Tokio clubbing, pero es 2020…

— Escrito por James Suarez. Trad.: José Fernández

Fotografías por © James Suarez

El año iba a ser 2020. Todo apuntaba a ello… y aún más después haber hospedado con éxito la Rugby World Cup. Tokio parecía más que lista y preparada para recibir y orquestar este verano uno de los eventos deportivos más grandes e importantes del mundo: las Olimpiadas de 2020. Las infraestructuras necesarias estaban listas y en su sitio. Todo en orden y bien colocadito. Se habían hecho los ajustes necesarios. Incluso el gobierno japonés había modificado su calendario de festivos nacionales para adaptarse bien a las fechas durante las que iba a transcurrir el evento. Hasta se habían modificado y aprobado algunas leyes… como lo de fumar en espacios cerrados, que se había prohibido para evitar problemas con la esperada entrada masiva de turistas procedentes de todo el mundo. Entonces viene lo jodido. Una pandemia global aparece y propina al ocio nocturno, con el más potente de sus ganchos, una hostia de las que a uno le cuesta recuperarse.

Tras el encierro el verano se acabó, llevándose por delante, entre otras cosas más importantes, a las famosas Olimpiadas… Pero, ¿qué ha pasado con la fiesta? ¿cómo está siendo el resurgir de la vida nocturna tokiota y la escena clubbing en la capital?

Tokio, agosto de 2020

Junio. Parece que ha pasado una eternidad. El gobierno japonés levantó el estado de emergencia y empezó aflojar con los negocios considerados como no esenciales. La vida urbanita comenzaba a recuperarse. Sin embargo, no salí por ahí de fiesta hasta julio. No pisé un club hasta mediados de ese mes y las fotos que veis aquí las he hecho desde entonces hasta ahora.

Tokio, agosto de 2020

Las discotecas y los bares, aunque con menos ruido y humo del habitual, volvieron a acoger en sus suelos pegajosos a clientes sedientos de alcohol y ritmos electrónicos. Eso sí, bajo medidas estrictas en las que no faltaban controles de temperaturas y maniobras de desinfección. A veces incluso te solicitaban proporcionar datos personales de contacto para advertirte en caso de que se confirmase que algún otro asistente había dado positivo… por covid-19. No me voy a meter en cómo de eficaces eran los métodos que vi. No sabría decir, pero si participando y haciendo lo que me pedían iba a significar más seguridad y que los negocios podrían estar abiertos y no arruinarse, estaba totalmente dispuesto a colaborar en tales procedimientos.

Tokio, agosto de 2020

Para muchos, el mantener la mascarilla mientras se pilla un pedo es prácticamente imposible. Algunos clubes de la ciudad disponían de atentos guardianes (aka. personal de seguridad) que iban a asegurarse de que los fiesteros se colocaran de vuelta la mascarilla sobre sus rostros… inmediatamente después de cada trago a sus respectivas bebidas. Sorbo, mascarilla, sorbo, mascarilla. Pero la noche avanza y la peña cada vez está más borracha. Y la gente borracha se ve que es menos autoconsciente y olvidadiza, por lo que a veces se les olvidaba lo de la mascarilla después de cada ración de vodka (aka. sake). La mitad de las veces terminaba con la escena típica de un grupo de amigos en los que unos pocos gritan a los otros, haciéndose oír como pueden por encima de la música a toda hostia , que se pusieran la mascarilla.

Tokio, julio de 2020

Es verdad que algunos asistentes a estos clubes optan por no usar protección en absoluto. Mascarillas, me refiero. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, poco a poco parece que ha ido calando el mensaje de que la mascarilla va sobre la cara y no sobre otras partes de sus cuerpos.

Tokio, agosto de 2020
Tokio, agosto de 2020

Las multitudes que veo en los clubes nocturnos parecen pertenecer al club privilegiado de ser jóvenes. Personas que, en principio, son más fuertes y resistentes ante esta enfermedad del covid-19. Por otro lado, lo cierto es que todos los garitos y clubes a los que he asistido este verano en Tokio siempre tenían limitación de aforo, básico para evitar que se petaran, y que corriese el aire, procurando la mayor ventilación posible.

Tokio, julio de 2020

Todavía es difícil decir cuál será el futuro que depara a la escena clubbing de Tokio. Siguen siendo momentos extraños y se viven situaciones ambiguas. Lo que yo veo es que las calles cada vez están más ajetreadas a cada fin de semana que pasa y que el ritmo frenético vuelve a ser precisamente eso. Vamos, que los garitos vuelven a estar a tope. Sin embargo, no hay cura del virus a la vista. No sabemos cuándo aparecerá o si es que lo hará pero, una cosa está clara, la “nueva normalidad” ya existe en los clubes de la capital, de esta forma tan peculiar como esperable. Sé que hay muchos países repartidos por el planeta que aún siguen confinados. Lo sé y por eso estoy agradecido de poder estar viviendo la incomodez de la nueva noche de Tokio, por que sea más relevante o menos para el futuro de la humanidad o incluso para la economía global, representa los intentos que estamos haciendo todos por seguir bailando, por seguir adelante. Por mantener la escena viva.

Tokio, agosto de 2020

Ah, y recuerda que, si estás buscando aventuras de alcohol y desenfreno romántico, la monogamía, en estos momentos, es la mejor opción…

Tokio, agosto de 2020

Y llevar mascarilla no tiene porque no haceros sentir fabulosos…

Tokio, agosto de 2020

¡Tampoco el distanciamiento social debería impediros bailar… pero separados, eh!

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online!

Hablamos con Makoto Nagahisa, director del film We Are Little Zombies

Makoto Nagahisa (1984) no solo es un gran director novel, con mucha proyección y futuro, sino que también estamos convencidos de que es uno de los directores más cool y oshares de Japón… y que además es al que mejor le sientan un buen par de coletas. Para muestra, una foto. Antes de llegar al cine ha pasado por el mundo de la publicidad y videoclips (¡incluso con las CHAI!) como realizador y director de arte, es compositor de música chiptune, le apasiona la fotografía e incluso le sobra tiempo para ser padre de dos criaturas. Todo esto con solo 36 años.

Hay que reconocer que estamos hablando aquí de Makoto Nagahisa gracias al éxito de su primer largometraje We Are Little Zombies, pero este director ya venía de ganar el Gran Premio del Jurado en el Sundance Film Festival de 2017 con el cortometraje, basado en ciertos hechos reales acaecidos en Saitama, And So We Put A Fish In The Pool (2016).

We Are Little Zombies es algo así como una orquestada orgía electrónica y nostálgica, muy pensada y minuciosa, donde ningún recurso estético ni narrativo es aleatorio ni accidental. Además, el marketing y carcasa exterior del largometraje esta dispuesto para que bajemos la guardia pensando que venimos a ver otra cosa. Y no lo hace en vano. Cuando ya nos tiene abajo, el producto estaca de manera muy efectiva nuestros corazones, y lo hace con altas dosis de una realidad que además de ser cruda y visceral, se presenta de manera inesperada. Cuatro adolescentes de trece años, sin padres ni futuro, deciden que el mundo es una mierda pero que hay que hacer una banda de música. El problema es que ellos ya no sienten nada. Han sufrido tanto que han perdido hasta la capacidad de sufrir. ¡Pero es que la música es alegoría de la esperanza! ¡Mientras haya música habrá vida! Hikari, Ikuko, Ishi y Takemura, los cuatro protagonistas de este We Are Little Zombies del director Nagahisa se fabrican instrumentos con componentes reciclados y basura, en lo que es una clara metáfora de sus vida, y lo petan con su actitud punk y desenfadada. El resto de la peli, y si recuperan o no la capacidad de sentir, lo descubriréis vosotros cuando esté disponible en España. Por cierto, el largometraje recibió el Premio Especial del Jurado en el Sundance 2019 y su protagonista Keita Ninomiya fue elegido mejor actor en el Festival BACIFI de Buenos Aires. Puede ver en algunos cines virtuales. ¡Os dejamos enlaces al final de la entrevista!

Cartel del largometraje We Are Little Zombies (2019. dir. Makoto Nagahisa)
Trailer del largometraje We Are Little Zombies (2019. dir. Makoto Nagahisa)

La típica pregunta pero reducida al mínimo: ¿cuál es el director japonés que más dirías que te ha influenciado? ¿y la película? ¿y del cine independiente japonés?

Makoto Nagahisa: Mis mayores influencias vienen de un grupo de directores independientes de los años 60, 70 y 80. Se hacían llamar ATG (Art Theatre Guild) y entre sus miembros podías encontrar nombres tan importantes como Nagisa Oshima, Kazuhiko Hasegawa o Shinji Somai. Además de ellos, diría que el celebérrimo Takeshi Kitano y Hideaki Anno, creador de Evangelion, también me han marcado muchísimo. En cuanto a pelis… Muchísimas.

¿De qué rincón de tu cabeza nace la idea de hacer We Are Little Zombies? ¿De dónde viene la inspiración para crear a los cuatro protagonistas y sus historias?

MN: Quería crear una historia que diese esperanza a los adolescentes. La idea surgió en un momento en el que no hacía más que toparme con noticias en la prensa que hablaban sobre adolescentes que cometían suicidio. Sentí que tenía que hacer algo por ellos. Para completar la temática, decidí partir de la base de mis experiencias de niño, expandir mi infancia y adolescencia para crear una historia y contarla a través de los cuatro protagonistas.

¿Por qué ese enfoque en la figura de los niños y adolescentes? ¿Cómo fue tu infancia y qué elementos de tu pasado te han marcado? ¿Hay mucho de tu infancia en el cine que haces?

MN: La forma de sentir y entender la vida que tiene Hikari, el protagonista, es exactamente como la que yo tenía de pequeño. El acoso escolar, la ausencia de padres o la soledad fueron elementos que estuvieron presentes durante mi niñez. Los sentimientos que producen estas situaciones también acompañan a los cuatro personajes de la película. Cada uno de ellos ha experimentado, de una forma u otra, este tipo de vivencias.

Además, tengo dos hijos. A medida que los he ido criando me he podido dar cuenta de cómo los niños tienen mayor capacidad de observación, reflexión e imaginación. Es algo que quiero transmitir en mis películas. Poner en valor esta sensibilidad tan especial que tienen y así protegerla como un bien preciado.

© Makoto Nagahisa sosteniendo la Mención Especial para We Are Little Zombies durante el 69 Berlin Internatonal Film Festival.

¡Hiciste la BSO para We Are Little Zombies!

MN: Sí, aunque hay que mencionar que la banda sonora de We Are Little Zombies la hice junto con Love Spread, un dúo japonés con base en Brooklyn que me encanta. Tenéis que escucharlos.

La banda de “Post J-POP/Bipolar Bitcore” Love Spread está conformada por Ryota y Narumi

La metáfora por la cual las vidas en los videojuegos funcionan como una metáfora de que en la vida tenemos más de una oportunidad para romper con todo y volver a empezar… nos ha parecido sencillamente brillante. Dicha metáfora se hace aún más evidente al final de We Are Little Zombies. Un final que te deja sin aliento. También es curioso que esto, de alguna forma, entra en consonancia con una visión budista de la vida y la reencarnación que no existe en Occidente. ¿Cómo de importante crees que son los videojuegos para los japoneses? ¿Y para ti?

MN: Creo que los videojuegos son muy importantes para muchísimos japoneses y, por supuesto, para mí. Géneros como el RPG y títulos como Dragon Quest o Final Fantasy, con un enfoque muy claro y potente en la narrativa, han sido tutores y dado importantes lecciones de vida a muchas personas.
Muy bien visto por vuestra parte el paralelismo con el budismo. Hay conceptos budistas que me atraen mucho y que de alguna forma he puesto en la película… El acto de renunciar, abandonar, pero aún así mantenerse positivo y optimista.

No solo en el sonido, empleas la estética y narrativa de los videojuegos RPG como vehículo para mover la trama de We Are Little Zombies de forma muy abierta y evidente. ¿Cuál es tu J-RPG favorito?

MN: Mis RPGs japoneses favoritos son Live A Live (1994, Squaresoft), EarthBound (1994, Ape y HAL Laboratory) y las sagas Final Fantasy (Squaresoft) y Dragon Quest (Enix).

El chiptune y los videojuegos son tan importantes en el universo que presenta el film que la edición Blue-ray lanzada en Japón tiene el aspecto de la Game Boy del protagonista

Más allá del mundo del cine, la música y los videojuegos, ¿qué otras artes o disciplinas te interesan?

MN: Estoy preparando la dirección de dos obras de teatro, una para el próximo septiembre y otra en abril de 2021. Además estoy trabajando en un proyecto de animación. Me gustaría también trabajar en algún tipo de evento performativo basado en la experiencia. Mi intención es la de expandir cada vez más el número de áreas de expresión artística que trabajo, de forma que las haga crecer individualmente pero también se alimenten las unas a las otras.

La animación pixel art de la intro es impresionante. ¿Quién está detrás de esto?

MN: Auné esfuerzos con el artista Kazuki Takakura, un pixel artist japonés realmente talentoso. Recomiendo echar un vistazo a su web e Instagram.

El pixel art, presente en muchos elementos de la película, es obra del artista Kazuki Takakura.

¿Has metido alguna vez a un “goldfish” en una piscina? Di la verdad, hahaha. El kingyou, el pez luchador, ¿qué simbolismo se esconde en la figura de los peces?

MN: ¡Nunca he metido uno de estos pececillos en una piscina, jajajaja! Aunque alguna vez se me ha pasado por la cabeza. (Quizás todos los japoneses han querido hacerlo alguna vez).
El kingyo, la carpa dorada, es un símbolo de lo ordinario y corriente de nuestra existencia. Yo lo he usado como metáfora de un estrés que necesita ser paliado, expulsado y calmado… La necesidad de salir de la pecera.
Cuando aparece el precioso pez betta (o pez luchador) la metáfora que quiero expresar es básicamente la misma que con el kingyo, pero añadiendo el componente de la soledad.

Frame del corto And So We Put A Fish In The Pool (2016, dir. Makoto Nagahisa)
Trailer de And So We Put A Fish In The Pool (2016). El cortometraje puede verse completo aquí.

La polémica, los tabúes. Pones de manifiesto muchos asuntos tan delicados como habituales como lo son el suicidio, los traumas infantiles, la orfandad, la depresión… ¿Has recibido críticas por ello? ¿Cómo crees que el público japonés se enfrenta a ser expuestos ante tales temas?

MN: Como en otros países desarrollados, en Japón, el suicidio o la depresión son bastante frecuentes, así que no diría que a estas alturas fueran temas demasiado tabú. En realidad, escuchamos y leemos sobre estas cosas todo el rato en las noticias, casi sin ningún tipo de aprensión. La verdad es que me sorprendió lo delicados e incómodos que pueden llegar a ser estos temas cuando los presentas al público occidental.

En ambas producciones, de una forma u otra, retratas la sociedad japonesa desde tu visión particular y con atención al mundo más joven, lo cual es sin duda una temática universal, sin embargo, ¿te gustaría rodar alguna vez fuera de Japón?

MN: Sí, sería genial poder hacer películas fuera. Mi perspectiva es que es bastante difícil producir películas artísticas aquí en en Japón. (Fue un milagro que consiguiéramos arreglárnoslas para terminar We Are Little Zombies)

Queremos más películas de Makoto Nagahisa… y más música. ¿Estás trabajando en algún proyecto actualmente? ¿Cómo has vivido estos días de la crisis del coronavirus?

MN: He aprovechado para trabajar en muchos scripts durante esta pandemia del covid-19. También fue una buena oportunidad para reflexionar sobre mí, sobre mi familia y sobre lo que estaba pasando en el mundo. Por lo que puede decirse que la situación me ha servido de inspiración. De hecho, la obra de teatro que está prevista para septiembre narra una historia sobre personas que deciden confinarse juntos en una sala de conciertos durante la pandemia del covid-19.
Quiero continuar por este camino de crear y contar historias que miren directamente a nuestra sociedad y sean universales y reflejo de la misma.

¡Gracias a Makoto Nagahisa y Sandra Berghianu por la entrevista! No dudéis en seguir a Makoto Nagahisa a través de su Twitter y web.

VISIONADO ONLINE: littlezombies.oscilloscope.net

EXTRA: Libro de colorear online de We Are Little Zombies.

Crónicas fotográficas del Tokiovid-19

r0040540-1A estas alturas, ya es más que obvio que el koronauirusu コロナウイルス (covid-19) es algo que de una forma u otra está afectando a todo el mundo. Es imposible que Japón, vecino de China y país del cual procede un 40% de su turismo (aportando nada más y nada menos que 1,8 trillones de yenes en 2019) quedase al margen de todo esto. En consecuencia de las medidas de confinamiento se vive una atmósfera extraña en muchos lugares y ciudades del mundo. También en Tokio. Soy James Suarez, miembro de acchiKei y fotógrafo afincado en Tokio, y me gustaría contaros un poco sobre cómo se está viviendo (y como estoy viviendo yo) la pandemia en la capital de Japón, a través de los ojos de alguien que patea las calles haciendo fotos.

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Shinjuku, marzo 2020

Cuando comenzaron a hacerse públicos los primeros casos de coronavirus en Japón, automáticamente un pensamiento común vino a la cabeza de muchas personas: ¿qué va a pasar con las Olimpiadas de Tokyo 2020? Resido en la ciudad y todo el rato, desde el principio, la sensación que tenía era la misma: el gobierno japonés estaba tomando medidas para proteger y salvaguardar este evento. En un primer momento, los casos de contagio en Japón eran muy bajos, mínimos. Japón se alzaba como uno de los países con mejores cifras en el mundo. En ese momento, estoy seguro que muchos os preguntaríais… “¿Cómo demonios están siendo capaces de contener el virus?”

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Shibuya, marzo 2020

Muchas personas creyeron que la causa de esto se debía al habitual uso de mascarillas y el gran control de higiene de los japoneses. Muchas investigaciones relacionadas con el Covid-19 afirman que llevar mascarilla no impide que te contagies, pero sí que puede evitar que contagies a otras personas. Ya sabéis, la empatía japonesa y el respeto hacia los demás.

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Shibuya, abril 2020

Otras personas creyeron que la razón residía en que el gobierno estaba haciendo muy pocos tests, con el propósito de seguir adelante con los las Olimpiadas que iban a celebrarse este verano. Cancelar el evento suponía una situación aún más perjudicial a situación económica actual del país y Abe no iba a pasar por ese aro.

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Shibuya, marzo 2020

Cualquiera que fuera la razón, una vez que las Olimpiadas fueron pospuestas definitivamente, el número de contagiados por coronavirus en Japón subió como la espuma de una Asahi recién abierta y el Primer Ministro Shinzo Abe declaró el kokka-hijou-jitai 国家非常事態… el Estado de Emergencia.

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Shinjuku, finales de marzo 2020
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Shibuya finales de marzo 2020

Sin embargo, Abe refutó enérgicamente el término lockdown, y todo léxico cercano o derivado, mientras que todos los países hablaban en términos de “bloqueo”, “cierre” o “confinamiento”. Abe no quería que la gente se quedase en casa y la economía sufriese las consecuencias. Por ello, no se impidió ir a trabajar, pero sí se pidió a los ciudadanos no salir durante los fines de semana y que estos volvieran a casa después del trabajo, en lugar de salir por las noches a tomar algo. (Fue jodido tener que quedarme en casa y no poder salir durante la temporada de cerezos en flor a darme una vuelta por ahí y disfrutarlos).

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Shibuya, marzo 2020

Estas medidas en pos de mantener la economía en movimiento, fueron vistas como poco éticas y, preocupados por su salud y seguridad, fueron criticadas por la mayoría ciudadanos. Sin embargo, el gobierno hizo oídos sordos y en estos momentos Japón es uno de los países menos restrictivos en cuanto a medidas de confinamiento.

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Akihabara, abril, 2020

Para la mayoría de los salarymen y las office workers/ladies (también conocidas por las siglas OL, como les gusta poner en su perfil de Tinder), su rutina ha seguido igual, aunque eso sí, con los trenes bastante más vacíos que de costumbre. En los vagones, todos los pasajeros visten su mascarilla correspondiente. Todo el mundo las lleva, a pesar de que había falta de stock y que era difícil encontrarlas en muchas tiendas. Quizás, si tu paciencia gaijin te lo permite, podías conseguirlas en tu droguería de confianza, después de esperar unas cuantas horas en una ordenada línea. Luego había que tener suerte de que hubiesen recibido un cargamento de mascarillas y… entonces podías comprar una.

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Línea de tren Chuo, abril, 2020

Los tokiotas han hecho lo posible por respetar la distancia social en los vagones de tren. Esto no siempre se ha conseguido ya que, al fin y al cabo, el vagón permite la capacidad que permite, pero mi experiencia es que todos han hecho por guardar suficiente distancia los unos de los otros. 

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Parque Yoyogi, mayo 2020

He realizado algún pequeño “viaje” al parque Yoyogi en los últimos meses, y me lo he encontrado más concurrido de lo que podía imaginar. Sin restricciones en cuanto al número de veces que puedes salir de casa (a diferencia de otros países) y con la mayoría de bares y tiendas cerradas, este parque es un caramelito para que amigos y familiares puedan disfrutar de un día primaveral.

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Parque Yoyogi, mayo 2020

El parque Yoyogi, no solo un lugar ideal para pasear durante una pandemia, también un buen sitio para echar una buena e íntima cabezadita.

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Ginza, abril 2020

Los típicos sitios donde ir a comprar ropa y que siempre están a rebosar, como Ginza, han estado muy vacíos estos días. Este pobre hombre sin hogar es uno de los pocos testigos que podemos encontrar en la avenida comercial de Ginza. Por una vez, él es el dueño de la calle.

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Una niña se cae de boca al ver que el reloj de la cuenta atrás para las Olimpiadas 2020 ahora marca fecha objetivo 2021. Estación de Tokio, abril 2020

La Estación de Tokio es otro más de los lugares de las ciudad que más gente reúne. Ahora parece más bien una estación fantasma.

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Takeshita-dori, Harajuku, abril 2020

La famosa calle comercial de Takeshita-dori en Harajuku también ha estado muy tranquila. La mayoría de stands de crepes y batidos con tapioca están cerrados. Aún así encontramos algún sitio abierto, por lo que es momento de dar un relajado paseo y comprar alguna cosa típica y digna del turisteo por Tokio.

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Una tienda pop-up vendiendo mascarillas en Ueno, abril 2020

Según pasa el tiempo parece que todo empieza a volver a la normalidad. Vuelve a haber mascarillas disponibles, los casos de contagios son pocos y la gente en general se siente confiada para salir a la calle.

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Estación de Shinjuku, mayo 2020

Durante los últimos meses he vivido Tokio de una forma muy diferente. Es difícil de explicar pero, la atmósfera en la ciudad ha sido bastante extraña e inusual. Al principio no teníamos ni idea de qué pasaba o de si íbamos a estar en alguna forma de confinamiento.  La gente seguía haciendo vida normal, saliendo en las vacaciones de Golden Week y muchos a ver los cerezos en flor.

Cosas tales como las mascarillas, el papel higiénico, el ramen instantáneo… o la harina para tortitas, han estado agotados durante todo este tiempo. Ahora algunos de estos productos comienzan a estar disponibles (No la harina para tortitas. Sigo esperando poder hacer tortitas algún día…tsk). A estas alturas, y como en muchas partes del mundo, ya comienzan a abrir cada vez más de aquellos locales que un día tuvieron que cerrar. También muchas empresas a las que pilló completamente desprevenidas esta situación ya se han ido paulatinamente adaptando a las necesidades del teletrabajo.

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Una anciana durmiendo en su puesto de trabajo en un comercio de Akihabara, abril 2020

Muchas cosas están pasando en Japón durante esta pandemia… lo del incentivo de 100.000 yenes… lo de las polémicas Abe-no-masks. Yo no he recibido ninguna de las dos cosas, así que, aún, no puedo opinar.

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Un salaryman corriendo para llegar a tiempo al tren. Oshiage, marzo 2020

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online! r0033073r0040878r0040182