrocinando” a la selección japonesa durante el Mundial de fútbol de 2014? Soft power del bueno.

Incluso, sin necesidad de acudir al ámbito internacional, existen numerosos ejemplos en los que no voy a profundizar, que constituyen lo kawaii como una herramienta de publicidad, propaganda, marketing o de construcción de identidad. Guillermo Torres trata estas cuestiones con más profundidad, y si estáis interesados en lo mencionado hasta el momento, os recomiendo su artículo La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo.

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Imagen promocional de apoyo a la selección japonesa masculina de fútbol para el Mundial de Río de Janeiro de 2014

Allá por 2009, el Gobierno japonés presentó a las tres “Embajadoras Kawaii”. Tres jóvenes escogidas y dirigidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores para cumplir la función de “Comunicadoras de Tendencias de la Cultura Popular Japonesa”, también conocida como la función de “caerle guay a los gaijin y tal”. Entre ellas, la representante de la más que manida imagen de la típica estudiante de secundaria, otra de estilo lolita, y una tercera que fácilmente podríamos imaginar paseando en Harajuku. Las tres expuestas como representantes del estilo (o los estilos) kawaii. Interpretando sus papeles, asumiendo y mostrando personalidades artificiales, con el objetivo de resultar atractivas, y, de paso, perpetuando la idea de una mujer infantil, dócil y altamente valorada en base a cuestiones estéticas (¿alguien ha dicho idols?). Por supuesto, estas tres chicas estaban dirigidas por un equipo de hombres. Dejo a continuación un par de extractos de un artículo de Laura Miller (2011) al respecto:

Uno puede sospechar que el equipo del MOFA (Ministerio de Asuntos Exteriores) no vio la similitud con la explotación global y tráfico de chicas jóvenes cuando crearon a las Embajadoras Kawaii.

Estas encantadoras celebridades cumplen con las normas de género convencionales y refuerzan una juventud femenina (mi mala traducción de girlhood) poco amenazadora.

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Las tres “Embajadoras Kawaii”, de izquierda a derecha: Fujioka Shizuka, Kimura Yui y Aoki Misako

Akihabara es también un ejemplo de cómo, en este caso desde el sector privado, la purpurina de lo kawaii cubre sectores verdaderamente turbios dentro de la industria del entretenimiento y del sexo. No son pocas las tiendas que, bajo una colorida y llamativa iluminación y carteles en los que se pueden leer términos como “MANGA – ANIME – GAME”, ocultan plantas enteras de pornografía. Es sencillo establecer una relación entre el concepto kawaii y los personajes femeninos que protagonizan en buena parte estas ficciones, ya sea pornografía real o hentai: chicas que al no poder oponer resistencia, son violadas; estudiantes de secundaria con sus uniformes de instituto o amas de casa que, en un ejercicio absoluto de perpetuación de estereotipos tradicionales de roles género, necesitan buscar una aventura ante la falta de atención de su marido. Uno puede pensar que, a fin de cuentas, estas temáticas donde la mujer es proyectada como débil, indefensa, sumisa, infantilizada y ligada al ámbito doméstico están presentes también en la pornografía occidental, en mayor o menor medida: y es innegable.

¿Pero qué ocurre cuando traspasamos la barrera de la simulación de lo infantil y directamente los objetos de deseo resultan ser niñas? Estas tiendas están plagadas de material protagonizado por menores de edad. No hablamos de pornografía en este caso, pero sí de vídeos para adultos donde menores de edad posan de una manera aparentemente inocente, sin llegar a mostrarse desnudas. Al igual que ocurre en el mundo de las idol, menores de edad y todo lo que su infancia o adolescencia representa constituye un valioso material para la fantasía de determinados grupos de hombres. No es este un mercado negro, sino una industria teóricamente, al menos en su nivel más superficial, legal y regulada. La inocencia, la niñez, la dulzura, la debilidad o la actitud inofensiva como características que levantan el deseo sexual: podemos llamarle el erotismo de lo kawaii, si queremos evitar entrar en posicionamientos críticos, y darle un poco de purpurina a la propia purpurina para no llamar a las cosas por su nombre. Blanqueando la herramienta de blanqueo.

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Extracto publicitario de una película para adultos. La protagonista, una joven en un uniforme de secundaria

No nos vayamos de Akihabara. No quiero dedicar tiempo a hablar de hentai y de la representación de la mujer en este género. Creo que cualquier persona con afición por el manga y el anime, independientemente de que sea consumidor o no de hentai, puede conocer aunque sea de manera superficial o hacerse a la idea del papel atribuido a la mujer en este género y las barbaridades que se pueden encontrar. ¿Qué hay de las maid? Jóvenes sonrientes y dulces, disfrazadas de sirvientas que trabajan como camareras y son el principal reclamo de los locales en los que trabajan: los maid cafe. Se comenta por sí solo. Podríamos hablar también de los juegos bishoujo, de las idol (una vez más), o de la cantidad ingente de figuras de merchandising de personajes teóricamente menores de edad absolutamente sexualizados. Sobre la idols sin duda seguiré hablando otro día, ya que es en este ámbito en el que estoy investigando, pero os recomiendo echar un vistazo a las fotos de este tuit. Sí, esas niñas son idols, y los adultos que las acompañan, sus seguidores.

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Niñas idols posando para las fotos de sus seguidores

Voy a coger de nuevo la purpurina para hablar del moe, o el desarrollo de sentimientos por personajes de ficción (o idols), generalmente en los consumidores otaku. Recientemente leía un libro en el que Patrick W. Galbraith, investigador en el ámbito de la cultura pop japonesa (absolutamente recomendable), realiza una serie de entrevistas a otakus, artistas, cosplayers y demás personas dentro del ámbito del manga y anime, en relación a este concepto. Algunos de los casos que menciono en el párrafo anterior son buenos ejemplos de campos y productos de consumo en los que aparecen personajes por los que se genera este sentimiento de moe (excluyo el caso de las niñas idols, porque apenas tengo información sobre ello ni he tenido contacto con ningún seguidor). Sea como sea, uno tiene la sensación de que determinadas personas o colectivos se sienten atacados porque entienden que la sociedad no les permite amar a un ser de ficción. Desde mi punto de vista, el debate no es, o no debería ser ese. No quiero extenderme demasiado, porque ya hablo de este asunto en otro artículo, pero, el centro de la polémica no necesariamente tiene que ver con el acto de amar. El problema está en las características del objeto que es amado y la relación que establece con el consumidor. ¿Qué tipo de personajes son aquellos denominados moe? Suelen ser personajes femeninos categorizados también como kawaii: infantilizadas, de cara aniñada pero también en ocasiones con características físicas de mujer adulta (por ejemplo, los pechos), con una personalidad adorable, inocente, infantil, bondadosa, receptiva, vulnerable, etc. El objeto de deseo (personaje de manga, videojuego, una idol…) no es simplemente una ficción: es una representación de un modelo de feminidad conservador, sexista y que pone a la mujer (o niña) como un mero objeto a disposición de la fantasía del hombre. Una mujer o niña que, a diferencia de las de carne y hueso, no va a llevar la contraria, no va rechistar, no va a enfadarse, porque no es real y no ha sido creada para serlo. Una mujer o niña de lo más kawaii, a entera disposición del consumidor.

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Portada del libro The Moé Manifesto, de Patrick W. Galbraith

Si el punto del debate no es este, por supuesto que es fácil caer en la demagogia y proclamarse adalid de la tolerancia en nombre de una supuesta libertad amorosa y sexual, pero quizá sea hora ya de que más de uno se quite la careta y acepte la realidad: no es solo una cuestión de realidad/ficción, sino de relaciones de género.

Dicho esto, y dejando clara mi posición, no pretendo que este artículo se convierta en un alegato conceptual o ideológico contra lo kawaii como tal, sino una crítica al uso institucional y empresarial de aspectos de ese Cool Japan que reducen a la mujer a un mero instrumento para satisfacer deseos y fantasías masculinas y que esconden detrás de la purpurina kawaii un sexismo feroz, además de, en relación al moe, una llamada a la alerta ante esos demagógicos discursos de la libertad amorosa y sexual que se pueden escuchar de quien defiende las relaciones amorosas con seres de ficción. Si limpiamos la purpurina de lo kawaii y de lo alternativo en ejemplos como los expuestos en este artículo, encontraremos todo lo contrario. Un rancio conservadurismo que es capaz de reinventar su apariencia y sus herramientas pero que, a pesar de las tácticas de blanqueo que pretenden ocultarlo, mantiene el mismo deseo y fantasía de siempre: la subordinación de la mujer.

Algunas fuentes de interés:

Galbraith, P. W. (2014) The Moé Manifesto. Clarendon: Tuttle Publishing

Kinsella, S. (1999). Adult Manga: Prop-establishment Pop-Culture and New Politics in the 1990s. Media, Culture and Society 1999, Vol. 21

Kinsella, S. (1995). Cuties in Japan. Capítulo en Morean, B., Scov, L. (eds.) (1995) Women, media, and consumption in Japan. Curzon & Hawaii University Press, 1995

Miller, L. (2011). Cute Masquerade and the Pimping of Japan. International Journal of Japanese Sociology, vol. 20

Torres, G. (2017). La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo. Ecos de Asia. URL

Imagen de portada © Makoto Aida