Tokio clubbing, pero es 2020…

— Escrito por James Suarez. Trad.: José Fernández

Fotografías por © James Suarez

El año iba a ser 2020. Todo apuntaba a ello… y aún más después haber hospedado con éxito la Rugby World Cup. Tokio parecía más que lista y preparada para recibir y orquestar este verano uno de los eventos deportivos más grandes e importantes del mundo: las Olimpiadas de 2020. Las infraestructuras necesarias estaban listas y en su sitio. Todo en orden y bien colocadito. Se habían hecho los ajustes necesarios. Incluso el gobierno japonés había modificado su calendario de festivos nacionales para adaptarse bien a las fechas durante las que iba a transcurrir el evento. Hasta se habían modificado y aprobado algunas leyes… como lo de fumar en espacios cerrados, que se había prohibido para evitar problemas con la esperada entrada masiva de turistas procedentes de todo el mundo. Entonces viene lo jodido. Una pandemia global aparece y propina al ocio nocturno, con el más potente de sus ganchos, una hostia de las que a uno le cuesta recuperarse.

Tras el encierro el verano se acabó, llevándose por delante, entre otras cosas más importantes, a las famosas Olimpiadas… Pero, ¿qué ha pasado con la fiesta? ¿cómo está siendo el resurgir de la vida nocturna tokiota y la escena clubbing en la capital?

Tokio, agosto de 2020

Junio. Parece que ha pasado una eternidad. El gobierno japonés levantó el estado de emergencia y empezó aflojar con los negocios considerados como no esenciales. La vida urbanita comenzaba a recuperarse. Sin embargo, no salí por ahí de fiesta hasta julio. No pisé un club hasta mediados de ese mes y las fotos que veis aquí las he hecho desde entonces hasta ahora.

Tokio, agosto de 2020

Las discotecas y los bares, aunque con menos ruido y humo del habitual, volvieron a acoger en sus suelos pegajosos a clientes sedientos de alcohol y ritmos electrónicos. Eso sí, bajo medidas estrictas en las que no faltaban controles de temperaturas y maniobras de desinfección. A veces incluso te solicitaban proporcionar datos personales de contacto para advertirte en caso de que se confirmase que algún otro asistente había dado positivo… por covid-19. No me voy a meter en cómo de eficaces eran los métodos que vi. No sabría decir, pero si participando y haciendo lo que me pedían iba a significar más seguridad y que los negocios podrían estar abiertos y no arruinarse, estaba totalmente dispuesto a colaborar en tales procedimientos.

Tokio, agosto de 2020

Para muchos, el mantener la mascarilla mientras se pilla un pedo es prácticamente imposible. Algunos clubes de la ciudad disponían de atentos guardianes (aka. personal de seguridad) que iban a asegurarse de que los fiesteros se colocaran de vuelta la mascarilla sobre sus rostros… inmediatamente después de cada trago a sus respectivas bebidas. Sorbo, mascarilla, sorbo, mascarilla. Pero la noche avanza y la peña cada vez está más borracha. Y la gente borracha se ve que es menos autoconsciente y olvidadiza, por lo que a veces se les olvidaba lo de la mascarilla después de cada ración de vodka (aka. sake). La mitad de las veces terminaba con la escena típica de un grupo de amigos en los que unos pocos gritan a los otros, haciéndose oír como pueden por encima de la música a toda hostia , que se pusieran la mascarilla.

Tokio, julio de 2020

Es verdad que algunos asistentes a estos clubes optan por no usar protección en absoluto. Mascarillas, me refiero. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, poco a poco parece que ha ido calando el mensaje de que la mascarilla va sobre la cara y no sobre otras partes de sus cuerpos.

Tokio, agosto de 2020
Tokio, agosto de 2020

Las multitudes que veo en los clubes nocturnos parecen pertenecer al club privilegiado de ser jóvenes. Personas que, en principio, son más fuertes y resistentes ante esta enfermedad del covid-19. Por otro lado, lo cierto es que todos los garitos y clubes a los que he asistido este verano en Tokio siempre tenían limitación de aforo, básico para evitar que se petaran, y que corriese el aire, procurando la mayor ventilación posible.

Tokio, julio de 2020

Todavía es difícil decir cuál será el futuro que depara a la escena clubbing de Tokio. Siguen siendo momentos extraños y se viven situaciones ambiguas. Lo que yo veo es que las calles cada vez están más ajetreadas a cada fin de semana que pasa y que el ritmo frenético vuelve a ser precisamente eso. Vamos, que los garitos vuelven a estar a tope. Sin embargo, no hay cura del virus a la vista. No sabemos cuándo aparecerá o si es que lo hará pero, una cosa está clara, la «nueva normalidad» ya existe en los clubes de la capital, de esta forma tan peculiar como esperable. Sé que hay muchos países repartidos por el planeta que aún siguen confinados. Lo sé y por eso estoy agradecido de poder estar viviendo la incomodez de la nueva noche de Tokio, por que sea más relevante o menos para el futuro de la humanidad o incluso para la economía global, representa los intentos que estamos haciendo todos por seguir bailando, por seguir adelante. Por mantener la escena viva.

Tokio, agosto de 2020

Ah, y recuerda que, si estás buscando aventuras de alcohol y desenfreno romántico, la monogamía, en estos momentos, es la mejor opción…

Tokio, agosto de 2020

Y llevar mascarilla no tiene porque no haceros sentir fabulosos…

Tokio, agosto de 2020

¡Tampoco el distanciamiento social debería impediros bailar… pero separados, eh!

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online!

Crónicas fotográficas del Tokiovid-19

r0040540-1A estas alturas, ya es más que obvio que el koronauirusu コロナウイルス (covid-19) es algo que de una forma u otra está afectando a todo el mundo. Es imposible que Japón, vecino de China y país del cual procede un 40% de su turismo (aportando nada más y nada menos que 1,8 trillones de yenes en 2019) quedase al margen de todo esto. En consecuencia de las medidas de confinamiento se vive una atmósfera extraña en muchos lugares y ciudades del mundo. También en Tokio. Soy James Suarez, miembro de acchiKei y fotógrafo afincado en Tokio, y me gustaría contaros un poco sobre cómo se está viviendo (y como estoy viviendo yo) la pandemia en la capital de Japón, a través de los ojos de alguien que patea las calles haciendo fotos.

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Shinjuku, marzo 2020

Cuando comenzaron a hacerse públicos los primeros casos de coronavirus en Japón, automáticamente un pensamiento común vino a la cabeza de muchas personas: ¿qué va a pasar con las Olimpiadas de Tokyo 2020? Resido en la ciudad y todo el rato, desde el principio, la sensación que tenía era la misma: el gobierno japonés estaba tomando medidas para proteger y salvaguardar este evento. En un primer momento, los casos de contagio en Japón eran muy bajos, mínimos. Japón se alzaba como uno de los países con mejores cifras en el mundo. En ese momento, estoy seguro que muchos os preguntaríais… “¿Cómo demonios están siendo capaces de contener el virus?»

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Shibuya, marzo 2020

Muchas personas creyeron que la causa de esto se debía al habitual uso de mascarillas y el gran control de higiene de los japoneses. Muchas investigaciones relacionadas con el Covid-19 afirman que llevar mascarilla no impide que te contagies, pero sí que puede evitar que contagies a otras personas. Ya sabéis, la empatía japonesa y el respeto hacia los demás.

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Shibuya, abril 2020

Otras personas creyeron que la razón residía en que el gobierno estaba haciendo muy pocos tests, con el propósito de seguir adelante con los las Olimpiadas que iban a celebrarse este verano. Cancelar el evento suponía una situación aún más perjudicial a situación económica actual del país y Abe no iba a pasar por ese aro.

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Shibuya, marzo 2020

Cualquiera que fuera la razón, una vez que las Olimpiadas fueron pospuestas definitivamente, el número de contagiados por coronavirus en Japón subió como la espuma de una Asahi recién abierta y el Primer Ministro Shinzo Abe declaró el kokka-hijou-jitai 国家非常事態… el Estado de Emergencia.

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Shinjuku, finales de marzo 2020
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Shibuya finales de marzo 2020

Sin embargo, Abe refutó enérgicamente el término lockdown, y todo léxico cercano o derivado, mientras que todos los países hablaban en términos de “bloqueo”, “cierre” o “confinamiento”. Abe no quería que la gente se quedase en casa y la economía sufriese las consecuencias. Por ello, no se impidió ir a trabajar, pero sí se pidió a los ciudadanos no salir durante los fines de semana y que estos volvieran a casa después del trabajo, en lugar de salir por las noches a tomar algo. (Fue jodido tener que quedarme en casa y no poder salir durante la temporada de cerezos en flor a darme una vuelta por ahí y disfrutarlos).

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Shibuya, marzo 2020

Estas medidas en pos de mantener la economía en movimiento, fueron vistas como poco éticas y, preocupados por su salud y seguridad, fueron criticadas por la mayoría ciudadanos. Sin embargo, el gobierno hizo oídos sordos y en estos momentos Japón es uno de los países menos restrictivos en cuanto a medidas de confinamiento.

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Akihabara, abril, 2020

Para la mayoría de los salarymen y las office workers/ladies (también conocidas por las siglas OL, como les gusta poner en su perfil de Tinder), su rutina ha seguido igual, aunque eso sí, con los trenes bastante más vacíos que de costumbre. En los vagones, todos los pasajeros visten su mascarilla correspondiente. Todo el mundo las lleva, a pesar de que había falta de stock y que era difícil encontrarlas en muchas tiendas. Quizás, si tu paciencia gaijin te lo permite, podías conseguirlas en tu droguería de confianza, después de esperar unas cuantas horas en una ordenada línea. Luego había que tener suerte de que hubiesen recibido un cargamento de mascarillas y… entonces podías comprar una.

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Línea de tren Chuo, abril, 2020

Los tokiotas han hecho lo posible por respetar la distancia social en los vagones de tren. Esto no siempre se ha conseguido ya que, al fin y al cabo, el vagón permite la capacidad que permite, pero mi experiencia es que todos han hecho por guardar suficiente distancia los unos de los otros. 

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Parque Yoyogi, mayo 2020

He realizado algún pequeño “viaje” al parque Yoyogi en los últimos meses, y me lo he encontrado más concurrido de lo que podía imaginar. Sin restricciones en cuanto al número de veces que puedes salir de casa (a diferencia de otros países) y con la mayoría de bares y tiendas cerradas, este parque es un caramelito para que amigos y familiares puedan disfrutar de un día primaveral.

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Parque Yoyogi, mayo 2020

El parque Yoyogi, no solo un lugar ideal para pasear durante una pandemia, también un buen sitio para echar una buena e íntima cabezadita.

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Ginza, abril 2020

Los típicos sitios donde ir a comprar ropa y que siempre están a rebosar, como Ginza, han estado muy vacíos estos días. Este pobre hombre sin hogar es uno de los pocos testigos que podemos encontrar en la avenida comercial de Ginza. Por una vez, él es el dueño de la calle.

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Una niña se cae de boca al ver que el reloj de la cuenta atrás para las Olimpiadas 2020 ahora marca fecha objetivo 2021. Estación de Tokio, abril 2020

La Estación de Tokio es otro más de los lugares de las ciudad que más gente reúne. Ahora parece más bien una estación fantasma.

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Takeshita-dori, Harajuku, abril 2020

La famosa calle comercial de Takeshita-dori en Harajuku también ha estado muy tranquila. La mayoría de stands de crepes y batidos con tapioca están cerrados. Aún así encontramos algún sitio abierto, por lo que es momento de dar un relajado paseo y comprar alguna cosa típica y digna del turisteo por Tokio.

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Una tienda pop-up vendiendo mascarillas en Ueno, abril 2020

Según pasa el tiempo parece que todo empieza a volver a la normalidad. Vuelve a haber mascarillas disponibles, los casos de contagios son pocos y la gente en general se siente confiada para salir a la calle.

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Estación de Shinjuku, mayo 2020

Durante los últimos meses he vivido Tokio de una forma muy diferente. Es difícil de explicar pero, la atmósfera en la ciudad ha sido bastante extraña e inusual. Al principio no teníamos ni idea de qué pasaba o de si íbamos a estar en alguna forma de confinamiento.  La gente seguía haciendo vida normal, saliendo en las vacaciones de Golden Week y muchos a ver los cerezos en flor.

Cosas tales como las mascarillas, el papel higiénico, el ramen instantáneo… o la harina para tortitas, han estado agotados durante todo este tiempo. Ahora algunos de estos productos comienzan a estar disponibles (No la harina para tortitas. Sigo esperando poder hacer tortitas algún día…tsk). A estas alturas, y como en muchas partes del mundo, ya comienzan a abrir cada vez más de aquellos locales que un día tuvieron que cerrar. También muchas empresas a las que pilló completamente desprevenidas esta situación ya se han ido paulatinamente adaptando a las necesidades del teletrabajo.

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Una anciana durmiendo en su puesto de trabajo en un comercio de Akihabara, abril 2020

Muchas cosas están pasando en Japón durante esta pandemia… lo del incentivo de 100.000 yenes… lo de las polémicas Abe-no-masks. Yo no he recibido ninguna de las dos cosas, así que, aún, no puedo opinar.

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Un salaryman corriendo para llegar a tiempo al tren. Oshiage, marzo 2020

Fotografías por © James Suarez. ¡Podéis seguirme en mi web, Instagram y tienda online! r0033073r0040878r0040182

La tercera edad en Japón. Espacios públicos como espejo de resiliencia y resistencia

Si eras fan del abuelo de Heidi, agárrate que vienen curvas

En los últimos años no paramos de oír cómo las economías desarrolladas son cada vez más viejas. Falta gente joven, y los que hay tampoco parecen caernos muy bien. Hoy nos gustaría hablar de la gente mayor y para ello te proponemos un breve recorrido sobre multiplicidad con la que los ciudadanos japoneses de la tercera edad hacen frente de manera colectiva a su realidad social. Para ello, nos aproximaremos a este sector de la población a través de las personas sin hogar, de modo que podamos comprender mejor el papel que desempeña la tercera edad en base a su elevado grado de actividad sociopolítica en entornos urbanos contemporáneos.
Tokio fue su patio de recreo durante su juventud, y ahora se ha convertido en un entorno de confrontación y solitud. Una ciudad pionera en destinar avenidas al disfrute de las personas una vez a la semana y cuyo eco hace tiempo que dejó de resonar.

Fotografía de portada por © James Suarez, miembro de acchiKei.com.

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© James Suarez

¿Cómo? ¿Que por qué debería importarnos esto?

Después de 2011, Japón comenzó a intensificar notablemente sus esfuerzos para reivindicar su poder económico en el mercado global y mostrarse ante el mundo como un país más atractivo y «guay» (Choo, 2012, 83). El estallido de la burbuja en 1991 dio paso a una recesión económica con repercusiones que todavía permanecen vigentes en la actualidad: incremento en los niveles de desempleo, reestructuraciones corporativas, inestabilidad y precariedad laboral, etc. Esto, a su vez, facilitó un cambio estructural en el modelo de bienestar nipón: matrimonios tardíos, descenso de la de natalidad, un mayor número de suicidios [1] y de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza (Takanami, 2010: 11-16), e incluso un ascenso de la criminalidad en la tercera edad (Hu, 2016). Todo ello, inevitablemente, sustenta la materialización de patologías profundamente arraigadas en las sociedades posindustriales, tales como la soledad, el estrés o la depresión.

En 2018, 36 millones de japoneses tenían 65 años de edad o más. Es decir, el 28% de la población y el 13% de la fuerza de trabajo (Statistics Bureau of Japan, 2019). Consecuentemente, y en vista de la insuficiente mano de obra, el estado japonés muestra dificultades a la hora de proporcionar la cantidad y calidad de cuidados que sus mayores requieren. Asimismo, cabe tener presente el hecho de que muchos ancianos se enfrentan a una pobreza inminente y, esta línea, la Financial Services Agency sugirió en un informe de 2019 que la pareja media de jubilados japoneses deberá ahorrar hasta 20 millones de yenes antes de cumplir 70 años para compensar el déficit en el sistema público de pensiones (Sugiyama, 2019).

A todas luces, la tercera edad representa un grupo clave en el panorama sociopolítico y económico que se desarrolla a medida que el amparo del estado del bienestar japonés se debilita. En este proceso aparecen diferentes dinámicas en los espacios urbanos con las que se hace frente a las dificultades colectivas propias de su generación. Aunque en todas las fiestas hay ginebra, no todos la beben con tónica (el pecado puede estar en todas partes). Y es que, aunque las personas mayores se organizan de manera muy diversa en las calles, solo queremos llamar tu atención sobre cómo dichas actuaciones responden a una dinámica dual entre la resiliencia y la resistencia.

No hablamos de palabras para tatuarnos, sino de la obediencia y desobediencia civil entendidas como una dicotomía que actúa conjunta y sistemáticamente a modo de altavoz y punta de lanza para la tercera edad. Si tenemos que lidiar con un problema, podremos enfadarnos, contenernos, pelear, etc. Como imaginar esto a gran escala y en un contexto sociocultural japonés es algo complicado, sigue leyendo para que no tengas que imaginarte nada.

Resiliencia

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© James Suarez
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© James Suarez
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© James Suarez
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© James Suarez

El estallido de la burbuja a principios de los años noventa trajo consigo un aumento repentino en el número de personas que perdían su hogar. Tras haberse asentado como una superpotencia económica, las autoridades japonesas se mostraron pasivas ante la situación y reaccionaron con lentitud y negligencia. Precisamente esto fue, en gran parte, determinante a la hora de configurar el fuerte estigma que todavía hoy rodea a las personas sin hogar, sumado a las fuertes concepciones culturales en torno al trabajo que predominaban en el Japón de la burbuja. El gobierno únicamente intervino tras recibir presiones desde múltiples frentes y organizaciones sociales (McKirdy, 2019), momento en el que se decidió legislar para garantizar a las personas sin hogar ayuda en la búsqueda de empleo y vivienda, además de permitir su acceso al sistema sanitario.

Estas medidas consiguieron aliviar levemente la situació, pero la problemática no ha desaparecido. De hecho, Advocacy and Research Centre for Homelessness (ARCH) asegura que el número de personas en los 23 distritos de la ciudad de Tokio que vive en la calle ascendía a 2060 en el año 2019; una cifra 2,8 veces mayor a la que muestran los datos facilitados por el Gobierno Metropolitano (Endo, 2020).[2]

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© nhk.or.jp

En vista de los inminentes Juegos Olímpicos, se puso en marcha un plan de acción para ayudar a las personas sin hogar a encontrar trabajo y abandonar la calle. Sin embargo, se han denunciado casos de coacción en los que se instaba a personas sin un hogar al abandono de parques y riberas con el objetivo de no dañar la imagen de la ciudad (NHK, 2019). Sin ir más lejos, en 2016 se procedió a desalojar un parque cerca del que sería el nuevo Estadio Nacional (Kageyama, 2020) sin proporcionar alternativas habitacionales a los perjudicados. De hecho, no resulta complicado encontrar espacios públicos en los que se han instalado señales que prohíben la pernoctación y colocado conos disuasorios en las inmediaciones para disuadir a cualquiera que pretenda dejar sus pertenencias.

El prototipo de persona sin un hogar fijo a menudo ha estado vinculado con aquellas que se ven afectadas por la economía. Sin embargo, el prototipo real se acerca mucho más a personas en especial situación de vulnerabilidad como pueden ser discapacitados y personas con patologías mentales, aunque también a la tercera edad. En un informe publicado en 2017 por el Ministerio de Salud, Empleo y Bienestar se mostraba que un 42,8% de las personas sin hogar en Japón tenían más de 65 años, situando la edad media en 61,5 años (Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, 2017).

Es posible que esta problemática sea perceptiblemente menos acusada en Japón que en otras economías desarrolladas. Se ha sugerido que, en parte, esto podría estar relacionado con un sentimiento de vergüenza: muchas personas sin hogar se sienten avergonzadas y desean guardar las apariencias e intentan mezclarse con la multitud (cuando su economía lo permite) y apartándose discretamente en parques, autopistas, puentes, etc.

Por increíble que parezca la mendicidad está prohibida por ley en Japón, si bien su baja incidencia reside en los sentimientos de los que hablamos. Inaba Tsuyoshi[3] afirma que, tras haber trabajado durante varias décadas, muchas personas sin hogar tienen problemas para verse a sí mismos lejos de la imagen de trabajador. La imposibilidad de continuar aportando a la sociedad facilita favorece que la mendicidad sea percibida como un acto que genera vergüenza en las víctimas y rechazo por parte del grueso de la población. Ya sabes, esas personas que entienden la indigencia como una elección personal (como elegir Pepsi en lugar de Coca-Cola). Incluso si piden dinero, continúa Tsuyoshi, es poco probable que haya demasiada gente que decida colaborar (McKirdy, 2019).

Solicitar alguna de las ayudas sociales disponibles también está conceptualizado negativamente tanto entre los solicitantes potenciales como entre la opinión pública. De hecho, no solo es su existencia ampliamente desconocida por sus posibles beneficiarios, sino que se han registrado casos en los que se confunde a los solicitantes para persuadirlos y evitar que efectúen la solicitud.

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Activistas de edad avanzada apoyando a los protestantes de Hong Kong frente al centro comercial Odakyu en Shinjuku. Octubre de 2019 (© Guillermo T).

Asimismo, las ayudas solo están disponibles para aquellos que puedan demostrar con suficiencia que ninguno de sus parientes puede prestarles respaldo económico, de modo que aquellos con dificultades para costearse su propia vivienda prefieren no exponerse y evitar sentimientos de pudor o causar molestias a sus familias. Es un hecho que la pérdida de contacto con sus familiares es un rasgo característico entre las personas sin hogar, pero es algo todavía más acusado entre la tercera edad. La soledad y el aislamiento se entienden, así, como problemas generacionales además de económicos.

Muchas personas de edad avanzada (pero con buena salud) comenzaron a prestar servicios comunitarios en sus lugares de residencia y barrio. Acciones como el reparto de alimentos o la participación en patrullas nocturnas han ayudado a la hora de gestar un sentimiento de responsabilidad social y colectividad. De esta forma se establecen redes sociales a partir de problemas eminentemente generacionales que son enfrentados desde la colectividad y alejados de la acción individual(ista).

Resistencia

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© James Suarez

Las acciones (o inacciones) de muchas de las personas mayores con frecuencia nacen de la ansiedad y temor por acabar viviendo en la calle. Por ejemplo, los índices de criminalidad nos permiten saber que la proporción de crímenes cometidos por personas mayores de 65 años han aumentado de forma consistente durante los últimos 20 años (BBC, 2019). La razón más evidente está relacionada con el riesgo de pobreza en este sector de la población y el creciente distanciamiento entre ricos y pobres (REF GINI).

Al igual que en España, en Japón es muy poco común que nietos y abuelos convivan bajo un mismo techo. Esto también puede entenderse como un marcador de relevancia para el tema que nos ocupa. La transición del sistema multigeneracional, en el cual los hijos cuidaban de sus padres, hacia uno más nuclear (por tanto, «privado») tuvo un especial impacto entre las personas mayores residentes en áreas rurales. La ausencia de oportunidades en las menos pobladas fomentó el éxodo hacia ciudades más grandes entre los jóvenes, abandonando sus hogares y eliminando de la ecuación la figura del cuidador intrafamiliar e intergeneracional. Dicho esto, el envejecimiento de la población ha conseguido que este cambio tenga a día de hoy mayor peso en entornos urbanos.

La pobreza económica y social ayudan a que las personas de edad avanzada se puedan configurar como un agente de resistencia de carácter colectivista. Quebrantar la ley representa la punta del iceberg del problema, haciendo las veces de advertencia para la incipiente cantidad de ciudadanos que se aproximan a esta franja de edad. Aunque quizá pueda resultar obvio, Michael Newman sugiere que resultaría mucho más ventajoso cuidar de los ancianos directamente y evitar gastos derivados de juicios y encarcelaciones (BBC,2019). Sin embargo, las políticas del gobierno no parecen tener pretensiones que vayan mucho más allá del encubrimiento, dejando entrever que su escasa acción tiene su razón de ser en el miedo a que la imagen pública de la ciudad se vea perjudicada y, por consiguiente, la de sus gobernantes.

Evocando las hordas de señores ataviados con traje y corbata que pueden avistarse en una calurosa mañana de julio cualquiera, parece razonable argumentar que la visión cultural que rodea la actividad laboral en Japón es uno de los factores que toman parte en la conformación de los cimientos de las interacciones de la tercera edad con sus vecindarios y barrios a la hora de afrontar sus casuísticas. En este contexto, aproximarse al grado de implicación y participación política en personas de edad avanzada comprende un enfoque productivo para acceder a la sociedad nipona en términos más globales.

En retrospectiva, y al igual que sucedió en otros países, la generación del baby boom (nacida a finales de los años 40) lideró los movimientos estudiantiles de los años 60 y diversas revueltas sociales[4]. Estas personas, pertenecientes a la conocida como generación Dankai, son a día de hoy miembros de la tercera edad. Las necesidades de esta generación, probablemente la más combativa y políticamente activa desde la IIGM, han cambiado drásticamente de la mano del estancamiento de la economía y la transición demográfica; si bien su substrato ideológico permanece hasta cierto punto uniforme[5].

A menudo protagonizan acciones políticas para presionar al gobierno y que se destinen más recursos económicos y sociales al bienestar de los jubilados. Por otra parte, Yasuo Takao explica que la población japonesa envejece a mayor velocidad en áreas urbanas frente a las zonas rurales, justo al contrario de lo que sucedía hace unas décadas. Esto radica en el éxodo rural del que hablábamos previamente y que tuvo lugar en los años 60 y principios de los 70. Para responder a esto, la política actual de subsidios que ha estado aplicando el gobierno japonés se concentra en zonas urbanas, ajustándose a la creciente demanda de servicios de atención social en las ciudades, aunque sus costes hayan venido incrementándose en las áreas más pobladas y con mayor densidad de población (862-63).

Ahora que llevamos un rato hablando sobre el tema, permíteme poner sobre la mesa la existencia de una transición en las dinámicas de movilización sociopolítica y de convivencia social de un modelo basado en el parentesco y la acción vecinal (chien-ketsuen) hacia el llamado voluntarismo inclusivo (2007). Son muchas las organizaciones que ayudan a definir la línea que siguen estos procesos de acción grupal. Siguiendo nuevamente a Yasuo, podemos mencionar la Nihon Kōreisha Seikatsu Kyōdō Kumiai Rengōkai (Japan Older Persons’ Co-operative Union), que facilita a los ciudadanos de edad avanzada la participación social desde una perspectiva eminentemente inclusiva; la Nihon Sekando Raifu Kyokai (Japan Association of Second-Life Service o JASS Club), una organización que proporciona asistencia a los trabajadores que se retiran/jubilan de una compañía por medio de una red de contactos corporativa; o la Yokusuru Josei no Kai (Women’s Association for Better Aging Society), que ha contribuido ampliamente a desarrollar políticas públicas para la tercera edad desde una perspectiva centrada en la mujer.

Por su parte, en el ámbito electoral, se estima que la tercera edad representará el 33% de los electores para 2025 y el 40% para 2050 a raíz del envejecimiento de la población. Consecuentemente, su capacidad para ejercer presiones políticas y sociales crecerá a medida que la población envejezca (Yasuo, 2009, 855) y su rol en el mapa político nacional será más contundente. Además, si comparamos con generaciones anteriores, las áreas urbanas cuentan con un mayor número proporcional de votantes de la tercera edad propiciado por la buena salud física y mental de la que gozan hoy día las personas mayores. Su buena salud no solo los capacita para ser sujetos enérgicamente políticos, sino que, también, muchos jubilados aplican sus habilidades y conocimientos profesionales para participar en programas de reciclado, control de la polución y otros servicios sociales que tienen como fin último dar asistencia a personas mayores dependientes (2009, 865).

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Guerrillas populares en la plaza subterránea de la salida oeste de la estación de Shinjuku (1969). © throwoutyourbooks.wordpress.org

En términos generacionales, la juventud ha sido entendida comúnmente como un agente de cambio dentro de la sociedad. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto, puesto que muchos movimientos socioculturales y revolucionarios han sido predominantemente intergeneracionales[6] (incluyendo a la tercera edad). Por consiguiente, la creencia popular generalizada de que la tercera edad es inherentemente conservadora no parece ser acertada. De hecho, la generación Dankai se sitúa, por norma general, a la izquierda del espectro político con posiciones relativamente moderadas, a menudo afincadas en el socialismo y de carácter anti-PLD. Todo ello a pesar de haber sufrido un proceso de moderación ideológica repentino tras la llegada de la burbuja económica y el paso a la inactividad política de muchos aquellos que un día fueron jóvenes reivindicativos.[7]

Se ha argumentado que la juventud japonesa es políticamente pasiva y abiertamente ignorante de cara a las problemáticas que les afectarán una vez sean miembros activos de la sociedad adulta (Kotani, 2012). No obstante, y admitiendo esto como parcialmente cierto[8], el caso de la tercera edad es considerablemente distinto, quienes deciden hacer uso de los espacios exteriores de manera directa para movilizarse y ejercer sus reivindicaciones mientras que, en sus coetáneos más jóvenes, predominan otros medios. Estos últimos son susceptibles de canalizar su delicada situación, a caballo entre la soledad y la precariedad, a través de manifestaciones subculturales de sus identidades colectivas.

Durante unas décadas, diversas autoridades locales han implementado políticas de incentivación para conseguir que la participación Dankai favorezca el desarrollo comunitario. Sin embargo, es poco probable que los grupos activos socialmente busquen medidas que saneen su situación a expensas de la juventud (Yasuo, 2009: 870). En otras palabras, la generación Dankai parece mostrar un elevado grado de compromiso intergeneracional extendido, teniendo muy presentes a sus jóvenes.

Por otro lado, puede apreciarse cómo una buena parte de los trabajadores de la generación Dankai muestra distanciamiento del corporativismo cuando llega el momento de su jubilación y prefieren trabajar en el desarrollo de redes ciudadanas no corporativistas que estén centradas en la inclusividad y que intenten ir más allá de los vínculos inmediatos de cada barrio (868-9). O lo que es lo mismo, unirse a asociaciones y grupos para la tercera edad como los mencionados con anterioridad es una tendencia descendiente, posiblemente, debido a que sean percibidas como un conjunto de obligaciones en lugar de acciones voluntarias (ocasionales o no) para el apoyo mutuo.

Este compromiso intergeneracional está relacionado con el uso y concepción de los espacios públicos. En Tokio existe una cantidad irrisoria de espacios verdaderamente públicos que, además, han dejado de constituir entornos dedicados al diálogo, el intercambio de ideas y la cohesión social. Hemos visto cómo las personas mayores se ven forzadas a abandonar sus espacios (interiores o exteriores), pero el hecho es que pocas áreas al aire libre permanecen disponibles, no ya solo para protestar o reivindicar, sino simplemente para expresarse colectivamente en el sentido más amplio. A grandes rasgos, han pasado a ser meros puntos de conexión entre dos lugares, un lugar de espera o para el consumo de tabaco. Las manifestaciones tokiotas son mucho más descafeinadas que las que tienen lugar en otras grandes capitales desde que sus activistas más jóvenes fueran aplastados por el gobierno antes del estallido de la burbuja [9]; solo en contadas ocasiones la ciudad es testigo de manifestaciones a relativa gran escala en sus calles.

Un ejemplo notable lo constituyen las llamadas guerrillas populares que aparecieron casi espontáneamente en 1969 y que ocupaban semanalmente la plaza de la salida oeste de la estación de Shinjuku para llevar a cabo protestas y otro tipo de acciones más performativas. La música daba paso a manifestaciones y movilizaciones que dominaron el área de Shinjuku (Andrews, 2014). Sin embargo, las autoridades reaccionaron rápidamente y prohibieron a la detención y congregación en la zona, redefiniéndola como una pasarela en lugar de una plaza. William Andrews afirma que resulta inimaginable (e imposible) congregar a tanta gente en la plaza como en los años 70.

Igualmente, la comunidad de personas sin hogar fue expulsada a la fuerza y las autoridades locales comenzaron a dominar el espacio público y moldearlo a fin de contener disidentes ideológicos y otro tipo de contingencias que empañaran el desarrollo de la imagen de orden y corrección que Tokio comenzaba a esgrimir. Esta tendencia se expandió con mayores restricciones como las que describíamos al principio del artículo durante los últimos años, donde las Olimpiadas han servido como un importante pretexto para mantener la ciudad «inalterada», tranquila y fluida.

En general, las acciones actuales protagonizadas en su mayoría por adultos y mayores, son a menudo itinerantes: se visitan los aledaños de las estaciones y colocan altavoces con los que transmitir su mensaje apoyado con pancartas gigantes y puntos de información. Actualmente, las manifestaciones suelen organizarse una vez a la semana frente a los grandes almacenes Odakyu (en el área oeste de la estación de Shinjuku), sin ningún tipo de reglas específicas (standing demo). Básicamente, los manifestantes simplemente pronuncian discursos que repiten varias veces a lo largo de, como mucho, un par de horas.

El arquitecto Ota Hiroshi y la profesora de urbanismo Ito Kaori afirman que la idea de espacio en Japón se ha centrado eminentemente en la propiedad privada y se ha colocado el foco en la actividad comercial en tan solo un par de décadas; acabando con prácticamente cualquier espacio dedicado a la reunión o, simplemente, a sentarse con tranquilidad. El derecho al descanso al aire libre se deniega constantemente. Tanto, de hecho, que en muchos de estos espacios abiertos o aceras anchas se han instalado emisores de sonidos de alta frecuencia que provocan malestar en los viandantes, incluso mareos, con el objetivo de evitar aglomeraciones.  

Dadas las circunstancias, la tercera edad enfrenta importantes dificultades para sobrevivir en espacios interiores y exteriores por igual. Aquellos que no cuentan con respaldo familiar suficiente se ven obligados a gestionar sus presupuestos de forma extrema, dando pie a casos como los que hemos descrito brevemente y mediante los que se introducen en dinámicas de desobediencia (crimen, vivir en la calle) o, por otro lado, a intentar mezclarse en la sociedad (trabajo comunitario, empleos a tiempo parcial, etc.[10]) dentro de la precariedad. Lanzarse a las calles de manera ocasional para reivindicar sus derechos es todo lo que muchos pueden permitirse.

Estos mismos ancianos disfrutaron un Tokio muy distinto en su juventud. Una ciudad pionera en cerrar las avenidas principales al tráfico los domingos (Michael, 2019) y en convertirse en un lugar rebosante con cabida para la música, el baile, reivindicaciones, fiestas al aire libre y otros tantos métodos de expresión. Hoy en día, los cortes de tráfico se establecen en un número limitado de avenidas y con el único bjetivo de fomentar el consumo en grandes cadenas comerciales. El parque de Yoyogi es posiblemente el último reducto representativo de esta libertad. Resulta casi obvio que haga las veces de «patio de recreo» para muchos ancianos, que van allí para matar el tiempo o, en el peor de los casos, a vivir allí.

En definitiva

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© James Suarez

Los miembros más vulnerables (o aquellos apunto de serlo) conforman un precariado con rasgos específicos a la tercera edad. Unos resisten por medio de la protesta y la participación activa en el desarrollo de sus comunidades para escapar de la soledad de sus hogares y lidiar con su escasez económica. Otros, sin embargo, se ven obligados a cometer pequeños crímenes que les permiten ahorrar dinero desde prisión. Cuando este no es el caso, se resignan a vivir en las calles mientras resisten día a día para sobrepasar las dificultades propias de una cotidianidad tan dura.

Los autores mentados en este artículo nos sugieren que todavía está por ver cómo estos procesos organizativos se sistematizan con mayor intensidad, pero el hecho de que muchos de ellos continúan formando parte del tejido laboral después de su edad de jubilación es un escollo en el camino. Asimismo, las políticas clientelistas juegan un papel de importancia a la hora de frenar el tratamiento de los intereses específicos de su generación dentro de los procesos políticos reglados (2009, 871). Indiscutiblemente un, y aun con todo, la relevancia de su activismo en los espacios públicos de participación política además de en el mercado privado resulta innegable (868).

Han sido clave las labores de voluntariado que ayudan a generar bienestar social como el apoyo a la educación escolar para la actuación durante desastres naturales, el desarrollo de distintos proyectos de reciclaje, etc., que favorecen que los ciudadanos mayores sean entendidos como piezas fundamentales de cara a la tranquilidad y buena praxis de toda una comunidad urbana[11]. De hecho, la participación y el interés de los ancianos (así como de los jóvenes) en las ONG y las organizaciones sin ánimo de lucro también está creciendo de manera constante. Las diferentes asociaciones de Dankai se esfuerzan por incluir a sus propios candidatos en las asambleas locales, contando además con el beneplácito de las autoridades locales ante este tipo de activismo cívico.

La tercera edad se encuentra sumergida en una lucha glocalizada, con unos problemas que no son individuales, si bien a menudo se abordan desde la localidad motivados por la necesidad de un sentimiento de pertenencia y unas metas claras. Son apartadas a un lado y abandonadas en términos institucionales dados los escasos esfuerzos gubernamentales por paliar la situación, por lo que buscan mantener un sentimiento de productividad dentro de su sociedad, ya sea trabajando, mediante el voluntariado o luchando activamente en las calles.

Han demostrado un deseo creciente por tomar parte en actividades voluntarias organizadas crear de grupos de apoyo político con los que desarrollar un estilo de vida participativo dentro de la gobernanza local. La intensificación de su actividad puede resultar clave a la hora de modificar significativamente las relaciones entre el estado y los ancianos, los jóvenes y los ancianos, y entre los contribuyentes y los pensionistas. Y, en ello, entre los ancianos y cómo el espacio puede ser un vehículo para la resistencia y la resiliencia.

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REFERENCIAS

Andrews, W. (October 2nd, 2014). Throw Out Your Books. 1969 Shinjuku Nishiguchi Chika Hiroba: Shinjuku Station West Exit Underground Plaza and the Anti-War “Folk Guerrillas”. Obtenido de: https://throwoutyourbooks.wordpress.com/2014/10/02/1969-shinjuku-nishiguchi-hiroba-shinjuku-station-west-exit-plaza-folk-guerrillas/.

BBC. (January 31st, 2019). Why some Japanese pensioners want to go to jail. BBC.

Choo, K. (2012). Nationalizing ‘Cool’: Japan’s global promotion of the content industry. Popular culture and the state in East and Southeast Asia, 83-103. 

Claire N., Angela S. (2015). Twenty-first Century Feminism: Forming and Performing Femininity. AIAA.

Endo, H. (February 2nd, 2020). Tokyo group’s night survey finds nearly 2.8 times more homeless than gov’t day figures. The Mainichi.

Harris, A. (2007). Next Wave Cultures: Feminism, Subcultures, Activism. Routledge.

Institute for Health Metrics and Evaluation. Health Data.

Kageyama, Y. (January 26th, 2020). In the shadow of the games: Tokyo’s homeless fear removal ahead of Olympics. The Japan Times.

Kotani, S. (2012). Why are Japanese youth today so passive? In: G. M., & B. W., Japan’s changing generations: are young people creating a new society? (31-46). Routledge.

Michael, C. (June 12th, 2019). Can ‘guerrilla picnics’ end Tokyo’s 50-year war on public space? The Guardian. Retrieved from:

Miyazawa, K. (1990, December). Crime and Victimisation of the Elderly in Japan’. In: International Trends in Crime: East Meets West, Proceedings of a Conference held (pp. 107-11).

McKirdy, A. (March 2nd, 2019). ‘No one wants to be homeless’: A glimpse at life on the streets of Tokyo. The Japan Times. Retrieved from:

Ministry of Health, Labour and Welfare. (2017). Hōmuresu no jittai ni kansuru zenkoku chōsa no chōsa kekka (National Survey on the Actual Situation of Homless People).

NHK (April 2nd, 2019). Tōkyō “hōmuresu” (1) Tōkyō 2020 no kage de akiraka ni naru jittai (Tokyo “homeless (1) The situation behind the shadow of Tokyo 2020). NHK Heart-net.

Takanami, K. (2010). Rising Income Inequality and Poverty in Japan. PhD thesis, San Diego State University.

Sugimoto, Y. (2014). An introduction to Japanese society. Cambridge University Press.

Sugiyama, S. (June 23rd, 2019). Report on Japan pension shortfall spurs anxiety — and a closer look at the system. The Japan Times.

Statistics Bureau of Japan (2019). Statistical Handbook of Japan 2019.

The Japan Times (September 15th, 2019). Elderly citizens accounted for record 28.4% of Japan’s population in 2018, data show. The Japan Times.

Yasuo, T. (2009). “Aging and Political Participation in Japan: The Dankai Generation in a Political Swing.” Asian Survey, vol. 49, no. 5, 2009, pp. 852–872. 

Yasuo T. (2007) “The Rise of Voluntary Associations: Exclusive Chien-Ketsuen to Inclusive Voluntarism”. In: Reinventing Japan. Palgrave Macmillan, New York.      


[1] No solo esto, sino que además participan como guías turísticos voluntarios, en las oficinas de los ayuntamientos y como profesores de japonés para extranjeros.

[2] El mayor empleador de personas mayores lo conforman los sectores de ventas al por mayor con 1,27 millones de trabajadores mayores de 65 años, seguidos de la agricultura y silvicultura con 1,07 millones (The Japan Times, 2019).

[3] Hay un razonable número de grupos que son o han sido políticamente activos como fue el caso de SEALDs, así como ciberactivismo fácilmente localizable en las RRSS.

[4] Como sucedió en los incidentes de Narita de 1996, donde estudiantes de izquierda radical se agruparon con los agricultores para protagonizar protestas violentas.

[5] Un buen ejemplo es esta campaña que llamaba a la participación electoral de la juventud: www.youtube.com/watch?v=GLbc9in9zeY&feature=emb_title

[6] Ejemplos de movilizaciones que mostraban malestar ante las Abenomics o la política nuclear del país: https://www.youtube.com/watch?v=xlvfkRZUfiE; https://www.youtube.com/watch?v=D7iZ2yTrasQ o https://www.youtube.com/watch?v=Uexgce-WaaA   

[7] Para ampliar sobre este tema, ver: Shimbori, M. (1964). Zengakuren: a Japanese case study of a student political movement. Sociology of Education, 229-253.

[8] Co-fundados de la ONL Moyai y activista por los derechos de las personas sin hogar.

[9] Esta diferencia en las estadísticas parece tener que ver con la existencia de diferentes métodos de conteo. En los del gobierno metropolitano solamente realizan conteos diurnos.

[10] Mayor causa de muerte entre personas entre 20 y 30 años de edad (Institute for Health Metrics and Evaluation).