Hasta siempre Ikkō Narahara. Revolución en la fotografía japonesa de posguerra

El pasado 19 de enero nos dejó, a sus 88 años, Ikkō Narahara, uno de los fotógrafos japoneses del blanco y negro más influyentes e importantes dentro de este arte. Nacido en 1931 en Omuta (Prefectura de Fukuoka), el reconocimiento que tuvo en vida fue mundial y su fotografía recorrió el planeta haciendo gala de un particular lenguaje expresionista con el que retrató el trauma de un Japón derrotado. Esto lo hizo de una forma en la que ningún fotógrafo lo había hecho antes, o al menos con una sensibilidad tan peculiar y lejana de lo visceral y explícito que no era común por aquel entonces. Lo inhóspito y lo profundamente desolador filtrado través de una intimidad compleja en un precioso juego que es más de sombras que de luces.

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Un reportaje fotográfico titulado 人間の土地 Ningen no Tochi (Tierra de Humanos, 1956), su primera exposición en solitario, le valió para ganarse el reconocimiento del público y la academia. Esta serie fotográfica funciona como su propia visión del culmen de la belleza en lo vacío, lo solitario y la atmósfera fantasmal de los paisajes volcánicos de las islas de Sakurajima, Hashima o Gunkan-jima (conocida como la Isla de la Guerra). Hace solo un par de años, en 2016, el Photo History Museum FUJIFILM SQUARE, ubicado en el edificio Tokyo Midtown de Roppongi, rindió tributo a Nakahara una exposición sobre fotografía japonesa de posguerra en la que pudo disfrutarse íntegramente de la anteriormente mencionada serie Ningen no Tochi.

En la década de los años 50, tras terminar sus estudios en Derecho en la Universidad de Chuo se sintió libre para hacer lo que realmente le gustaba y comenzó sus estudios sobre Historia del Arte en la Universidad de Waseda. Allí conoció a un grupo de pintores que a los que debe una cierta influencia plástica y compositiva que se observa en su fotografía. Dicho grupo, al que se unió en 1955 funcionaba bajo el nombre de Jitsuzaisha (Existencia Real) y de este también formaron parte artistas “fluxianos”, como Masuo Ikeda o por ejemplo el pintor Ay-O (Takao Iijima), conocido en el avant-garde japonés como el “Artista del Arcoiris”. Otro de los artistas que formaban parte de Jitsuzaisha era el maestro del conté y la acuarela Tatsuo Ikeda, quien en su particular historia personal es de las pocas personas que han podido decir que fueron pilotos kamikaze y que sobrevivieron para contarlo. Las ilustraciones y pinturas de Ikeda nos hablan de lavados de cerebro y traumas, pero sobre todo de los perjuicios de una cultura militarista imperante que tambaleó valores nacionales para usarlos a su favor y atemorizó a su propio pueblo.

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Tras graduarse en Waseda, Narahara fue uno de los fundadores del colectivo independiente VIVO junto con otros célebres fotógrafos como Kikuji Kawada (1933), Shomei Tomatsu (1930-2012) o Eikoh Hosoe. Paradójicamente, este colectivo denominado VIVO, duró solo un par de años y se disolvería en 1961 pero su sentó las bases definitiva de la fotografía japonesa de posguerra y su carácter vanguardista sería una importante y notable influencia para las generaciones posteriores. Narahara y sus compañeros de VIVO consiguieron, a través de una revolución fotográfica y estilística, comunicar la denuncia social y política que muchos jóvenes estimaban tan imprescindible como inevitable. Hijos forzosos del imperialismo y de una nación derrotada, se sentían una generación de jóvenes en conflicto consigo mismo, a quienes cuya identidad les había sido moldeada a base de engaños para luego ser abandonada por unos y secuestrada por otros. La misión de Narahara y los demás fue la de poner voz al pasado y decidir un futuro, pero contando siempre el presente y haciendo uso del arte de vanguardia y como vehículo de reflexión y comunicación. Existencialismo fotógrafico que quiso captar la esencia y el simbolismo del instante pero que no se olvidó de los aspectos formales como el encuadre y la composición. Ahí es nada.

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Tras graduarse en Waseda, Narahara fue uno de los fundadores del colectivo independiente VIVO junto con otros célebres fotógrafos como Kikuji Kawada (1933), Shomei Tomatsu (1930-2012) o Eikoh Hosoe (1933).

Su éxito también fuera Japón, le llevó tierras extranjeras donde también realizó trabajos que para Nakahara fueron algunos de los más importantes de su carrera. La que, en sus palabras, viene a ser su mejor obra es la titulada Where Time Has Vanished, una serie de fotografías realizadas a principios de los años 70 en Estados Unidos y que resultó en una exposición homónima en 1975. Esta exhibición fue una retrospectiva de su obra hasta el momento y contenía una segunda parte, Beyond perspective 1970-2002, en la cual Ikkō Nakahara reunió fotografías más experimentales y cargadas de simbolismo, mostrando así también su entonces tendencia y curiosidad por ciertas cuestiones formales dentro de la fotografía. Narahara experimentaría con imágenes fusionadas con rayos x y todo tipo de efectos visuales. En particular, le interesaba la visión doble, ya que el propio fotógrafo sufrió de esta condición durante su vida. Por este motivo, su último gran trabajo y de carácter muy experimental fue titulado Double Vision – Paris 2000-2002.

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Ikko Narahara llegó a visitar España y quiso conocer un poco de sus costumbres y estilo de vida. Realizó una triple serie fotográfica que reunidas bajo un mismo título resultan en el curioso España Grand Tarde, Fiesta, Vaya con Dios (1969). A España la retrató a través de principalmente tres temáticas: las corridas de toros, el paisaje urbano y la vida rural del país. El costumbrismo de aquí pero filtrado a un estilo que auto importado desde Japón produjo un resultado increíble.

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Narahara fue profesor en la Universidad de Kyūshū Sangyō en Fukuoka y en los últimos años su salud empeoró enteros hasta que tuvo que abandonar prácticamente toda su actividad profesional hasta el final de sus días. Aún así nunca se rindió ni cesó en su compromiso con el arte y con la fotografía. Sus esfuerzos valieron a su persona los más altos reconocimientos al mérito artístico, por parte del gobierno japonés y de instituciones de prestigio de todo el mundo, que admiraron su forma de mirar al mundo. La forma de mirar y de fotografiar de una persona que fue pionera en su tierra en documentar las consecuencias de la guerra desde un punto de vista inusual artístico y arrebatador en lo personal.

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Masanori Ushiki y su diario de ilustraciones surrealistas

¿Quién demonios es Masanori Ushiki y qué me has echado en la bebida? Tranquilo, es cierto que tu Calpis Soda ha sido adulterado, pero el arte de Ushiki ya viene así de fábrica. En concreto de una “fábrica” que en realidad es un estudio en el barrio de Meguro en Tokyo. Masanori, nacido en 1981 oriundo de Niigata, abandonó la costa occidental de Japón para dedicarse por completo a su arte en la capital. En Tokyo terminaría sus estudios de Diseño e Ilustración en la Universidad de Arte de Musashino por allá por 2014 y, tras pasar por muchos trabajos, terminaría por convertirse en un artista cuyas obras han sido expuestas en numerosas galerías dentro y fuera del país. Ushiki ha realizado encargos para importantes empresas como la televisión NHK, Toyota, Converse, Vogue, Red Bull o Medicom Toy, esta última encargada de producir las figuras del famoso artista KAWS.

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Ushiki ha realizado encargos para marcas muy famosas como Converse.
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『Kappa』(2017)

Masanori con su arte pervierte, de una forma muy divertida y disfrutable, todos esos productos culturales procedentes del mainstream y que están muy presentes en los medios y en el subconsciente de las últimas generaciones de jóvenes japoneses. Superhéroes del cómic y del anime, mascotas de marcas populares, todo eso que nos ha influido cuando éramos unos mocosos y a lo que guardamos, muchas veces injustificada e incomprensiblemente, un rinconcito en nuestros kokoros. En definitiva, el arte de Ushiki es un ejercicio nostálgico que repasa y reinventa todo este espectro de residuos culturales que se alojan en nuestras cabezas. Es también la frustración de un espectador que se ve a si mismo bombardeado por referencias cuya interrelación es inesperada o absurda, en lo que representa a su vez el tipo de humor tan particular del que este artista hace gala.

Como estaba diciendo, Ushiki ha pasado por muchos trabajos y es precisamente esta constancia del esfuerzo y el trabajo la que le ha llevado a convertirse en el artista e ilustrador que es hoy día. Este artista japonés, dentro de su proyecto VISITORS ha realizado y publicado, desde agosto de 2016, una ilustración nueva y distinta en un Instagram abierto con este objetivo. No solo es cuestión de mantener activa una cuenta y así crear un flujo de actividad y presencia en las redes que permita que su trabajo sea descubierto por el mayor número de personas posibles. En el caso de Ushiki existe una necesidad del entrenamiento diario pero también de volcar en redes y comunicar a su público la gran cantidad de influencias de las que beben sus ilustraciones. Este proyecto diario de Ushiki, al cual os dejamos un enlace al final del texto, está constituido por retratos de personajes surrealistas que se inspiran en el manga, la ciencia ficción, la cultura popular o tradicional japonesa, así como en la obra y en los estilos de otros artistas a los que admira. Ushiki dice que para este proyecto basta con dedicar máximo una hora de trabajo a cada una de estas ilustraciones, ya que elaborarlas en exceso les haría perder su encanto.

 

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Estéticamente Masanori Ushiki no tiene pérdida. Con un estilo en consonancia con el manga, pero más ágil y desenfadado, últimamente podréis encontrarlo allá donde veais tinta negra sobre blanco. También practica y mucho el mundo del color con una paleta pop-psicodélica muy cercana a la de otros artistas japoneses como, por ejemplo, el mítico Keiichi Tanaami, Maya Nukumizu o Hideyuki Katsumata, por mencionar solo a algunos de sus paisanos. Hay que mencionar que Ushiki es un artista multidisciplinar que, aunque últimamente concentra sus esfuerzos en el diseño gráfico y la ilustración digital, también trabaja técnicas como el grabado y la escultura en madera.

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『young people2』(2017)

Al que le pueda interesar, Ushiki ha publicado recientemente un libro titulado VISITORS, que recoge todo este trabajo diario que hace en Instagram y que es la base de una exposición individual que bajo el mismo nombre ha sido celebrada en Tokyo. Actualmente, podéis disfrutar hasta el 2 de septiembre de esta exposición en Londres, en la Pocko Gallery, en lo que supone el debut del artista en Europa. Podéis encontrar más información en el sitio web de la galería.

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Sitio web.

Instagram de Masanori Ushiki.

Instagram del proyecto diario Visitors.

Podéis comprar su libro de ilustraciones Visitors aquí.

Entrevista a Tatsuo Suzuki. El último gran maestro de la fotografía urbana japonesa

Tatsuo Suzuki es uno de los últimos grandes maestros de la fotografía urbana japonesa. Dentro de este campo y como proyecto personal se especializa en retratos a personas con las que fortuitamente se cruza en la ciudad. Su trabajo de luces y contrastes en blanco y negro, la arriesgada búsqueda de la emoción en las personas o la captura de la casualidad más irrepetible le han llevado a convertirse en un referente actual de este tipo de arte. Comenzó a disparar en 2008. Unos cuantos premios internacionales y un ejercicio de unas 2000 fotos diarias, sin duda, le avalan.

Nace 1965 en Tokyo. Ha dedicado su vida, durante más de 25 años, a su trabajo como sararīman en una empresa, cuya actividad no estaba relacionada en ningún caso con la fotografía. Sin embargo, su amor por este arte no tenía límites y un día decidió abandonar su empresa y dedicarse en cuerpo y alma a lo que realmente le llenaba. Hoy trabaja a tiempo parcial en un arubaito que le ayuda a costear las evidentes necesidades económicas que le exige esta su pasión. También es el responsable y fundador del colectivo de fotografía urbana conocido como Void Tokyo, el más aclamado y respetado del panorama actual del street photography japonés. 

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Tatsuo Suzuki

 

Comencemos.

Llevas relativamente poco tiempo realizando fotografía urbana pero se percibe la composición y el ojo de un fotógrafo maduro y experimentado. Entendiendo que una década es poco tiempo… En qué momento decides pasarte a la street photography. ¿Fue esta un descubrimiento para ti o simplemente algo que nunca te habías parado a probar?

T.S.: En mi caso, yo mismo me he enseñado todo lo que sé de fotografía. Básicamente, he aprendido a fotografiar mientras fotografiaba. Así ha sido hasta ahora y así me gustaría continuar aprendiendo.

El street photography, dicho de forma muy básica, presta atención a situaciones de la vida diaria y al paisaje urbano donde estas se enmarcan. Esto quiere decir que las personas son muy importantes dentro de este tipo de fotografía. Siento que el street photography es la mejor forma de conseguir extraer de las personas su expresión más verdadera y de conocer de qué están realmente hechas. Es algo de lo que me di cuenta después de mi primer año como fotógrafo y por ello siempre andaba buscando esta verdad de la que hablamos.

Ahora, sin embargo, intento buscar una fotografía que esté más en consonancia con mi propio estado emocional del momento. Esto es algo que quiero que se mantenga siendo así y que se convierta en mi forma de vida y aporte personal a la fotografía.

¡De joven tocabas en una banda de punk rock! ¿Cantante? ¿Tiene que ver la filosofía punk con tu manera de entender la fotografía? ¿Cuál es tu banda punk japonesa favorita?

T.S.: Éramos una banda de tres personas y yo hacía de vocalista y guitarra. La música siempre ha ocupado el lugar más importante en mi corazón y así continúa siendo. De alguna forma u otra he querido que este amor por la música también se viera reflejado en mi trabajo como fotógrafo. Definitivamente, la actitud de mi fotografía está muy inspirada en esta tensión y emociones fuertes de géneros musicales como el punk. Dicho de otra forma, esta conexión entre la fotografía y la música tiene que ver mucho con mis propios sentimientos. Es como si con el tipo de fotografía que hago quisiera emular esta capacidad que tiene el punk para provocar emociones fuertes.

Hay muchísimos grupos japoneses que me gustan pero, si nos limitamos a hablar de punk, diría que grupos como Friction, E.D.P.S o Gauze me gustan en particular.

Conseguir la tensión y emoción que persigue tu fotografía y que todos admiramos implica un acercamiento importante al sujeto y a la acción. ¿Este riesgo te ha costado caro alguna vez? ¿Alguna vez te has sentido mal después de fotografiar a alguien sin su permiso?

T.S.: Afortunadamente, por ahora, no he tenido ningún problema realmente importante. No digo que no me haya pasado nada nunca, sino que realmente no he vivido una situación donde mi integridad hubiese estado en peligro.

Tampoco me he arrepentido nunca de nada. En el momento de tomar la fotografía ya estoy tomando la decisión de haber disparado. De hecho, lo que sí me hace darle vueltas a la cabeza y me produce sentimientos de arrepentimiento es no haber disparado en algún momento o situación en concreto.

En cualquier caso, para mí, es verdaderamente importante disparar mucho y de forma continuada. A mí entender, disparando mucho es como te familiarizas con el terreno de la ciudad y vas descubriendo las cosas que resultan ser interesantes. Creo que me sería muy difícil conseguir las fotos que quiero si no trabajase de esta forma.

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¿Has sido censurado alguna vez?

T.S.: No formalmente pero ir por la ciudad haciendo fotografías de esta forma supone que, de vez en cuando, haya personas que llamen a la policía para reportar un comportamiento sospechoso o para obligarnos a borrar las fotos que hemos hecho.

Contra eso no queda otra que resignarse.

¡Hay veces que gente que se me ha enfadado luego ha visto la foto y se la ha pasado! Pero para nada hay garantía de que vaya a tener esa suerte siempre. Es como si la fotografía urbana siempre vaya a tener ese punto de confrontación con la ciudad y sus gentes. Podríamos decir que existe cierta atmósfera de tensión alrededor de este arte.

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¿Te sientes igual de cómodo fotografiando fuera de Japón? Más allá de Japón, ¿qué ciudad tiene las calles que te han hecho sentir más cómodo fotografiando? ¿Has visitado España alguna vez?

T.S.: Estuve haciendo fotos por Alemania e Italia el año pasado pero creo que no son tan buenas ni de cerca de las que hicieron los fotógrafos autóctonos que me acompañaban. Aunque pasé un buen rato recorriendo la ciudad sentí que mis fotografías eran puramente estéticas y superficiales. Quizás sirvan como simples fotografías turísticas. Creo que para poder extraer algo interesante hay que pasar al menos unos cuantos meses en la ciudad hasta poder involucrarte e identificar bien la atmósfera de la ciudad.

¡Nunca he estado en España pero me encantaría ir si alguna vez tengo la oportunidad!

Hay consenso en que Tatsuo Suzuki es un talento de la fotografía urbana pero, ¿cuál dirías tú que es tu punto débil?

T.S.: La verdad es que no sabría decir si tengo talento o no para la fotografía urbana. Lo único que sé es que quiero seguir tirando fotos y que espero conseguir tantas buenas fotografías como pueda.

Quizás mi punto débil es que últimamente me centro mucho en disparar por la zona de Shibuya porque consigo buenos resultados, pero no conozco bien otros sitios de la ciudad. Abrirme hacia otros barrios, hacia otros territorios, es algo que me gustaría hacer. Tengo la esperanza de que así sea capaz de ampliar mi espectro fotográfico en cuanto a temática y conseguir nuevas historias que contar y vivir. Creo que mejorar mi narrativa fotográfica también sería importante y que tengo que buscar inspiración a partir de otras artes como la literatura o el cine.

Eres fundador de Void Tokyo, uno de los colectivos de fotografía urbana de Japón con mayor repercusión en la actualidad. ¿Cuál es la filosofía de este grupo? ¿Cómo surgió la idea de reunir a fotógrafos con los mismos intereses e inquietudes? ¿Qué te aportan los distintos miembros de Void? ¿Es algo profesional y exclusivo o es algo más parecido a una gran familia?

T.S.: Convoqué a los miembros de Void Tokyo por primera vez con la intención de autopublicar un zine de fotografía. Esta era la intención original. Quería que ver las fotografías que me gustaban impresas en papel y sentir que iban a quedar para la posteridad. De alguna forma me había obsesionado con esto de ver las fotos impresas. Vivimos en la era de internet y podemos disfrutar de más cantidad de buenas fotografías pero estas terminan desapareciendo en el horizonte del timeline de las redes sociales. Así la fotografía está dejando de ser interesante, por eso pensé que sería importante volver a la esencia de este arte y permitir que estas fotos de hoy en día sean disfrutadas también en papel.

Además, nuestro Tokyo parece estar sufriendo grandes cambios. Estos cambios son aún más radicales teniendo en cuenta que en 2020 se celebran unos Juegos Olímpicos. El ritmo al que avanzan estos cambios también asusta. La idea es que cada miembro de Void aporte, a través de la fotografía, su perspectiva particular sobre estos acontecimientos. Queremos publicar el antes y el después para poder ofrecer al público esta doble visión sobre Tokyo y que reflexionen sobre los cambios.

Poco a poco vamos recopilando nuestras fotografías con el objetivo de publicar los zines de Void Tokyo. El trabajar juntos hace que nos sirvamos de inspiración los unos a los otros y que compartamos nuestros conocimientos y mejorar juntos. Cada miembro de nuestro colectivo tiene sus propias actividades y su peculiar forma de vivir la fotografía, por lo que el aporte es aún mayor. Fotografiar para publicar, publicar para fotografiar… Siento que es como un ciclo que se retroalimenta.

Con la cercanía de la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de Tokyo 2020, algunos lugares de la ciudad están sufriendo, no sin polémica, un proceso de renovación. Hemos leído sobre cómo el colectivo Void Tokyo quiere dejar constancia de este antes y después de la ciudad. ¿Qué conclusiones crees podremos sacar de estas evidencias? ¿Qué estáis observando ya? Como decís en Void Tokyo: “¿Donde estamos y a dónde vamos?”

T.S.: No sabría decir cuándo podremos publicar nuestro trabajo sobre los cambios que está sufriendo Tokyo con los próximos Juegos Olímpicos de 2020 pero sigo trabajando en ello, fotografiando y editando. Todos los miembros de Void Tokyo estamos trabajando en ello y buscando retratar esta situación. La idea es publicar un zine que hable de este asunto exclusivamente y que recoja el sentir de cada uno de los miembros del colectivo. Tengo la sensación de que será un trabajo que brindará evidencias y que será de gran significancia, pero lo que importa ahora es continuar trabajando para que así sea.

Dónde estamos, a dónde nos dirigimos… Las personas que vivimos en Tokyo a menudo tenemos pensamientos existencialistas y sentimientos así. Por eso, nosotros, desde Void Tokyo nos lo cuestionamos también y queremos desafiar con la mirada todos estos cambios y fotografiarlos para la posteridad.

Tus fotografías muestran de una forma transgresora y cruda el ritmo de vida ajetreado de Tokyo. La tensión, el estrés, la preocupación y otras sensaciones que reflejan los ojos de muchos de tus fotografiados inspira todo esto de forma clara, evidente y directa. Más allá de esta acción, vemos que tu fotografía a veces busca la pausa y el descanso y deja de lado el movimiento. ¿A qué se debe este contraste?

T.S.: Habéis dado en el clavo. Muchas veces la fotografía depende tu estado de ánimo y yo, independientemente de mi estado de ánimo, salgo a fotografiar. A veces simplemente estoy cansado y busco algo de paz y descanso. Entonces aprovecho ese momento para disparar y ver cómo se traduce esto en mi fotografía. Creo que es la forma que tengo para expresar mis sentimientos de forma más directa en la fotografía. Cuando hago este tipo de fotos es como fotografiarme a mí mismo.

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Definitivamente, eres un fotógrafo preocupado por las personas y su vida en la ciudad. ¿Los encuentros con estas personas son siempre fortuitos y ocasionales o han supuesto alguna vez el comienzo de una amistad?

T.S.: Muchas veces se trata de una simple fotografía repentina, otras  de una fotografía accidental y la mayoría de las veces son personas que solo me cruzo una vez en la vida. Hasta ahora no me ha pasado que mi relación con estas personas a las que fotografío por la calle se convirtiese en una de amistad. Es fácil encontrar a mucho ser solitario entre los que se dedican a la fotografía. Quizás por eso salgan a la calle junto a sus cámaras.

¿Habrá Void Tokyo 6? ¿Cuáles son tus planes de futuro como fotógrafo?

T.S.: Queremos publicar Void Tokyo Vol. 6 este verano. ¡Espero que lo disfrutéis mucho!

A nivel personal, estoy esperando la publicación de un photobook que he editado junto a la editorial alemana Steidl. Por otro lado, en mayo estaré en Francia con motivo de una exhibición de mis fotos en el PhotoDoc Festival. Por lo demás, sigo saliendo a la calle a disparar y realizar retratos. Tengo pensado realizar una exhibición y editar un libro con estas estas últimas fotografías que estoy haciendo. Hay que mantenerse activo.

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¡Gracias a Suzuki-sensei por la entrevista! No dudéis en seguirlo a través de su web, Twitter, Instagram.

Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.