No es «kawaii» todo lo que brilla: sexismo en nombre de lo «cute»

¬ Pokepasmón

A estas alturas de la película, dudo mucho que la idea de que el capitalismo y las instituciones pueden apoderarse y mercantilizar hasta la corriente cultural más opuesta a sus intereses sea algo que únicamente afirmen desde posiciones de izquierdas. De hecho, lo que probablemente pueda definir en buena parte el posicionamiento en el espectro político de un individuo, es precisamente la justificación o la oposición a este hecho, pero no su cuestionamiento como una realidad. El comunismo, el feminismo radical, el anarquismo, el ecologismo… todo puede ser banalizado y convertido en una mercancía más preparada para ser vendida a aquellos que, o bien no comparten estas causas, o no las han entendido, o las han entendido más bien regular.

Este spot de Nike es un ejemplo claro de mercantilización del feminismo

Incluir la idea de kawaii entre las corrientes contraculturales que han sido ferozmente mercantilizadas no sería un error, aunque sí lo sería equipararlo a nivel político y teórico a las mencionadas en el párrafo anterior. Hablar de lo kawaii como contracultural puede sonar extraño, quizá incluso contradictorio: hoy lo kawaii es más mainstream que nunca. Pero no siempre fue así. El término kawaii evoca, entre otras cuestiones, inmadurez, inocencia e infantilismo. Autoras como Sharon Kinsella (1995) mencionan la relación de lo kawaii (a nivel ideológico y estético), y los posicionamientos de movimientos contraculturales a finales de los 60 llevados a cabo por universitarios japoneses, que buscaban expresar su rechazo a determinados valores e ideas ligadas con el mundo adulto, la universidad y las empresas. Lo kawaii es, entre otras cosas, una alegoría de lo infantil, de la libertad, de la pureza, de la inocencia. Pero también de lo vulnerable, de lo débil y de lo dependiente.

Por una cuestión de extensión, voy a dar por hecho que el lector está más o menos familiarizado con este término, con permiso de aquellos que puedan no conocerlo. A modo de introducción visual: Pikachu, un accesorio de Hello Kitty para el móvil, una tarta de fresa con forma de corazón, la letra de niño pequeño, un gatito jugando, un bebé, un niño ilusionado ante la visita de Papá Noel, un pijama de Totoro, la chirriante voz aguda de una maid en Akihabara, la personalidad de Mikuru en la serie Suzumiya Haruhi… todo esto es kawaii. En palabras de la propia Kinsella, el término hace alusión lo dulce, adorable, inocente, puro, simple, auténtico, vulnerable, débil e inexperto.

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Mikuru Asahina, personaje de la serie de novelas, manga y anime titulada Suzumiya Haruhi no Yūutsu

No doy más rodeos. En este artículo quiero simplemente poner algunos ejemplos de la mercantilización y uso propagandístico y político del concepto kawaii, así como señalar la relación que mantiene con la construcción en determinados ámbitos de un modelo de mujer japonesa absolutamente sexista que estimula el deseo y la fantasía masculina. No hay una gran reflexión detrás, pero creo que los ejemplos hablan por sí solos y permitirán que el lector llegue a sus propias conclusiones.

En el ámbito de la política y relaciones internacionales se denomina soft power (o poder blando) a la capacidad que un Estado tiene de mejorar su imagen y alcanzar objetivos a través del uso de medios de carácter cultural o ideológico, generando influencia y ganando atractivo sobre otros países. Lo kawaii, cuya vinculación a lo contracultural acabo de mencionar, es precisamente una herramienta de soft power. El primer ministro Shinzo Abe disfrazado de Super Mario, en un vídeo de promoción de los JJOO de Tokio, en el que aparecen Doraemon y el propio Mario, no es una simple gracieta. Es una estrategia de soft power totalmente estudiada. ¿Hello Kitty, uno de los emblemas de la estética kawaii, nombrada embajadora? Soft power. ¿Esta gata y Pikachu “embajadores» de Osaka? Soft Power. ¿Varios Pokémon “patrocinando” a la selección japonesa durante el Mundial de fútbol de 2014? Soft power del bueno.

Incluso, sin necesidad de acudir al ámbito internacional, existen numerosos ejemplos en los que no voy a profundizar, que constituyen lo kawaii como una herramienta de publicidad, propaganda, marketing o de construcción de identidad. Guillermo Torres trata estas cuestiones con más profundidad, y si estáis interesados en lo mencionado hasta el momento, os recomiendo su artículo La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo.

Pokemon
Imagen promocional de apoyo a la selección japonesa masculina de fútbol para el Mundial de Río de Janeiro de 2014

Allá por 2009, el Gobierno japonés presentó a las tres “Embajadoras Kawaii”. Tres jóvenes escogidas y dirigidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores para cumplir la función de “Comunicadoras de Tendencias de la Cultura Popular Japonesa”, también conocida como la función de “caerle guay a los gaijin y tal”. Entre ellas, la representante de la más que manida imagen de la típica estudiante de secundaria, otra de estilo lolita, y una tercera que fácilmente podríamos imaginar paseando en Harajuku. Las tres expuestas como representantes del estilo (o los estilos) kawaii. Interpretando sus papeles, asumiendo y mostrando personalidades artificiales, con el objetivo de resultar atractivas, y, de paso, perpetuando la idea de una mujer infantil, dócil y altamente valorada en base a cuestiones estéticas (¿alguien ha dicho idols?). Por supuesto, estas tres chicas estaban dirigidas por un equipo de hombres. Dejo a continuación un par de extractos de un artículo de Laura Miller (2011) al respecto:

Uno puede sospechar que el equipo del MOFA (Ministerio de Asuntos Exteriores) no vio la similitud con la explotación global y tráfico de chicas jóvenes cuando crearon a las Embajadoras Kawaii.

Estas encantadoras celebridades cumplen con las normas de género convencionales y refuerzan una juventud femenina (mi mala traducción de girlhood) poco amenazadora.

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Las tres «Embajadoras Kawaii», de izquierda a derecha: Fujioka Shizuka, Kimura Yui y Aoki Misako

Akihabara es también un ejemplo de cómo, en este caso desde el sector privado, la purpurina de lo kawaii cubre sectores verdaderamente turbios dentro de la industria del entretenimiento y del sexo. No son pocas las tiendas que, bajo una colorida y llamativa iluminación y carteles en los que se pueden leer términos como “MANGA – ANIME – GAME”, ocultan plantas enteras de pornografía. Es sencillo establecer una relación entre el concepto kawaii y los personajes femeninos que protagonizan en buena parte estas ficciones, ya sea pornografía real o hentai: chicas que al no poder oponer resistencia, son violadas; estudiantes de secundaria con sus uniformes de instituto o amas de casa que, en un ejercicio absoluto de perpetuación de estereotipos tradicionales de roles género, necesitan buscar una aventura ante la falta de atención de su marido. Uno puede pensar que, a fin de cuentas, estas temáticas donde la mujer es proyectada como débil, indefensa, sumisa, infantilizada y ligada al ámbito doméstico están presentes también en la pornografía occidental, en mayor o menor medida: y es innegable.

¿Pero qué ocurre cuando traspasamos la barrera de la simulación de lo infantil y directamente los objetos de deseo resultan ser niñas? Estas tiendas están plagadas de material protagonizado por menores de edad. No hablamos de pornografía en este caso, pero sí de vídeos para adultos donde menores de edad posan de una manera aparentemente inocente, sin llegar a mostrarse desnudas. Al igual que ocurre en el mundo de las idol, menores de edad y todo lo que su infancia o adolescencia representa constituye un valioso material para la fantasía de determinados grupos de hombres. No es este un mercado negro, sino una industria teóricamente, al menos en su nivel más superficial, legal y regulada. La inocencia, la niñez, la dulzura, la debilidad o la actitud inofensiva como características que levantan el deseo sexual: podemos llamarle el erotismo de lo kawaii, si queremos evitar entrar en posicionamientos críticos, y darle un poco de purpurina a la propia purpurina para no llamar a las cosas por su nombre. Blanqueando la herramienta de blanqueo.

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Extracto publicitario de una película para adultos. La protagonista, una joven en un uniforme de secundaria

No nos vayamos de Akihabara. No quiero dedicar tiempo a hablar de hentai y de la representación de la mujer en este género. Creo que cualquier persona con afición por el manga y el anime, independientemente de que sea consumidor o no de hentai, puede conocer aunque sea de manera superficial o hacerse a la idea del papel atribuido a la mujer en este género y las barbaridades que se pueden encontrar. ¿Qué hay de las maid? Jóvenes sonrientes y dulces, disfrazadas de sirvientas que trabajan como camareras y son el principal reclamo de los locales en los que trabajan: los maid cafe. Se comenta por sí solo. Podríamos hablar también de los juegos bishoujo, de las idol (una vez más), o de la cantidad ingente de figuras de merchandising de personajes teóricamente menores de edad absolutamente sexualizados. Sobre la idols sin duda seguiré hablando otro día, ya que es en este ámbito en el que estoy investigando, pero os recomiendo echar un vistazo a las fotos de este tuit. Sí, esas niñas son idols, y los adultos que las acompañan, sus seguidores.

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Niñas idols posando para las fotos de sus seguidores

Voy a coger de nuevo la purpurina para hablar del moe, o el desarrollo de sentimientos por personajes de ficción (o idols), generalmente en los consumidores otaku. Recientemente leía un libro en el que Patrick W. Galbraith, investigador en el ámbito de la cultura pop japonesa (absolutamente recomendable), realiza una serie de entrevistas a otakus, artistas, cosplayers y demás personas dentro del ámbito del manga y anime, en relación a este concepto. Algunos de los casos que menciono en el párrafo anterior son buenos ejemplos de campos y productos de consumo en los que aparecen personajes por los que se genera este sentimiento de moe (excluyo el caso de las niñas idols, porque apenas tengo información sobre ello ni he tenido contacto con ningún seguidor). Sea como sea, uno tiene la sensación de que determinadas personas o colectivos se sienten atacados porque entienden que la sociedad no les permite amar a un ser de ficción. Desde mi punto de vista, el debate no es, o no debería ser ese. No quiero extenderme demasiado, porque ya hablo de este asunto en otro artículo, pero, el centro de la polémica no necesariamente tiene que ver con el acto de amar. El problema está en las características del objeto que es amado y la relación que establece con el consumidor. ¿Qué tipo de personajes son aquellos denominados moe? Suelen ser personajes femeninos categorizados también como kawaii: infantilizadas, de cara aniñada pero también en ocasiones con características físicas de mujer adulta (por ejemplo, los pechos), con una personalidad adorable, inocente, infantil, bondadosa, receptiva, vulnerable, etc. El objeto de deseo (personaje de manga, videojuego, una idol…) no es simplemente una ficción: es una representación de un modelo de feminidad conservador, sexista y que pone a la mujer (o niña) como un mero objeto a disposición de la fantasía del hombre. Una mujer o niña que, a diferencia de las de carne y hueso, no va a llevar la contraria, no va rechistar, no va a enfadarse, porque no es real y no ha sido creada para serlo. Una mujer o niña de lo más kawaii, a entera disposición del consumidor.

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Portada del libro The Moé Manifesto, de Patrick W. Galbraith

Si el punto del debate no es este, por supuesto que es fácil caer en la demagogia y proclamarse adalid de la tolerancia en nombre de una supuesta libertad amorosa y sexual, pero quizá sea hora ya de que más de uno se quite la careta y acepte la realidad: no es solo una cuestión de realidad/ficción, sino de relaciones de género.

Dicho esto, y dejando clara mi posición, no pretendo que este artículo se convierta en un alegato conceptual o ideológico contra lo kawaii como tal, sino una crítica al uso institucional y empresarial de aspectos de ese Cool Japan que reducen a la mujer a un mero instrumento para satisfacer deseos y fantasías masculinas y que esconden detrás de la purpurina kawaii un sexismo feroz, además de, en relación al moe, una llamada a la alerta ante esos demagógicos discursos de la libertad amorosa y sexual que se pueden escuchar de quien defiende las relaciones amorosas con seres de ficción. Si limpiamos la purpurina de lo kawaii y de lo alternativo en ejemplos como los expuestos en este artículo, encontraremos todo lo contrario. Un rancio conservadurismo que es capaz de reinventar su apariencia y sus herramientas pero que, a pesar de las tácticas de blanqueo que pretenden ocultarlo, mantiene el mismo deseo y fantasía de siempre: la subordinación de la mujer.

Algunas fuentes de interés:

Galbraith, P. W. (2014) The Moé Manifesto. Clarendon: Tuttle Publishing

Kinsella, S. (1999). Adult Manga: Prop-establishment Pop-Culture and New Politics in the 1990s. Media, Culture and Society 1999, Vol. 21

Kinsella, S. (1995). Cuties in Japan. Capítulo en Morean, B., Scov, L. (eds.) (1995) Women, media, and consumption in Japan. Curzon & Hawaii University Press, 1995

Miller, L. (2011). Cute Masquerade and the Pimping of Japan. International Journal of Japanese Sociology, vol. 20

Torres, G. (2017). La importancia de las mascotas en el Japón contemporáneo. Ecos de Asia. URL

Imagen de portada © Makoto Aida

Esculpiendo porno en madera. Entrevistamos al artista okinawense Taisei Otsuka

El pasado octubre de este año tuvimos la oportunidad de conocer y entrevistar a Taisei Otsuka en la galería Souvenir de la ciudad de Barcelona en una exposición paralela al marco de la feria de arte contemporáneo SWAB Barcelona 2018. Taisei nos llamó la atención por ser un escultor okinawense que esculpe en madera momentos y objetos de su vida cotidiana en la ciudad de Naha. Transmuta en madera desde revistas porno, hasta miembros de su familia, pasando por todo tipo de objetos y elementos que le inspiran en su día a día como artista en el archipiélago okinawense. Nuestro artista también expuso en el SWAB en un stand colectivo con sus compañeros Daichi Sato, Paula Fujiwara, Masaya Hiraoka y Cliff Miyagi de los estudios Arcade y One’s Room de Okinawa.

Os dejamos con una interesante entrevista donde este artista formado en la Universidad de Arte Prefectural de Okinawa y que ha llegado a exponer en el Museo Metropolitano de Arte de Tokyo, nos habla de su obra y reflexiona sobre el concepto de la desnudez en Japón.

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¿Qué hace que un artista okinawense quiera mostrar su arte más allá de Japón?

TAISEI: Todavía no puedo decir que como artista me sienta satisfecho pero, tras haber visitado España y otros lugares en Europa estos últimos meses, he regresado a Okinawa con fuerzas renovadas y con ganas de ponerme manos a la obra con nuevas creaciones para poder darme a conocer un poco más.

Aunque esto está cambiando, antes sólo podía hablarse de que el arte importante y que era líder en el mundo se hacía en Europa y Estados Unidos. Siempre andaba dándole vueltas a la cabeza y preguntándome por qué esto era así pero, últimamente he dejado de hacerlo. De repente me interesa y me preocupa más lo que tienen que decir Okinawa y Japón. Realmente quiero descubrir dónde reside el verdadero interés y la personalidad del arte que se hace aquí, en mi tierra natal.

Si “rebobinamos” o invertimos el proceso de fabricación de un trozo de papel, o en tu caso una revista porno o un comic manga, obtenemos un trozo de madera de lo que originalmente podría haber sido un roble o un arce. Esto lo despojaría de su contenido gráfico e intelectual. Sin embargo tú empleas la pintura como si quisieras recuperarlo mientras se mantiene la pureza de la madera original.

¿Cómo surge la idea para tus piezas PORNO (PINK) y PORNO (BLUE)?

TAISEI: Estas dos obras que mencionáis, PORNO (PINK) y PORNO (BLUE), están basadas en toda esa cultura de las revistas porno que existe y, a pesar de internet, perdura en Japón. El porno puede ser algo muy banal pero también de alguna forma es un producto cultural que n nos habla de temas como el género, la sexualidad o el deseo y la lujuria. Lo que he sentido haciendo PORNO (PINK) y PORNO (BLUE) es que estaba evidenciando y transformando en algo muy tangible y evidente asuntos como la sexualidad de los japoneses de hoy en día. Este ha sido mi objetivo e intención principal con ambas obras: materializar algo muy habitual de nuestra sociedad pero que esta se empeña en apartar de lo cotidiano, como se hace con muchos tabúes.

Tiene mucho sentido y es muy interesante la reflexión y analogía que hacéis, ya que al fin y al cabo el papel procede de los árboles y yo esculpo revistas cuyas páginas están talladas directamente en madera, material cuyo origen es el mismo. Siempre me ha gustado emplear la madera en mis esculturas, ya sea para tallar figuras humanas o para hacer estas revistas. Me encanta tallar en madera en parte por la afinidad que siento que tengo hacia las esculturas tribales y folclóricas.

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PORNO PINK, 2018. Las esculturas de madera de Taisei Otsuka se confunden a la vista con los objetos reales a los que estas representan.
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PORNO BLUE, 2018

Sin embargo, realizas esculturas en madera de mucha variedad de objetos. ¿Qué tipo de objetos pueden transformarse en madera dentro del universo Taisei y cuáles no? ¿Estos objetos son simplemente objetos o más bien los sentimientos y las emociones que despiertan en nosotros al verlos convertidos en madera?

TAISEI: Hay muchas cosas que me hacen decantarme por unos temas u otros para elegir el motivo principal de mis esculturas. Una de ellas es el estudio de lo efímero. Lo efímero puede ser pura y literalmente basura que se corrompe, y otras veces lo efímero es un momento irrepetible de la vida. Me siento inevitablemente atraído por este tipo de cosas y creo que tienen cierto valor que las hace importantes. En mi caso, intento transmitir esta sensibilidad e interés por lo efímero utilizando la escultura como medio.

Uno de tus proyectos buscaba retratar a familias reales desnudas y transformarlas en esculturas de madera. No hemos podido evitar acordarnos del recientemente fallecido fotógrafo chino Ren Han, quien también procuró romper esta frontera del pudor y la vergüenza familiar pidiéndole a su madre que posara desnuda para él.

La familia es un grupo de personas que pertenecen a generaciones muy distintas y que posee lazos muy fuertes entre sus integrantes. ¿Cómo se les consigue animar a dejar de lado durante un rato estos tabúes sociosexuales?

TAISEI: Eso siempre va a depender de la naturaleza de la persona. Está claro que cada persona es un mundo y no queda otra que aceptarlo. Por ejemplo, nosotros somos capaces de detenernos ante una obra de arte y formularnos preguntas sobre su realización o el significado de su mensaje. Tenemos ese aspecto en común y podemos comunicarnos en base a eso. Esta empatía que basa en la comunicación y la opinión libre de cada uno es la clave para conseguir la confianza mutua necesaria para realizar este tipo de trabajos.

En Japón podemos encontrar festivales como el Hadaka Matsuri (Festival Desnudo), donde los hombres participan tan solo vistiendo un pequeño taparrabos llamado fundoshi. Los luchadores de sumo ocultan sus genitales con un cinto denominado mawashi, pero pelean prácticamente desnudos. Además, existen festivales que celebran los genitales masculinos donde se pasean representaciones de figuras fálicas por las calles, como es el caso del Kanamara Matsuri.

Como artista japonés, ¿crees que esta concepción de la desnudez en Japón es una ventaja?¿Son los okinawenses más abiertos de miras que el resto de Japón?

TAISEI: Una vez más una pregunta muy interesante. El sumo y muchos otros matsuris japoneses parece que, a pesar de su carácter tradicional, presentan una mentalidad más abierta que la de la sociedad y el país en el que se enmarcan. Aunque me temo mucho que en el fondo simplemente se trata de formalismos que se han mantenido y no una forma de reivindicar el cuerpo humano. En el Japón de ahora, festivales como el Fundoshi/Hadaka Matsuri o el Kanamara Matsuri no son representativos de la desnudez, más bien algo extraordinario, una oportunidad de divertirse rompiendo con lo cotidiano. Es más una libertad como la de un baile de máscaras venecianas, un tiempo pactado durante el que puedes permitirte hacer ciertas cosas que el resto de días la sociedad no aceptaría.

Al fin y al cabo, y en mi opinión, el mawashi de los luchadores de sumo no representa más que su uniforme de trabajo y tampoco es mucho más nudista que un bañador de natación.

Tampoco creo que nuestros antepasados japoneses del periodo Edo, momento en el que surgieron estos matsuris, tampoco creo que fueran más abiertos de mente que nosotros. Por ejemplo, el extensísimo mundo porno de la estampa erótica clásica japonesa o shunga, cumplia la función de evitar las relaciones extramaritales, permitiendo que sus consumidores pudieran desahogarse. Se dice que incluso las esposas de la época las compraban para sus maridos, aunque puede ser que las compraran para ellas mismas también. En cualquier caso creo que este también es un poco el cometido del manga japonés actual y que sin duda supera a la propia sociedad japonesa y al resto del mundo en cuanto a apertura a temáticas sexuales de todo tipo y naturaleza.

Es difícil en estos temas encontrar diferencias verdaderamente sustanciales entre los habitantes de las islas de Okinawa y los de Honshu o el resto de Japón. Japón contiene en su interior una gran multitud de realidades muy distintas entre sí: por un lado grandes ciudades y por el otro zonas rurales donde todos los cambios se producen muy despacio. Tokyo mismo es como un crisol de culturas y con Okinawa pasa igual.

Si resulta que Japón es de color azul, Okinawa sería un tono azul diferente pero sin llegar a ser verde ni morado. Pero en realidad no sé si la gente en Okinawa es más abierta, aunque en mi opinión sí que creo que abunda la amabilidad y la cercanía más que en otras zonas de Japón y esto es algo que a mí mismo me sorprende.

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Suzuki Harunobu, 1770

La última semana de septiembre habéis viajado hasta Barcelona para exponer algunas piezas en la galería Souvenir en el barrio de Gràcia y también en la feria de arte contemporáneo SWAB en Montjüic. ¿Cómo ha sido la experiencia de exponer aquí?

¿ Puedes contarnos algo de algún proyecto actual o futuro?

TAISEI: ¡Me sorprendió y alegró mucho el calor e interés que el público español tuvo en mis piezas y mi técnica!

Puede decirse que el haber viajado fuera este tiempo ha hecho que me replantease muchos aspectos de mi vida en Okinawa. Como decía al principio ahora quiero centrarme y esforzarme más en desarrollar mi propia obra. Últimamente trabajo mucho los retratos. Soy profesor de pintura para niños de instituto y mis estudiantes están ahora realizando retratos muy interesantes e inspiradores. Me gustaría continuar por este camino para desarrollar también un nuevo proyecto. Aún no tengo ni idea de que se tratará o de cómo voy a hacerlo, pero solo el hecho de pensar en ello me llena y me motiva mucho.

Podéis conocer más sobre TAISEI en su Instagram y su sitio web.

Entrevista realizada por Elena Manrique y José Fernández.

 

Las diseños de la japonesa Napoyan irradian pop, juventud y locura

Napoyan es una ilustradora y diseñadora gráfica japonesa con gusto por lo cantoso. Cree en el poder de los colores intensos e incluso se excita cuando ve colores potentes. Sus trabajos consisten en introducir colores primarios y combinarlos hasta el infinito. Con su ordenador siluetea fotografías para crear manchas de color uniforme y así crear retratos originales dignos de una noche de tabaco, alcohol y marihuana sintética en Harajuku. Sus expresivos amigos son sus inspiración y siempre busca capturar sus expresiones, revelar sus personalidades y plasmarlos en diseños poperos y psicodélicos.

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Recoge y retrata la amistad de los jóvenes de Tokyo y los combina con imaginario budista, actrices porno o skaters para crear una mezcla joven, explosiva y como diría Yasunari Kawabata, muy nansensu. Siente amor por el diseño gráfico y siempre está investigando sobre artistas nuevos. Últimamente se divierte creando extrañas esculturas con temática sexual, que en sus palabras le ayudan a reflexionar sobre su propia sexualidad y la concepción actual de género en Japón. Uno de sus mayores placeres es arrojarse a las calles de Tokyo para buscar pegatinas con buenos diseños y fotografiarlas. “Las calles de las ciudades grandes en Japón son un verdadero museo donde buscar inspiración» nos dice Napoyan.

Nuestra artista está muy influida por el mundo de la moda joven de Japón y por todo este ambiente alternativo tan único de barrios como Amemura en Osaka o Harajuku en Tokyo. En la búsqueda de espacios alternativos, últimamente ha realizado una exhibición de su arte en el centro de estética ASAGAYA 3349, cuyo Instagram es un verdadero manual de esta estética y tendencias de los jóvenes japoneses.

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¡Gracias a napoyan por enseñarnos su arte! Os dejamos una pequeña muestra de sus geniales diseños:

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